La sesión plenaria del pasado lunes en el Ajuntament de Capdepera fue, como diría el refrán, de las que no dejaron a nadie indiferente. Una hora y media de pleno que se dividió en dos mitades: la primera, para abordar los puntos previstos en el orden del día; la segunda, para lo que aquí nos gusta: el control político, los ruegos, las preguntas y, sobre todo, los rifirrafes con sabor de fondo precongresual.
Empecemos por el principio. El pleno avanzó sin grandes sobresaltos en su primera parte. Se aprobaron oficialmente las fiestas locales de 2025, que serán el 16 de julio (Virgen del Carmen) y el 24 de agosto (San Bartomeu). Un trámite habitual, pero importante para poner la cruz en el calendario.
En materia educativa, se acordó modificar el contrato de las escoletas para incorporar una figura de apoyo al alumnado con necesidades especiales, una medida que contará con una nueva persona y una partida de 6.490 euros para prestar el sevicio. Y no solo eso: se aprobó también la segunda prórroga del contrato de gestión de la primera infancia, un gesto que, como dijo la alcaldesa Mireia Ferrer, se basa en algo tan sencillo como efectivo: “Estamos contentos”. Votaron a favor PP y Més per Capdepera, y el PSIB se abstuvo.
También se trató la ordenanza de la Escuela de Adultos. No habrá cambios en los precios, pero sí en la forma de organizarlos: ahora se categorizarán por duración (cursos de 40, 60 y 80 horas). Más que una revolución, un ajuste administrativo con vocación de orden.
Pero si hubo un punto que encendió motores y micrófonos, ese fue el de la liquidación del presupuesto de 2024. Ahí el tono subió y las miradas también. La portavoz del PSIB, Isabel Rodríguez, apuntó presuntas irregularidades y el equipo de gobierno respondió sin temblar: no era para tanto, todo está bajo control, se hará un plan económico y financiero para 2025 y 2026 y según argumentaron otros ayuntamientos de Mallorca han tenido que hacer lo mismo, sin problemas.. El cruce de argumentos fue tan potente que los comunicados de prensa han ido y venido estos días, dejando claro que este tema no se cerró con el martillazo final del pleno. Y sí, le vamos a dedicar una pieza específica en esta edición, porque lo merece.
También se aprobó un nuevo paquete de facturas extrajudiciales por valor de 122.000 euros. A favor, el equipo de gobierno; en contra, el PSIB.
¿Hubo diferencias entre socios del gobierno? Pues sí, pero con naturalidad. En dos mociones presentadas por el PSIB —una sobre sostenibilidad turística y otra sobre el derecho a la vivienda—, Més per Capdepera votó a favor junto al Partido Socialista, mientras que el PP no lo hizo. ¿Crisis de gobierno? No. Al contrario: se aceptaron las discrepancias con total normalidad. Como quien comparte cocina pero no el mismo gusto por la sal.
Donde sí hubo tensión, aunque más técnica que política, fue en las preguntas sobre la media maratón. La regidora del PSIB, Claudia Troppa, la vez que recordamos que la hemos visto intervenir más desde que es regidora del PSIB de Capdepera, con voz firme preguntando por el presupuesto y la organización del evento, así como por el uso de recursos como Protección Civil y Policía Local. Y no fue casual: además de regidora, es responsable de un club de atletismo del municipio. Así que sacó el cronómetro y midió al detalle.
Y si hablamos de ritmos, hay que destacar el retorno oficial al frente del pleno de Mireia Ferrer, ya reincorporada tras la baja maternal. Presidió la sesión con firmeza, dejando claro que ostenta la alcaldía… al menos hasta dentro de unos meses, cuando según el pacto de gobierno deberá ceder el testigo a Núria Garcia, de Més per Capdepera, quien ha ejercido como alcaldesa accidental durante el tiempo de ausencia de Ferrer.
Más allá de los puntos formales, el pleno dejó una sensación clara: la oposición ha subido el tono, y no solo en volumen. Cada regidor del PSIB intervino en los temas que domina: Rodríguez, Troppa, Uceda, Nebot… todos marcaron perfil y dejaron claro que el periodo precongresual del partido, donde está en juego quién liderará la agrupación local, ha empezado a notarse. ¿Casualidad o estrategia? Eso lo veremos con el tiempo (por cierto, parece que es cosa de dos).
Lo que sí está claro es que el pleno del lunes no fue uno más. Fue el termómetro de un municipio donde se empieza a notar el calor —político, económico y social—, y donde cada intervención parece tener ya una doble lectura. La oficial… y la que se cuece entre bastidores.
