Hablábamos en la anterior edición de Leonor Servera Melis, esposa del financiero Juan March Ordinas. Donya Elionor, como se la conocía en Capdepera y Cala Rajada, era hija de un rico comerciante de esta localidad: Bartolomé Servera ‘Piricus’, el cual, de joven, se había dedicado al comercio de la manufactura de tiras de palma; compraba al por mayor la materia prima y la repartía a domicilio.
Las mujeres del pueblo trenzaban la rafia en el porche de la vertiente del tejado de su casa, con las puertas abiertas de par en par con el fin de aprovechar al máximo la luz solar. Antigüamente, las casas humildes no tenían vidrieras en la entrada, el vidrio era un material caro. ‘Piricus’ pasaba por las casas cada semana para recoger la obra de palma elaborada a mano: capazos, abanicos, cuerdas, escobas, tejidos de estopa, etc. etc. Con el paso del tiempo, el comerciante se había hecho rico y, a principios del siglo XX, en 1904, aportó una importante partida de capital para la constitución en Manacor de la Central Eléctrica Hijos de Servera Melis.
En 1913, se creó el Banco de Manacor, con un capital inicial de dos millones y medio de pesetas, siendo Bartolomé Servera uno de sus fundadores.
Cuenta Antoni Josep Amengual que cuando Bartolomé Servera (1858-1929) apareció implicado con los negocios del pueblo de Capdepera, se le consideró una estrella de gran magnitud. Se había casado con una hija de don Mateo Melis ‘Patilla’ y a su vez, un hijo de éste contrajo matrimonio con una hermana de ‘Piricus’. La unión de ambas parejas, de casas acomodadas, acrecentó el crédito comercial de la Razón Social Hijos de Servera y Melis que gozó de gran prestigio y su existencia duró unos 35 años, hasta disolverse con la muerte de don Bartolomé, aun joven, pues reveses de fortuna y una enfermedad incurable segó la vida de este gabellí esclarecido y estimado, que en cierto modo engrandeció el comercio del pueblo a la par que su nombre.
La unión matrimonial de Juan March, hijo de Juan March Estelrich, rico comerciante de Santa Margarita, con Leonor Servera Melis, se celebró el 25 de mayo de 1905. March tenía 24 años, siete más que su esposa. Años después – según relata Pere Ferrer Guasp – el mismo March confesaría a uno de sus colaboradores que el suyo, como muchos otros en el seno de las familias acomodadas, había sido un matrimonio de conveniencia, gracias al cual se enlazaron dos linajes de ricos comerciantes. En 1906, Leonor Servera dio a luz al primogénito de la nueva familia, al que bautizaron con el nombre de Joan, respetando los padres la tradición de ponerle el del abuelo paterno.


SUBMARINO EN LA COSTA .- En julio de 1915, el mercante francés Colonial divisó, a siete millas al norte de las costas de Capdepera, cuatro barcas a vela y a motor que abastecían a un submarino alemán. Cuando el comandante del submarino se percató de la presencia del barco enemigo ordenó interrumpir la operación. Sonaron las alarmas a bordo y con celeridad cada tripulante ocupó su puesto y comenzó la inmersión. Las barcas que lo aprovisionaban pusieron proa a la costa y se alejaron a toda maquina del lugar.
Por otro lado, se aseguraba que no era factible que dicha acción, que exigía el máximo secreto, se hubiera podido efectuar en el litoral del término municipal de Capdepera, ya que allí estaban en plena temporada de la langosta, y el lugar señalado era una pesquera donde, todas las noches, había un gran número de llauts en plena faena. Decían que el día que había menos eran cuarenta y de haber sucedido lo del submarino equivaldría a un pregón de publicidad.
A pesar del desmentido, el comandante naval francés en el Mediterráneo, corroboró los hechos. Prosiguieron las investigaciones, el asunto se complicó, y quienes habían decidido sobre la presencia del submarino en aguas gabellinas tuvieron que cambiar de táctica y buscar algún responsable.
Aún negando la presencia de estas maniobras, se señaló que, de ser ciertas, la única persona que podría haberlas intentado era un ciudadano, sargento jefe de una organización de contrabandistas y propietarios de diversos faluchos.
Para cortar los problemas al efecto fue, precisamente Joan March quien medió en el altercado de la presencia del submarino, precisando que en el litoral donde el sumergible alemán habría podido ser avistado intentando abastecerse, vivían numerosas familias de pescadores, las cuales, todas ellas, tenían interés en que la misión de vigilancia de nuestro mar (que ellos se habían comprometido con March a efectuar) fuera un éxito.
Aquella gente era consciente de que la continuidad de su trabajo dependía de ello. Todos trabajaban para Juan March y en consecuencia si no le ayudaban estarían poniendo en peligro la subsistencia de sus hijos.
