Diálogos en la A: Conversando con Carles Levandowsky
Hay ocasiones en las que, para mantener una conversación con la atención que merece el interlocutor, es necesario escoger un lugar adecuado, un espacio donde las palabras puedan fluir sin el ruido de fondo que tantas veces interfiere en los lugares públicos. En esta ocasión, buscamos un rincón céntrico pero tranquilo en Cala Rajada, alejados del bullicio, para entablar un diálogo sosegado con Carles Levandowsky, un nombre ligado al nacimiento y desarrollo del windsurfing en Mallorca.
Para iniciar el encuentro, no pude evitar recordar aquel célebre Maratón Internacional de Windsurfing, celebrado en 1979. Carles fue, sin lugar a dudas, el alma mater de aquella celebración que dejó huella en el deporte náutico balear. Para no interferir en sus recuerdos, dejé que fuera él quien guiara la conversación.
“Nací en Núremberg”, comenzó relatando. “Allí no hay mar, solo lagos, así que al principio practicaba vela en esas aguas interiores. Luego me fui a Yugoslavia varias veces con mi lancha, pero tampoco había playas adecuadas. Eran tiempos de Tito y el país estaba unificado. Más tarde me trasladé a Italia, pero allí la juventud local no me aceptaba. Una vez, esquiando frente a los hoteles de la costa adriática, vino la policía y me dijo que no podía hacerlo. Sentí que no era bienvenido y decidí dirigirme hacia España”.
Su llegada a la península no estuvo exenta de anécdotas. “En Perpiñán, un ciudadano francés me dio un pequeño golpe con el coche, nada grave. Llegué a Barcelona y paré en Mataró, donde vi un cartel de un taller Evinrude, la marca de mi motor. Allí conocí a Joaquín, el dueño, quien me ayudó no solo con la reparación sino también con mi proyecto”.
Carles le explicó a Joaquín su idea de practicar windsurf en Barcelona. “Me advirtió que la costa catalana estaba llena de deportistas que no querían competencia. Pero me dijo que tenía un amigo en Mallorca donde tal vez podría interesar mi propuesta. Yo le pregunté: ¿Qué es Mallorca? Y hacia allí me dirigí”.
Fue así como, en 1968, llegó a la isla. Once años después, organizaría la que sería la primera gran travesía en windsurfing entre Mallorca y Menorca, una aventura pionera que tuvo su origen en Cala Rajada.
“El windsurfing se inicia en Cala Rajada y la primera travesía fue en 1979. Lo hicimos en junio para cubrir el bajón turístico de la primavera. Queríamos ofrecer un espectáculo, que era lo que interesaba a los deportistas y también al sector hotelero”, recuerda Carles con orgullo.
Un legado deportivo y social
Carles no solo organizó travesías. Durante años, lideró una renombrada escuela de vela y esquí náutico en Sa Font de Sa Cala, donde formó a generaciones de jóvenes en deportes acuáticos. Allí entabló amistad con conocidos empresarios locales como Toni Miquelet y Quint Zaforteza. Su papel en el impulso del turismo deportivo y su contribución a la proyección de Cala Rajada como destino náutico son reconocidos aún hoy.
Guarda con cariño un extenso archivo de artículos publicados en la prensa alemana y un amplio dosier fotográfico que documenta la historia de las travesías que organizó entre Mallorca y Menorca. Durante cinco años, aquellas competiciones no solo reunieron a deportistas sino que también atrajeron la atención mediática y contribuyeron a dinamizar la economía local.
Hoy, Carles Levandowsky es un vecino más de Cala Rajada, querido y respetado. Su simpatía y cercanía han dejado una huella imborrable entre quienes han tenido la oportunidad de tratar con él. Su historia es, en muchos sentidos, la historia de cómo la pasión por el deporte y el mar pueden transformar no solo vidas, sino también lugares y comunidades enteras.
Nicolás Nadal
