14 marzo 2026

    Libros, publicaciones y hechos sobre el espiritismo «Gabellí»

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    Allan Kardec, seudónimo de León Hippolyte Rivail (1804-1869), fue un gran sistematizador y divulgador del Espiritismo. Autor del Libro de los Espíritus (1858) y de la revista Revue Spirite, obtuvo un notable eco internacional. Así nos lo cuenta Josep Terrassa en su libro L’espiritisme a Capdepera.

    Al igual que escudriñamos la pasada semana las interioridades del archivo de varios periodistas, escritores o narradores que cuida, todos a la vez, Paula Valls Fuster, nos adentramos hoy en el Espiritismo. Este, al igual que el Protestantismo, tuvo a Capdepera como uno de los principales enclaves.

    RAMÓN ROCA RAYÓ,EN PRIMER TÉRMINO

    El Libro de los Espíritus, editado en Barcelona, gran centro divulgador del espiritismo en España y principalmente en las tierras de habla catalana, fue el gran libro de referencia. Editado en 1874, no fueron pocos los «gabellins» que contaron con un ejemplar de la filosofía y los principios de esta doctrina.

    Amalia Domingo Soler (1835-1909), feminista y anticlerical, fue la principal voz del espiritismo en España. Fundó la revista La Luz del Porvenir en 1870 y la dirigió durante los primeros veinte años. Se trata de una revista popular de estudios psicológicos y ciencias afines. Órgano del Centro «La Buena Nueva», del que también fue director Salvador Vendrell Xuclà. Una revista que se leía en Capdepera y era la principal conexión con el espiritismo catalán. Los primeros números de la publicación están dedicados a destacados espiritistas nacionales e internacionales.

    LAS RUINAS DE PALMIRA

    La Estrella Polar fue otra revista del mismo tenor, que en su estreno como publicación se expresaba así: «Cuando, entrado ya en la edad de la razón, comienza el hombre a tener conciencia de su propio ser, cuando se considera viajero en el áspero camino de la vida, y lleva realizados gran número de actos, de que su memoria da cuenta más o menos exacta, pero de ningún modo explica su inteligencia, entonces la curiosidad natural procura investigar el cómo, el porqué, el principio y el fin de la existencia, con el mismo interés que mostraría en averiguar de dónde viene y a dónde va el pasajero, que en alta mar recobrara sus sentidos o despertara de profundo letargo, durante el que, sin saberlo él, hubiese sido embarcado».

    Los fragmentos de las Memorias del Padre Guzmán, libro muy conocido en Capdepera, explican un gran número de historias con un único mensaje: «En esta vida, todo cuanto se hace mal en las conductas humanas es castigado, aunque no seamos conscientes de ello». Se divulgó una alegoría sobre la Primera República: el 11 de febrero de 1873, vista como una mujer joven (símbolo de renovación política) y divinizada, rodeada de todo aquello a lo cual aspiraban los republicanos: justicia, ley y progreso económico y cultural. Todos los espiritistas eran republicanos y partidarios del libre pensamiento en Capdepera. Explicaban estos que el último presidente de la Primera República, Emilio Castelar, historiador y profesor universitario, fue un político que intentó conciliar aquello que parecía antagónico: ciencia y religión, iglesia y libertad. Al final de su vida, en un acto de reflexión profunda, se acercó al espiritismo. Los miserables, obra de Víctor Hugo (1802), en una edición de principios del siglo XX, demostró que Hugo era un gran divulgador de una moral humanitaria. La izquierda «gabellina» la tuvo durante mucho tiempo como libro de cabecera.

    También fue libro de cabecera para los espiritistas «gabellins» Las ruinas de Palmira, de Alex Volney, el cual llegaba a una conclusión que era: «Para vivir en paz y concordia se tienen que separar los objetos que pueden comprobarse de aquellos que no lo permiten, distinguiendo entre seres fantásticos y reales; o sea, quitar todo efecto civil a las opiniones teológicas y religiosas». El conde de Volney era de pensamiento racionalista y partidario de la sociedad civil, igual que nuestros espiritistas. El primer Congreso Espiritista Internacional celebrado en el salón «Eslava» de la Ronda de Sant Pere de Barcelona, del 8 al 13 de septiembre de 1888, tuvo una gran repercusión.

    La revista quincenal El Crepúsculo y también El Faro Espiritista, respectivamente, fueron los órganos de la Exposición Universal de Barcelona, en la que los pescadores presentaron cuatro cajas conteniendo enseres de pesca, y la Alcaldía de Capdepera, cenachos, cestitas, cofines, escobillas para desempolvar y para blanquear, redondero y aventador, puesto que la exportación de obra de palmito era la principal fuente de ingresos de Capdepera. La ciudad condal era la principal importadora de estos productos.

