Hace ya un cierto tiempo que me ocupé de este establecimiento nocturno, conocido como el Bar Sin Nombre. En aquella ocasión no lo hice en profundidad y, lógicamente, hay muchas anécdotas que pasaron por alto y quedaron “en el tintero”. No obstante, las vivencias vividas personalmente me llevan a recordar lo que un día fue este emblemático establecimiento, donde se reunía la juventud de la década de los sesenta.
Este bar nocturno estuvo ubicado donde hoy existe una superficie comercial cuyo nombre omitiré. Anteriormente, fue el domicilio de una señora que comercializaba pescado (aún no existía la Lonja de Concentración). Esta mujer era conocida por el sobrenombre de “Sa Guapa”. Ella competía con Juan Morey (epd) y “Jaume Bou” en unas cuevas que había en el “varadero”, hoy Club Náutico de Cala Ratjada. Hablando de “Sa Guapa”, que adquiría el pescado capturado en Cala Ratjada, tuvo un hijo y un nieto, el doctor Eloy Espinar (epd), que fue un excelente y afamado traumatólogo en la Clínica Sant Juan de Dios de Palma. El doctor pasaba temporadas en Cala Ratjada y era compañero de mi juventud. Su abuela, por las tardes, a la hora de la merienda y para dialogar en castellano, le ofrecía el tradicional “pan con aceite”, que era lo más habitual de la época. Le decía: “Eloyto, ¿quieres pan con siete?”. Y Eloy, que en la gloria de Dios esté, se quedó entre sus amigos de correrías con el mote de “Eloy pan con siete”.
Volviendo a lo que me ocupaba, la competencia entre los que comercializaban el pescado fue en decadencia. “Sa Guapa” se trasladó a vivir a Palma, y el domicilio quedó deshabitado. Posteriormente, fue la residencia de un señor de apellido “Conde”, que por poco tiempo fue el director del Hotel Son Moll. Luego estuvo cerrado por algunos años. Un día se interesó por el local un exboxeador alemán, de nombre Hans Finkbeiner, quien con su esposa Irmgard montaron lo que sería “El Bar Sin Nombre”. Un local nocturno con excelente música y luces muy tenues, que era frecuentado por los jóvenes de aquel entonces.
Estaba situado en la parte izquierda, subiendo la cuesta que conduce al Faro de Cala Ratjada. Como anotaba, disponía de una excelente música, que la reproducía un magnetófono de la prestigiosa marca Grundig. No voy a explicar la música que disponía, pero casualmente yo me compré un magnetófono marca “Loëve Opta”.
El local, como anotaba, era frecuentado por jóvenes de Capdepera y Cala Ratjada, entre los cuales me encontraba yo. Tuve una cierta amistad con el propietario, un alemán de nombre Hans Finkbeiner, y le pregunté si me permitía hacer copias de su reproductor de música al mío. Él me contestó que no había inconveniente, y llegué a disponer de las mejores versiones de: Luis Alberto del Paraná (la mejor voz cantante de Sudamérica), orquestas instrumentales como Ray Conniff, Bert Kaempfert, Billy Vaughn y un gran repertorio orquestal. El “Bar Sin Nombre” funcionaba desde primeros de marzo hasta últimos de noviembre. El dueño se trasladaba a Múnich, de donde era oriundo, de Baviera. Allí, por las noches, nos reuníamos los noctámbulos de aquel entonces. Incluso alguna noche se presentaba algún músico con la guitarra y, con las voces bien timbradas, cantábamos a coro melodías de aquel entonces.
Sucedió un hecho que por motivos particulares silenciaré: el dueño del bar se enzarzó en una pelea con un vecino. Por el mero hecho de haber sido boxeador, no podía dar una paliza a nadie. Por esta causa, fue expulsado de Cala Ratjada y se acabó el Bar Sin Nombre. Del dueño, nunca más se supo.
Al cabo de muchos años, regentaba yo la única expendeduría de tabacos de Cala Ratjada, y se presentó el constructor del bloque de apartamentos.
Quizás algún lector se preguntará: ¿Qué tema tratará Nadal para la próxima semana? Podría ser un texto de la década de los años sesenta, que tuvo gran resonancia, como fue el “Aeropuerto de Cala Ratjada”. La prensa isleña se hizo eco de este suceso, pero esto será el tema de la próxima edición.
