14 marzo 2026

    Un humilde sabio que no aceptó ser nombrado hijo predilecto de Capdepera

    Paula Valls

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    Han transcurrido muchos años desde que me relacioné con la familia de don Joan Alzina i Melis, de lo que guardo un recuerdo entrañable. Desde Jerusalén le mandé una postal de felicitación en el último de mis cursos de estudio, en 1960-61. El río Jordán, donde San Juan bautizó al Buen Jesús, me pareció un recuerdo oportuno para dar los ¡molts d’anys! a don Juan, a quien yo conocía de verlo por la iglesia de San Bartolomé los veranos, cuando llegaba de vacaciones con su señora, la cual tenía una pose muy distinguida y unos cabellos blanquísimos, siempre muy bien peinados. Al margen de su familia trataba poco con la gente, que la nombraba como “la senyora blanca”. Tanto ella como don Juan frecuentaban mucho la parroquia.

    Don Juan tenía tres hermanas en Capdepera: Antonia, esposa de Miguel Caldentey “Creus”; Maria, la madre de Francesc de Sales Garau, notario de Felanitx y Concepción, soltera. Don Miquel Apotecari, Miguel Melis, era el farmacéutico del pueblo. Su esposa, Leonor y su hija Antonia, que es la última a quien he conocido, todos ellos ya desaparecidos.

    Cuando Don Juan estudiaba medicina en Barcelona, fue merecedor de una beca para especializarse en psiquiatría en Italia, en el Real Colegio Mayor San Clemente de los Españoles, fundado en Bolonia en el siglo XIV por el Cardenal español Gil de Albornoz. Allí conoció a su esposa, Vittoria de Boschi, miembro de la alta nobleza italiana, y se casaron. Tuvieron tres hijos: Juan Maria – que falleció durante la guerra civil en el frente de Teruel –; Valentín, que siguió la carrera diplomática y Javier, que profesó la carrera jurídico-militar del Ejército del Aire, siendo destinado a la provincia española de Guinea Ecuatorial, siendo presidente de la Diputación y Procurador de Cortes en aquel enclave.

    Javier se casó con su esposa Teresa y no tuvieron hijos. Valentín matrimonió con doña Rosario de Aguilar, hija del Embajador  don Teodomiro de Aguilar, y tuvieron cinco hijos: Juan Maria, José Pablo, Teodomiro, Valentín y Alejandro. Puedo confirmar que los vi nacer en el sentido de que, un verano tras otro, regresaban a Capdepera con un nuevo hermano. Eran bien conocidos, en el estío “gabellí” por la plaza de l’Orient, puesto que tenían la casa del abuelo en la calle de Sa Font, nro. 1, un edificio muy alto y espacioso. A diario, se trasladaban a “Es Carregador”  en el taxi del padre de Jaime Riera “Ros”: l’amo en Tomeu “Xoferet”. Allí veraneaban, detrás de la Capillita. María y Concepción, hermanas de don Juan, acogían a su numerosa familia. Entre los pinos y el mar, aquellos niños pasaban con gozo todas sus vacaciones.

    Un verano, cuando ya me faltaba poco para finalizar mis estudios en el Seminario, don Juan vino a mi casa con su hijo Valentín para pedirme que diera clases a su nieto mayor. Juan María, el cual, todavía, era un niño. Aquí empezó una relación nueva que, poco a poco, se hizo más frecuente y más confiada. Entonces, este niño, hablaba tanto en castellano como en italiano. Su padre era, en aquel tiempo, Cónsul de España en Milán, por ello, poco tiempo después, cuando el Obispo me mandó a estudiar a Roma, vinieron con su esposa  Rosario a mi ordenación y misa nueva en Roma, en la fiesta de San José de 1957, efectuada sobre la tumba de San Pedro del Vaticano.  Después, don Valentín, fue Cónsul General en Lyon y continuó su carrera diplomática en Brasil, Haití y en el ministerio de Asuntos Exteriores.

    Al terminar mis estudios en Roma, el Obispo de Mallorca, don Jesús Enciso Viana solicitó para mí una beca al Ministerio de Asuntos Exteriores del que dependía la Casa de Santiago en Jerusalén. Me la concedieron para el siguiente curso  1960-61. Finalmente, don Valentín me consiguió del mismo Ministerio donde él estaba, un suplemento con el que pude seguir unos meses más mis estudios.

