14 marzo 2026

    Puesta de largo de la primera alcaldesa de Capdepera

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    Mireia Ferrer Jaume se presentó a su primera cita con la ciudadanía ataviada con vestido verde esperanza el cual correspondía a su estado de ánimo y a los colores propios del municipio.

    A quienes estábamos en la sala de plenos de Ses Voltes de Ca’n Creu d’Inca no nos sorprendió demasiado que las bóvedas del vetusto edificio no estuvieran a rebosar “hasta los tendidos” (utilizando un símil taurino). 

    A Mireia Ferrer se la veía exultante. Le acompañaba su familia y la “claque” de la formación a la que pertenece. El semblante de sus cuatro compañeros corría parejo con el de Mireia. Era su momento… pese a la minoría que no quisieron perturbar otros cinco ediles, a pesar de unos resultados históricos que hubieran podido propiciar la mayoría.

    ”No han tenido en cuenta al pueblo, quizás no están preparados para gobernar, por lo menos, durante los dos años que los ganadores les ofrecieron”, fueron los unánimes comentarios de quienes contemplaron el breve acto en el que pudieron escuchar como su portavoz hablaba de fiscalizar, constructivamente, eso sí, desde la oposición que, parece ser, es su habitual estadio. 

    LA ALCALDESA CON LOS MIEMBROS DE SU FAMILIA

    “Una extraordinaria ocasión perdida”, apuntaban otros, aseverando que, en el futuro, podría pasarles factura.

    “No pasa nada, son las reglas de la democracia”, expresaba, a la salida, el alcalde saliente que, con la secretaria municipal, y el electo más joven de la nueva corporación, habían presidido el pleno de constitución del renovado consistorio. A los reelegidos, más una novel, del PSOE se les notó demasiado las prisas por abandonar el salón de plenos.

    Al progenitor de la nueva alcaldesa, acompañado naturalmente de su señora esposa, hijos y nieto, se le notaba “a priori” un tanto nervioso, hasta la finalización del recuento de votos, en el que su hija contaba con mayor número, y su proclamación del cargo. 

    Y aquí, prorrumpió en enfervorizados aplausos, al unísono con toda la sala.  Claro, podía haber saltado la sorpresa (como cuando, hace años, Ferrer padre consiguió, en contra de todo pronóstico, la alcaldía. Conocía el percal). 

    No, no estaba llena “La Sala”. 

    Algunos hoteleros de Canyamel, a quienes se veía tranquilos cuando despedían a Rafael Fernández, iban acompañados por su flamante presidenta Maria Antonia Moll. Alguien quiso darles la enhorabuena  (sin dobles intenciones) a lo que ellos respondieron que las felicitaciones deberían dárselas en noviembre. Cada maestrillo con su librillo. 

    A uno de los ideólogos de la formación que tuvo, pero no retuvo, la extraordinaria ocasión para poder gobernar, se le notó inquieto durante toda la sesión. Avezados observadores, observaron (valga la redundancia) sus idas y venidas por el pasillo consistorial y atisbaron en sus ojos lo que, tal vez, podía haber sido un cambio de parecer. Un poquitín tarde. Parecía sentenciarlo estos días Nuria Garcia en Facebook: ”Estamos donde estamos, en parte, gracias a ti, Pere”. Suena elocuente. 

    Mireia Ferrer, neófita en los ruedos políticos, empuñó la vara de mando que le entregó Rafael Fernández al felicitarla con su voz firme de siempre (el temple que se les supone a los veteranos en estas lides) mientras la protagonista, con breve alocución, agradeció y se ofreció. “Hoy es un día importante. Capdepera es mi prioridad, estaré siempre abierta a todos. Confío en la colaboración del resto de partidos, al margen de credos de ningún tipo, ya que todos estamos aquí para cumplir con lo que el vecindario nos ha confiado: el bienestar de nuestro pueblo”. 

    Empieza una nueva etapa. 

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