Forman parte ya de nuestro día a día. Según la zona o núcleo del municipio en el que vivamos hay uno o varios. Son esos edificios abandonados que quedan perpetuados en nuestro entorno y que sin que los percibamos están ahí deteriorándose a la vez que crean una mala imagen tanto para residentes como para visitantes.
Se encuentran en espacios diversos: en la entrada de Capdepera, en el pleno centro de Cala Rajada o Canyamel.
Estos ‘mamotretos’ que un día fueron un proyecto, quedaron muertos en el tiempo sin que nadie, de momento, les haya encontrado una salida digna.
Empecemos por Capdepera. En la entrada del pueblo en la calle Dones de la llata. Se trata del ‘book’ de un edificio que se inició para construir viviendas pero que finalmente por quiebra de la promotora que realizaba el proyecto éste no pudo llegar a buen puerto.
“Fue el primer fiasco de la construcción que hubo en nuestro municipio”, nos cuentan. “Estaba previsto que fuera un edificio de viviendas pero no ha habido manera de que la obra se acabara”, añaden.
A día de hoy, el bloque, la estructura, los cimientos y el solar donde está ubicado, que posiblemente sea lo que tiene más valor, están en venta. Pero nadie se aventura a realizar una inversión para hacer con él.

“El hecho de estar junto a viviendas de protección oficial ha bajado mucho su valor”, dicen.
Esta es la imagen con la que cualquier persona que llega a nuestro pueblo y entra por la carretera de Son Servera se encuentra.
Aquí las administraciones públicas poco pueden hacer.
Consultando y charlando del tema con varios promotores, extraemos una reflexión que podría suponer una solución para posibles casos futuros: “no se debería dejar iniciar ningún proyecto de construcción si no hay previamente un aval o garantía económica mínima por parte del promotor para poder desarrollar la obra”.
De esta forma se conseguiría evitar estampas como ésta, que unida a todas las demás que hay en nuestro municipio empañan de manera totalmente innecesaria la imagen de los diferentes núcleos.
Otros casos de edificios abandonados los encontramos en Cala Rajada. Uno de ellos es el ubicado en Vía Mallorca. Se trata del solar junto a la parada del TIB, propiedad de Aumasa. Lleva años también abandonado. Todavía se puede ver como en su interior está la zona embaldosada en blanco que acogía a los vehículos. Evoca a simple vista lo que fue años a. Pero a día de hoy, ya no es más que un conglomerado de hormigón en una de las calles de más concurrencia de Cala Rajada (ya que está considerada como la vía principal de regreso del tráfico a Capdepera).

En Cala Rajada, encontramos también otro bloque a medio construir. En este caso es el del proyecto de hotel de la cadena Sant Michel, que debido a una serie de errores constructivos (por invasión de zona pública, que obligada a realizar unas modificaciones que pasaban por tirar abajo el proyecto y reconstruir de nuevo), éste quedó parado de manera definitiva, viendo pasar los años sin que realizara ninguna actuación en él.
El edificio da a las calles de l’Agulla, Méndez Núñez, Dones de la Mar y Juan Sebastián Elcano. Un bloque totalmente cerrado para que no acceda nadie.
Por lo visto, con los problemas que se produjeron en su día, la propiedad de la cadena Sant Michel ha preferido detener el proyecto de construcción y no llevarlo a cabo.
¿Qué futuro le depara a este edificio? Quién sabe: igual se queda así por los tiempos de los tiempos, como que por el contrario se le encuentre una solución a corto plazo.
Nos desplazamos ahora hasta Canyamel. Allí encontramos una historia similar. En este caso se trata del proyecto de construcción de un hotel de cinco estrellas por parte de CO.NET Group en segunda línea.
Aquí las obras llevan detenidas desde hace varios años. El proyecto arrancó a toda máquina. La constructora Miquel Riera era la responsable de realizar las obras. Cuando la estructura ya estaba totalmente desarrollada, vino el parón.
La promotora detuvo la construcción y así ha quedado desde entonces. Tal y como se puede ver en las imágenes, se ve perfectamente la distribución del edificio, las dimensiones de los espacios exteriores y de las piscinas. Pero ahí quedó la cosa.

¿Qué ocurrirá con éste y otros edificios como este que hay en nuestro municipio?
Nadie lo sabe. De hecho, parece ser que todo queda a expensas de que la propiedad reprenda el proyecto y lo finalice o por el contrario llegue a un acuerdo con un tercero para vender el espacio para que sea éste último quien lo lleve a cabo.
Mientras tanto, no nos queda más que esperar a que un día, cuando menos nos lo esperemos, se dé solución a este problema estético y estructural que sufren determinadas zonas de nuestro municipio.
