El auge experimentado por la obra de palmito en el levante de Mallorca, gracias a estas mujeres gabellinas que bajo la denominación de “Art en pauma”, “Ses Maries” o las “Madones de la llata” han tenido destacado protagonismo estas últimas semanas, tanto en prensa como en televisión, reaviva, ¿qué duda cabe?, esta actividad tan característica de estas tierras, que ha extendido sus dominios hacia lo más recóndito del Parc de Llevant.
Carmen Sarasúa, del Departamento de Economía e Historia económica de la U.A. de Barcelona ya profundizó en la idea conocida de lo que supone este arte de trenzado que durante siglos se ha ido cultivando al igual que en otras localidades cercanas de Mallorca. La catedrática asiente al decir que ello no es sólo una artesanía delicada, cuya belleza y gracia podemos admirar, sino que se trata de la producción de objetos útiles que formaban el ajuar de los hogares y se adaptaban a las necesidades de los campesinos utilizando materias primas locales.
La obra de palmito, de la “pauma”, “la llata”, es una actividad que, como otras muchas que se engloban en lo que llamamos “industria rural”, tuvo un grandísimo valor económico y social, que hay que comprender para valorar el trabajo de las mujeres y hombres que participaban en esta industria y cómo ello contribuyó a mejorar el nivel de vida de la comarca. Son, actualmente, reminiscencias del pasado que alguien cuida conservar.

En 2007 Capdepera celebró el “Any de la llata”. En las III Jornadas de Estudios Locales que el Ayuntamiento de Capdepera organizó con motivo del evento, púsose ya de manifiesto el relieve, destacado sí, que la artesanía derivada del “garballó” ha tenido para la villa y entorno gabellí. Voces claman para que se reinstauren aquellas Jornadas, que se abra un debate sobre el patrimonio municipal que se ha querido desenterrar estos días con acciones “in situ”, reuniones, visitas y coloquios hacia la opinión pública y, por ende, “la obra de pauma”, que asimismo es patrimonio cultural y artesano de Capdepera (en vista del mencionado auge, a todas luces visible), con la finalidad de que vuelva a cobrar carta de autenticidad de cara a futuras generaciones, parte de las cuales ya realizaron en esta materia sus pinitos en las aulas de los centros escolares de Capdepera, recientemente.
Recuperar – como dice la Doctora en Historia del Museu de Mallorca, Margalida Bernat i Roca – algunos antecedentes históricos de trabajos caseros que provienen del siglo XIII, — una fuente poco trabajada– donde las denominada rúbrica de la “pauma”, la de las “sistelles” o la de los “esparters” son aspectos en cierto modo desconocidos en su propia esencia. Es ahí, por ejemplo, donde debería incidir al citar, a la vez, las fuentes orales que han ido transmitiendo los ancestros a nuestras gentes del concepto de “llata” y sus derivados.
Habrá que esperar por mor de los posibles cambios derivados de los procesos electorales que asoman, aunque no debería relegarse al olvido el reivindicar “lo nostro” que, al fin y a la postre, es homenajear nuestra propia historia. Un hito importante como fue aquel año dedicado a “la llata” debería ser recuperado y no solamente de boquilla, pues ya suman diez y seis los años transcurridos para poder volver a rememorar de alguna manera lo que con aquellas Jornadas aprendimos y poder actualizar su vasto contenido.
