12 marzo 2026

    Sa Cova de Sa Font de Sa Cala  ( 10 )

    LEWIS TH GARDENS

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    El maestro, don Mario, que cogió la insana costumbre de llevar en uno de los bolsillos traseros de su pantalón una petaca grande cargada de whisky, la llenó tantas veces, y celebró tanto el posible encuentro con la estupenda Erika que, a las siete, estaba como una sopa de tanto alcohol como había ingerido.  Cuando llegó la muchacha lo encontró tumbado bajo un pino, sobre la hojarasca y, en un estado tal de embriaguez, que indignada intentó marcharse. El taimado Prubí que, a más de ser taimado, rencoroso y retorcido, era un rato listo, había oído las últimas palabras de Erika al maestro: “ a las siete..”.  Era una cita y sospechó que sería allí, o muy cerca de allí. De todas formas se dedicó a vigilar a don Mario y al final pudo ver como la defraudada joven se alejaba del lugar. Y la llamó…

    La muchacha, sorprendida, se giró y vio, tras ella, la grotesca figura del catalán  con el meyba bajado. Agrandando los ojos, estaba como hipnotizada. ___” Si no quieres que Klaus se entere que has acudido aquí para verte con este desgraciado que yace en el suelo, ya sabes lo que tienes que hacer…”. Y como si fuera una contraseña, preguntó: __”¿Mero..? __” ¡Merro!”, exclamó la joven dispuesta a juguetear con él y desplegando toda su coquetería. Prubí, violento, impaciente, casi le arrancó el “niki” de un tirón, y frente a sus libidinosos ojos saltaron alegres, explosivos, y turgentes, los senos de Erika, que reía, provocativa, no estaba asustada, todo lo contrario, se divertía a lo grande viendo la gran ansiedad de don Gorgue. Más, debía ir con cuidado, pues en la mirada excitada de éste había un brillo inquietante, vesánico; el de una persona dispuesta a todo, y ella comprendió lo peligroso que podía ser el sutil juego del darse y no darse, aquella estrategia del toma y daca. 

    Así es que hizo cómo que cedía a los deseos lujuriosos de Prubí, y éste creyó que la joven acabaría por entregársela sin ofrecer la menor resistencia. Intentó, nuevamente, el catalán descargar toda su contenida pasión en aquella escultural criatura, más ésta, simulando ceder, consiguió ponerlo a don Jorge en total paroxismo. Prubí, desesperado al comprender la verdadera intención de la joven que lo único que pretendía era reírse de él, la abofeteó. Pero Erika, para más desesperación de Prubí, no paraba de reír.

    La vio partir, caminando satisfecha, y con la gracia ondulante que, al andar, imprimía a sus caderas. Tentado estuvo de llamarla de nuevo y, aunque la odiaba como nunca, también la deseaba, pero él ya no era un joven para luchar, estaba hecho polvo.  Luego, posó su vista en el maestro, aún borracho,  tumbado a su lado, encima de la pinocha, cual un miserable pingajo.  Pensó que aún había quién estaba mucho peor que él.  El destino, al igual que don Sebastián en su día, se lo brindaba en bandeja para que lo inmolara. Era, pues, cuestión de aprovechar, ahora, aquellas circunstancias aunque tuviera que trastocar todos sus anteriores planes. 

    Puso manos a la obra. Se acercó al ebrio maestro tumbado sobre aquel claro cubierto de las secas de los pinos, y que había tras el varadero. Pasó una mano por debajo de la nuca de don Mario y levantó la cabeza. ___” ¡ Don Mario, don Mario, despierte! ¡Soy su amigo Prubí ¡ Vengo a ayudarle..!  Un gruñido, seguido de un ronquido, fue la contestación a sus palabras.  

    El catalán se acercó a la orilla y cogió un bote vacío que había por allí tirado, lo llenó de agua y se lo arrojó, por la cara, al maestro.  Éste, sacudiendo la cabeza, trató de abrir los ojos. Cuando lo hizo vio a Prubí junto a él.  ___” Soy Jorge Prubí, su amigo,  y vengo de parte de Erika. Me ha dicho que teme que su marido Klaus se acerque por aquí y me ha enviado para que le avise”.  Y, con voz estropajosa, el maestro, preguntó: __¿ Dón-de.. dónde está ella?.  Muy cerca de aquí, por detrás de aquellas rocas. Me ha encargado que lo conduzca hasta ella. ¡Dése prisa! ¡ Le espera impaciente!”, apremió el muy malvado. 

    __ “He bebido mucho, amigo mio, tiene que ayudarme. ¡ Cuan.. cuánto siento hallarme en este estado! ¡Ayúdeme, por favor, lle…lléveme al lado de ella!”.  El estado de don Mario era altamente lastimoso y el nefasto Prubí sonreía para sus adentros.

    __” A eso he venido, don Mario, póngase tranquilo y no se preocupe, ella le espera allí, como le he dicho antes, detrás de esas rocas…¡ Vamos, no hay tiempo que perder, póngase en pie apóyese en mí! Yo le conduciré hasta allí, amigo mío…”.

    El maestro, haciendo un gran esfuerzo y ayudado por don Jorge, fue incorporándose poco a poco. Prubí, aunque cansado por su himeneo con Erika, no podía desperdiciar aquella ocasión, y le pasó un brazo por el hombro para hacerle avanzar.  Otra vez la orquitis iba haciendo su aparición y un profundo dolor volvía a molestarle. ¡Maldita, mil veces, Erika!.

    Paso a paso iban acercándose a la cueva. Don Jorge miraba hacia atrás de vez en cuando. No había nadie por aquellos alrededores y, a medida que se acercaban, el cerebro del catalán trabajaba.  Pensó que las circunstancias eran inmejorables para cambiar, de momento, todos sus planes, se repitió a sí mismo. Ya no necesitaba a la joven para atraer al maestro hasta su gruta.  A ella la necesitaba para otras cosas, pues su cueva era la cueva del irás y no volverás. Disfrutaría de los favores que ella pudiera ofrecerle, aunque si Erika llegara a ver la caverna no tendría más remedio…. No podía exponerse a que nadie, absolutamente nadie, pudiera chivarse de la situación, o posición, de la misma. ¡Era su gran secreto!

    Drunken man in a traditional country costume sleeps on the street

    Había otro condicionante que haría del todo creíble un suicidio por parte del maestro. A nadie se le ocultaba la gran transformación  que en él se había operado. Su raro comportamiento, y el acoso constante de que hacía objeto a Erika, hasta el punto de hacerle sufrir trastornos mentales por su causa, le llevaba a una desordenada vida. Él, que siempre había sido tan correcto y metódico, ahora se había entregado por entero a la bebida. El abandono en el que tenía a su familia, bien a su hermana y sobrinos, pues don Maria estaba soltero.  Esto era, ya de por sí, motivo suficiente que se acumulaba para que el fin, o el destino de aquel hombre, fuera terminar con toda seguridad en suicidio. A nadie extrañaría aquella fatal decisión…

    Despacio, Prubí, que medio sostenía al profesor, pasó de largo por la entrada de acceso a la cueva y, poco a poco, aquel ya se estaba durmiendo nuevamente. Fue acercándose a la cúspide del montículo llamado el Puig d’en Rabassó. 

    El mar, intensamente azul, se contemplaba frente a ellos y la brisa parecía querer reanimar a don Mario, aunque el catalán no permitió que lo hiciera. Un leve empujón bastaría – se dijo para sí mismo –para que el profesor rodara por el cortante acantilado hasta dar con sus huesos contra las oscuras rocas de su fondo….

    Continuará…//

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