5 abril 2026

    El  “Cego Ferrer”,  invidente  y músico amante de la fiesta

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    Lorenzo Ladaria Garau, conocido como “Es Cego Ferrer” , invidente debido a una grave enfermedad sufrida durante su infancia, fue un peculiar personaje de Capdepera y un artista del arte musical.  Tocaba violín, guitarra, clavicordio y piano. ¡Algo increíble e impensable!, pues sí, cierto es. En las fiestas del pueblo nunca faltaba su presencia; cantaba que era un placer oírlo. Acudía a las casas de “fora vila” cuando se celebraban las matanzas del cerdo. 

    Alegraba con su música la cena de aquellas reuniones típicas familiares. Se reunían en las matanzas amigos y vecinos y no faltaba el “ball de bot”. Las casas de payés eran muy espaciosas, se encendía una gran fogata y allí se cocía la sobrasada y el butifarrón. En el patio de la “possessió” se invitaba a todos los asistentes a beber alcohol con mezcla de varios ingredientes, como la mistela, anís, hierbas, camomila y azúcar, todo ello bendecido con mucha agua, con el fin de evitar borracheras entre el numeroso gentío, especialmente joven.

    Para el sacrificio del cerdo se reunía en casa de Lorenzo una tribu de gente – su familia estaba compuesta por once hijos y sus respectivas esposa y vástagos, puesto que Elionor,  su madre, contrajo nupcias dos veces – con su primer marido, Antoni Carbó,  engendró ocho hijos y con Llorenç Pelleter, tres; uno de ellos el “Cego Ferrer”, denominado “Ferrer”  porque en su casa tenían una herrería, propiedad de Antonio y, a la muerte de éste, el mozo Llorenç, al casarse con la viuda, la heredó. 

    Llorenç Pelleter era, además, un maestro en el arte de afilar cuchillos, con un artefacto colocado en una bicicleta, diferentes estos afiladores de los actuales que van en coche.

    Pues, el dÍa de la matanza, al haber un exceso de personas para el trabajo, quienes no laboraban partían a la montaña a “arrabassar gatoves” para encender un “fogueró”  y armar una fiesta al final de la jornada, después de zamparse un plato de arroz, cocido y “cassola”, almendras y cacahuetes y vino casero. 

    Después de rezar un padrenuestro, se levantaban de la mesa, barrían el patio, se encendía la fogata y Lorenzo, rodeado de un grupo de músicos , empezaba el baile, las jotas y copeos, pasodobles, mazurcas, xotis, foxtrots y valses, hasta que el reloj tocaba las 23 hores, en que por insistencia de los mayores los numerosos jóvenes tenían que retirarse y acabar la fiesta.

    Lorenzo Ladaria , a pesar de sus limitaciones visuales, tenía una magnífica intuición, ¡todo un fenómeno!  Animaba a las parejas dándoles un grito para que saltaran a la pista de baile, exclamando: ¡Au, els dos, donau-li cebes”, imaginando que siempre bailaban de dos en dos y, muchas veces, eran muchos más…  Interpretaba todo un repertorio de piezas, acompañado por su hermano Francesc, el hijo de éste y otros músicos y cantadores de la villa. La señora Leonor Servera Melis, esposa del hacendado March, requería sus servicios musicales para conciertos en el palacio de Sa Torre Cega en Cala Rajada.  Algunas veces se desplazó Lorenzo, mediante coche enviado por la señora, a Palma, con instrumentos que le había financiado la eximia señora.

    La familia del “Cego Ferrer” era toda ella hecha para la música. Uno de las dos hijas de Lorenzo, Elionor Ladaria y su hija, adoptado, también llamado Llorenç , eran aficionados al bello arte. Las hijas de Elionor, Benita y Margarita Huerta Ladaria, a más de su hermano Juanito, conservaron el espíritu musical, a pesar de los problemas de la guerra civil. Aunque, los mencionados, pudieron acrecentar sus deseos y vocaciones, en un tiempo frustrado, gracias a la excelencia de quien ha sido la auténtica heredera del genio de Lorenzo Ladaria, su biznieta Bárbara Femenias Huerta “Tanjona”. 

    El oficio de Lorenzo Ladaria “Ferrer”, era la obra de palmito y, particularmente, elaborar escobillas con briznas de llata , que él recogía , casa por casa, en compañía de su mujer. Sus diminutas escobas conseguían la admiración de quienes las usaban, jamás Lorenzo tuvo ningún percance a la hora de elaborarlas, peinar sus briznas con una maquinilla denominada “puat-pentinador”. Cada semana sacaba entre 40 a 80 escobillas, en su domicilio del carrer Fondo.

    Una anécdota, verídica, de la irrepetible personalidad de nuestro protagonista: Una noche de fuerte tormenta, todo Capdepera se encontró sin fluido eléctrico, a oscuras. Media docena de hombres se encontraban aquella noche en el Café del Recreo. Allí tuvieron que permanecer durante más de una hora, ya que la lluvia no amainaba. Cuando cesó la borrasca era ya la medianoche, con velas y quinqués encendidos, sin farolas en las calles ( la central eléctrica apagaba la luz sobre las 23 horas, los días laborables, y a las 24 horas los sábados y domingos, debido a la gente que esos días iba al cine).

    Los clientes del Recreo no conseguían orientarse, a oscuras, para llegar hasta su casa.  Entre aquellos hombres se encontraba Lorenzo Ladaria “Es cego Ferrer”, el cual se comprometió , y así lo cumplió, a acompañar a aquellos hombres, uno a uno, a sus respectivos domicilios. El ciego conocía, palmo a palmo, el pueblo y por esto encontró las casas de los timoratos y nerviosos vecinos, mucho antes que ellos mismos. 

    ___  I qui no ho cregui, que ho vagi a cercar….

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