15 marzo 2026

    El ferry Menorca (2ª parte)

    Nicolás Nadal

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    El ferry no llevaba cocina alguna, únicamente un bar, pero condimentar algo no estaba en el proyecto. Habíamos cargado algunos pollos asados y muchas botellas de agua mineral Bezoya. El estado del Mar Cantábrico era muy bonancible e íbamos a una velocidad de 16 millas por hora, que era el máximo de su potencia.

    Venía con el buque un ingeniero de la empresa MAN (Bazán), de Cartagena, para observar el rendimiento de los motores. Los motores MAN eran de una prestigiosa marca alemana que está ubicada en Múnich, Augsburgo y Núremberg, de ahí las tres iniciales.

    Poco antes de las ocho de la mañana, el capitán, por medio de las señales internacionales acústicas, solicitó el servicio de uno de los prácticos que atienden la entrada de la ría de Vigo. Subió la mencionada autoridad portuaria, que una vez a bordo, toma el mando del buque, y en ese momento el capitán titular del ferry se desentiende de la gobernabilidad de la nave.

    Atracamos donde el práctico le pareció bien ya que a la noche teníamos que hacernos de nuevo a la mar. Yo, al ver que en el buque no había ni una simple cocina, en Vigo me había comprado un fogón de gas, arroz y tomate en pack, para así, por lo menos en un cubo metálico, cocinar arroz blanco.

    Sobre las veinte horas, nos hicimos de nuevo a la mar, ya en el océano Atlántico con muy buen tiempo. El capitán, al ver que yo me había comprado un hornillo de gas, me dijo textualmente: “bajo ningún concepto, en la bodega del buque, no se enciende fuego alguno”. ¿Qué hice? Pues me las apañé como pude: en los estibos del “Menorca”, había un espacio suficiente para poner el fogón de gas en marcha. Si la leve brisa venía de babor, yo me iba al lado contrario y sino viceversa.

    En el interior del ferry había un termo para agua caliente, y para no tener que gastar tanto gas para calentar y hervir el arroz, cogía agua del termo, para que no fuera tan pesado para el fogón. Y así en media hora ya tenía el arroz con tomate a punto, y así fuimos navegando, llegando a la costa de Portugal, bordeando la costa, pasamos por Viana do Castelo, Oporto y Lisboa, siempre con rumbo al sur hasta llegar al Algarve. Antes de entrar en el Mediterráneo y pasar por el Estrecho de Gibraltar, pasamos por la costa africana de Tánger, y sobre las ocho de la mañana, el capitán hizo la misma operación que cuando entramos en Vigo, en esta ocasión era para solicitar el práctico y entrar en el puerto de Ceuta.

    Se presentó el práctico, que con una lancha motora, nos atracó en un muelle, y una vez el buque firme, los tripulantes se fueron por donde más les convino, pero el capitán me dijo: “Nicolás, tú quedas de guardia en el buque, que vendrá un camión con un tanque, para repostar combustible”. Mi misión era la de controlar el contador de la manguera y tomar nota antes de la descarga; una vez descargado, vuelves a tomar nota y comprobaremos la cantidad de combustible que ha entrado en los tanques del ferry.

    Creo que por hoy ya basta de narrar, tendré que dejar algo para la tercera entrega, que es la más apasionante de las colaboraciones, así pues, hasta la próxima publicación de Faxdepera.

    Nicolás Nadal

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