    Juan María siguió la carrera diplomática. La última vez que hablé con él, no recuerdo porque motivo, se encontraba en la Embajada Española en Lisboa. Supe que tuvo un cargo también muy importante en el citado Ministerio. También he sabido que José Pablo ha seguido la carrera diplomática, al igual que su padre y su hermano mayor. Que Valentín es médico pediatra de la Clínica Universitaria de Pamplona; que Teodomiro (“Teo”) es economista y Alejandro, con quien hablé por teléfono hace ya un tiempo, es religioso Agustino Recoleto, actualmente en Brasil. 

    Don Juan Alzina  padeció la Guerra Civil con la muerte de su hijo Juan María y estuvo prisionero en una txeca de Barcelona, de la que pudo librarse y de la muerte, como por arte de milagro. Don Juan ejercía en la Ciudad Condal y, también, en Mallorca. Sé que trató a dos canónigos, no sé si como médico o como amigo: Miguel Alcover y Miguel Costa y Llobera. De éste, lo deduzco porque su biógrafo, Bartolomé Torres Gost, que entonces era mi rector del Seminario, vino a Capdepera por algún motivo que no recuerdo. Mi madre, haciendo un esfuerzo, le preparó una ensaimada (que en aquel tiempo, únicamente, la gente comía por Sant Bartomeu, el patrón de la villa) , tras lo que el rector, sin pararse mucho tiempo en mi casa, fuese puesto que quería hablar con don Juan Alzina, cosa que a mi madre le supo mal, aunque no tanto a mí. La ensaimada no cayó en saco roto, fue una delicia.

    La biblioteca que don Juan tenía en Capdepera demostraba como era de enorme su cultura. Cuando nadie, todavía, valoraba a nuestro pintor Jaume Mercant en aquella casa yo ví uno de sus primeros cuadros. Cuando canté Misa nueva en Capdepera, el año 1957, me regaló una máquina de escribir que me hizo un gran servicio. Don Juan tenía un hablar sosegado, tranquilo y seguro, era una persona muy sencilla, sin humos,  todo y ser un profundo intelectual de fe cristiana sólida y coherente. Lo demostró, una vez más, cuando el Ayuntamiento de Capdepera quiso nombrarlo “Hijo predilecto”.  Cuando don Juan conoció la noticia, fue a entrevistarse con el alcalde y, con insistencia, se opuso rotundamente. Don Juan era humilde, como todos los sabios.

    A medida que el matrimonio fue envejeciendo, ya no se trasladaban a Capdepera. Los nietos, tomaron cada uno su propio camino y un servidor tampoco ha podido continuar con la relación. Don Juan terminó su vida en la casa de su hijo Javier, en Madrid. Bajando la escalera de la Biblioteca Nacional sufrió una caída. Cierto día me topé con Javier, casualmente, en el metro madrileño, fue la última vez. No recuerdo las fechas de la muerte de don Juan Alzina Melis, aunque sé que está enterrado en el cementerio de Capdepera. Don Valentín también falleció y me gustaría poder tener noticias de doña Rosario que siempre me trató con mucho afecto. Creo que, aparte de los nietos, no debe quedar ya nadie de esta familia. ¡Dios los tenga en su gloria!.   

    Notas adjuntas de Paula Valls.- 

    El nieto mayor de don Juan Alzina Melis era Juan María Alzina de Aguilar. Fue embajador en México, Consejero Cultural de la embajada de España en Italia, en Roma, donde su esposa Maria Jesús lo era del Vaticano y después de Finlandia y de Vietnam. Asimismo, detentó la Secretaría General de la UNESCO y fué Director General de Asuntos Exteriores. 

    En una reciente visita a Capdepera, donde posee en propiedad — por herencia proveniente de doña Antonia Melis Cursach, dueña de lo que es, en la actualidad el Centre que lleva sus dos apellidos–  el predio de Ca S’Apotecari (Son Terrassa), visitó la “casa pairal” de la familia en la calle Font, 1 y estuvo en el cementerio municipal donde tuvo un emocionado recuerdo por sus ancestros que allí reposan: el abuelo Juan, la abuela Vittoria di Boschi, el boticario Miguel Melis, su hija Antonia y otros antepasados.

    Los hermanos Valentín, Teodomiro y José Pablo guardan una estrecha relación con  Capdepera – se les puede ver y saludar por las calles del pueblo donde su abuelo nació– Alejandro, el misionero, realizó hace unos meses una visita exprés a Capdepera donde tuvo la oportunidad de participar en varias celebraciones religiosas y conmemorativas de eventos familiares y de amistad. Doña Rosario, la progenitora de todos ellos, falleció en la capital de España a los 96 años.

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     Fotos:  Llorenç Tous /   El Río Jordán / Dr. D. Juan Alzina, esposa y sus 4 hijos/ Los 4 nietos del Dr. Alzina:  Juan Maria, Valentín, Alejandro y José Pablo.

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