Dos patrullas, horarios definidos, Cala Agulla como objetivo y una pregunta en el pleno que no cayó en saco roto
Hay decisiones que parecen técnicas, pero en realidad son una buena radiografía del momento político y operativo que vive un municipio. Es el caso de la unidad de playas de la Policía Local de Capdepera, que vuelve este verano a patrullar los arenales tras un 2024 en el que brilló por su ausencia, o inexistencia.
El porqué del regreso es sencillo: hay efectivos para formarla. El año pasado, según se explicó en el último pleno, solo un agente se presentó a la convocatoria interna, lo que hacía inviable poner en marcha la unidad. Pero este 2024 la cosa ha cambiado: tres agentes se han apuntado y se baraja incluso un cuarto, lo que permite organizar dos parejas que patrullarán, desde el pasado 1 de mayo al 31 de octubre, los tramos de playa entre las 9:00 y las 18:30 o 19:00 horas.
La prioridad: Cala Agulla, que no es solo la más frecuentada por locales y turistas, sino también la más problemática. Botellas de vidrio, alcohol, accesos no regulados, comportamientos incívicos… No es una película, pero a veces lo parece. Por eso la presencia policial será diaria y con el foco bien puesto. Otras playas también recibirán visitas, pero en función de lo que vaya ocurriendo a lo largo del verano.
Ahora bien, lo técnico no quita lo político. Y si en un pleno hay espacio para preguntar, alguien lo va a hacer. Fue la regidora socialista Isabel Rodríguez quien lanzó una cuestión directa: “¿Recuperar ahora la unidad no demuestra que fue un error no activarla el año pasado?”. La referencia al entonces jefe de policía Sebastià Morey no era inocente, ni la pregunta tampoco.
Pero el regidor de Policía no mordió el anzuelo. Sin levantar el tono, respondió: “Nos adaptamos a los recursos y necesidades. El año pasado no los teníamos, y el jefe de Policía no lo pudo llevar a cabo. Este año sí, y por eso se recupera”. Fin de la cita. ¿Respuesta solvente? ¿Evitar entrar al trapo? ¿Gesto de elegancia o estrategia de contención? Que cada lector saque sus conclusiones.
Lo cierto es que la playa es uno de los pocos lugares donde conviven el paraíso y el caos. Y Cala Agulla, por muy postal que sea, no se libra. La unidad de playas llega para eso: para ordenar, para prevenir, para disuadir… y si hace falta, para sancionar.
Pero también sirve para algo más: para dejar claro que, cuando hay recursos, se pueden recuperar estructuras que parecían historia. Que cuando hay agentes, hay patrullas. Y que cuando hay preguntas en el pleno, hay que tener las respuestas preparadas.
Ahora falta ver si los nuevos efectivos se mantienen durante toda la temporada, si se nota la presencia en las zonas calientes y si, de paso, alguien aprovecha el regreso de la unidad para colgarse la medalla o señalar a quien no la pudo colgar el año anterior.
Lo que está claro es que este verano, quien baje a la playa con cristal, alcohol o ganas de jaleo, se lo pensará dos veces. Porque a veces el calor no lo da el sol… sino el silbato de un agente en chanclas reglamentarias.
