Pep Maria Moll
El bar «Come y Calla», en el carrer Col·legi; «S’Ànima» (hace más de un año), en el carrer Roses; y «Alma» (antiguo Ca’n Niu), en el carrer Centre, acaban de cerrar sus puertas al público.
Por contra, nace el «Forn-Pastisseria Ca na Joana», en la plaza del Sitjar. Nuestros mejores deseos para ellos.
Continúa la sangría de establecimientos comerciales en Capdepera. Bravo por la campaña: «COMPRA A CA TEVA, COMPRA A CAPDEPERA». ¡Muy bien!
Pero… ¿a dónde?
¿Qué está pasando? Pulsando algunas tertulias callejeras y de cafés (los que quedan), se comenta que quizás ha llegado el momento de desempolvar antiguas iniciativas para impulsar nuevos negocios y estimular al empresariado.
Podría reconsiderarse la peatonalización, que hace años quedó archivada, quizá por temor a unas mínimas manifestaciones de algunos propietarios de establecimientos, todos ellos ya desaparecidos. No debía ser tan mala idea eso de peatonalizar.
Las dos vías que cuentan con la señalización de «ACIRE» —algunos días cubiertas por una bolsa con la inscripción tapada y, otros, al descubierto, invitando a la confusión— siguen ahí, esperando que la autoridad competente les dé carta de autenticidad.
Los tertulianos comparan el éxito de la calle Ciutat de Artà —donde, por cierto, acaba de trasladarse desde Capdepera una de las tiendas cerradas— con la desangelada visión que ofrece nuestra villa al respecto.
Cierto es que las comparaciones son odiosas, pero algo habrá que hacer. Capdepera, a excepción de la plaza de l’Orient y poco más, se nos está quedando huérfana, y en donde los bienintencionados rótulos señalan «zona comercial», apenas existen comercios.
A ver si esta campaña municipal ayuda a mejorar la situación. La intención de quienes la han diseñado es buena, pero… ¿realista?
Las grandes superficies no cuentan, aunque estén en Capdepera… y ahí está, tal vez, el «quid» de la cuestión.
