12 marzo 2026

    “Evolucionar es mirar hacia dentro”: una conversación con Ernesto Rodríguez

    Ernesto Rodríguez

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    Entre arcilla, silencio y luz. Así se define la atmósfera que rodea a Ernesto Rodríguez, el artista cubano afincado en Mallorca que hoy presenta en Capdepera su nueva exposición, «Evolució». Pero más allá de los bustos, las piezas policromadas y la cuidada puesta en escena, está él: sereno, cercano, alguien que parece modelar también las palabras con la misma atención con la que trabaja el barro. Le hemos conocido en un ambiente relajado, en una conversación que ha sido más encuentro que entrevista.

    Todo empezó, nos cuenta, de forma casi orgánica: “La idea surgió tras una visita al Centre Melis Cursach, cuando fui a ver la exposición del fondo de Joan Guaita. María Massanet me mostró las salas y me encantaron. A partir de ahí, decidí que este espacio merecía algo especial”.

    La muestra que hoy se inaugura no es exactamente una retrospectiva, aunque en ella conviven etapas distintas de su trayectoria. “Me parecía muy fuerte hablar de retrospectiva… aún no tocaba. Así que preferí llamarla Evolució, porque lo que he hecho es reunir obras que marcan diferentes momentos de mi camino, piezas que me han acompañado y que cuentan, a su manera, mi historia”.

    A lo largo de la charla, Ernesto se muestra agradecido por la oportunidad, pero también autocrítico y apasionado. Habla con calma, pero con una intensidad que se nota más en los silencios que en las palabras. “El objetivo es simple: compartir. Mostrar lo que hago, lo nuevo y lo que ya he hecho. Y hacerlo en un espacio como este, que me ha exigido adaptarme y me ha desafiado. Y a mí me gustan los retos”.

    Su relación con el arte es profunda. Lleva más de veinte años en Mallorca y ha recorrido muchos caminos: empezó como editor gráfico junto a Joan Riera Ferrari, fue creciendo entre cerámica y exposiciones por medio mundo, y ha explorado tanto la escultura como la pintura. “He hecho cosas muy distintas, pero todo está conectado por una misma necesidad: expresarme”.

    Le preguntamos por qué Capdepera. Su respuesta es tan sencilla como sincera: “Porque me gustó el sitio. Y porque creo que el público de aquí va a conectar”.

    Mientras hablamos, su voz va adquiriendo ese tono que tienen los artistas cuando se sienten cómodos, cuando abren la puerta del estudio invisible que todos llevamos dentro. Y es entonces cuando lanza una invitación: “A quienes se acerquen, les diría que vengan con ganas de descubrir algo nuevo. Que no se trata de entender, sino de sentir”.

    Ernesto tiene varios proyectos en marcha. Tras esta muestra, una exposición en Palma, una instalación benéfica para la Fundación Rana… Pero de eso hablaremos en otra ocasión. Porque hoy, en Capdepera, toca detenerse en el aquí y ahora. En este artista que no tiene prisa, que respira lento, y que sigue moldeando la vida como si fuese barro.

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