    A finales de 1891, la Unión Obrera Balear, asociación cooperativa y de socorros mutuos, entidad que también contaba con un boletín-revista, se disolvió. Un grupo de republicanos «gabellins», encabezados por Mateo Sancho Espinosa, uno de los fundadores del Centro Espiritista, intentó, sin éxito, refundar la Sociedad. Jerónimo Sancho, como vicepresidente; Serafín Nebot, Secretario; y los Vocales Jerónimo Alcina y Antonio Massanet, acordaron que el periódico La Voz del Pueblo sería el órgano de la Corporación obrera que representaban.

    Nicolás Moll Sancho (1853), republicano y espiritista, se presentó voluntario durante la Primera República para luchar contra los carlistas que se habían sublevado en las provincias del norte de España en 1872. Luciano Sirer Fiol (1847) tenía su domicilio en la calle de Na Velleta, espacio de encuentro de republicanos y espiritistas. En las «vetleries» (reuniones nocturnas para trabajar la obra de palmito) de Na Velleta, se efectuaban, alrededor de una amplia mesa, las sesiones de espiritismo; los presentes contaban que durante dichos encuentros, la mesa se movía.

    Gregorio Jaume, espiritista de Llucmajor, pasó los últimos años de su vida en Capdepera, donde contaba con muchos seguidores. A su fallecimiento, en 1913, fue enterrado en el sector del cementerio destinado a protestantes y no practicantes católicos.

    Colau Moll Lliteras (1887) organizó reuniones espiritistas en un sótano de su casa de la calle Norte. Participó, en 1930, en Barcelona, expresamente invitado por el Centro de Estudios Psicológicos, con motivo del 42 aniversario del primer Congreso Internacional de la institución.

    Antonio Domínguez Fornés presidió la delegación local del PCIB (Partit Comunista de les Illes Balears) en la calle Centre desde 1978. Bartolomé Melis Alzina (1895-1970), espiritista y socialista, miembro de la primera comisión gestora que dirigió entre el 24 de marzo y el 5 de mayo de 1936 el Ayuntamiento «gabellí», dimitió de regidor de la Casa Consistorial por haber hecho cerrar el alcalde Miquel Julià la Iglesia Parroquial el día 1 de mayo (fiesta del trabajo), por considerar que la Parroquia era un negocio como otro cualquiera.

    Mateo Garau Flaquer (1886) fue el presidente de la Juventud Socialista de Capdepera y de la Agrupación Socialista entre 1931 y 1934. Mateo Garau Homar (1878) fue espiritista y regidor socialista en la misma legislatura. Ramón Roca Rayó, torrero del Far de Capdepera, fue uno de los fundadores de la Agrupación Socialista local y espiritista. Falleció en 1940, poco tiempo después de salir de prisión en Cabrera, isla a donde fue desterrado.

    Antonio José Massanet Amengual (1866), director del Centre Espiritista local entre 1896 y 1906, torrero de faros, socialista, fue autor de un libro titulado Vida i costums a Capdepera que refleja la época entre 1812 y 1931. Juan Moll Massanet (a) Talaia, fallecido en 1990, espiritista y socialista, fue miembro de la segunda comisión gestora del Ayuntamiento, desde el 5 de mayo al 18 de julio de 1936.

    Una mujer, Maria Vaquer Moll (1902), presidió la Agrupación Socialista Femenina de Capdepera entre 1931 y 1933. Las mujeres feministas, en aquella época, se expresaban a través de publicaciones hechas por mujeres y para las mujeres. Era el caso de La luz del Porvenir, siempre abierta a cualquier aportación. Siguiendo una trayectoria de máxima independencia basada en el Reglamento de la Agrupación Femenina, determinó que, en caso de disolverse, todas sus pertenencias pasarían a la Agrupación más próxima a Capdepera. La Juventud Socialista fue fundada en febrero de 1911 y en ella militaban Mateo Garau Flaquer, Bartolomé Melis Alzina y Colau Moll Lliteras, los cuales ocuparon cargos de responsabilidad en la Sociedad.

    En la década de 1920, la plaza de l’Orient fue la única plaza de Capdepera, situada en el barrio de Vilanova, que data de principios de siglo. Inicialmente, se convirtió en el centro del comercio local gracias a la construcción del almacén, tienda y administración de la sociedad La Palmera que ocupaba toda la fachada lateral izquierda de la plaza. Miguel Caldentey Ginard, importante comerciante de la villa, contrabandista y gran cacique del pueblo, acabó apropiándose de La Palmera. Durante la Segunda República, la plaza de l’Orient reunió la sede de los principales partidos políticos que rivalizaban entre sí en la promoción de actividades culturales.

    JUAN MOLL MASSANET – TALAIA
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