14 marzo 2026

    UNA MIRADA ATRÁS Conxa Garau

    Conxa Garau

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    CALA RAJADA, FIESTA DEL MAR Y DE SU ALEGRÍA

    Cala Rajada es la flor que jamás pierde su aroma, relicario donde toma su brisa dorada el sol. Cala Rajada es amor, copa azul de espuma fría, es como la sinfonía de alguna divina orquesta, Cala Rajada es la fiesta del mar y de su alegría… (Antonio García Copado, poeta).

    Así cantaba el rapsoda en su estancia veraniega coincidente con las antiguas fiestas del Carmen que se celebraban en la Plaça dels Mariners, festejos con claro sabor marinero, esencia pura de nuestra Cala Rajada más genuina. La que está marcada, por su origen, como un pueblo pesquero, donde la pesca de “rajada” y langosta era, originariamente, la actividad principal. A pesar de la transformación del pueblo hacia el turismo, la conexión con el mar y la pesca sigue siendo una parte importante de su identidad.
    En 1924, un grupo de marineros creó el Pósito de Pescadores para representar sus intereses, con estatutos al efecto por los que se regían. Una institución que contó con una escuela para niños. Reivindicaron y lucharon para obtener un puerto adecuado a sus embarcaciones, el cual no llegó a construirse hasta 1949. A partir de 1960, Cala Rajada experimentó un crecimiento turístico, aunque logró mantener su carácter original pesquero. El puerto, “Es Moll”, que en sus raíces fue eminentemente pesquero, convirtióse en un lugar donde amarraban muchas barcas de pesca, así como también turísticas y deportivas. A pesar de ello, Cala Rajada ha logrado preservar su patrimonio marítimo y su relación con la pesca.
    Miembros de la Cofradía de Pescadores, jubilados mayores, forman parte de la historia de este bello enclave. La historia de los hombres del mar de Cala Rajada está profundamente ligada a la fundación de la localidad, desde el siglo XVII, convirtiendo “Es Moll” en centro de la vida local, con una atmósfera tranquila y conectada al mar.
    Las barcas de “bou” iban equipadas con pequeños “llaüts”, con un bote auxiliar para transportar las redes de pesca y comestibles para los tripulantes y marineros de a bordo de las barcas. En el momento de salir a pescar izaban el bote a bordo y, a la vuelta, lo descargaban con el pescado capturado hasta la llamada “sa platgeta”, que era la Cala Rajada original. Además, echaban los bidones de gasóleo al mar y, a remo, llegaban a la pequeña ensenada.
    La pesca de coral, a cargo de pescadores de Valldemossa que se trasladaron a nuestro litoral en 1860, fue notoria. Estos, con barcas denominadas “llaüts”, quedaron prendados de nuestra zona y se establecieron en ella, matrimoniando muchos de ellos con mujeres “gabellinas”. De Felanitx, Pollença o Sóller llegaron gentes de mar para residir en Cala Rajada. De ahí que la colonia pesquera de Capdepera se fuera incrementando al sumarse con los oriundos.
    El año 1910 había medio centenar de pescadores en Cala Rajada. Cinco años más tarde, 30 armadores calarajaders solicitaron la construcción de un puerto de refugio, puesto que en la bahía vecina de Cala Gat no podían guarnecerse con seguridad las embarcaciones que, en número de unas cuarenta, se dedicaban a la pesca.
    A principios de 1920, los pescadores de Cala Rajada conseguían voluminosas capturas de langosta, atún y cangrejos, por lo que pescaban casi las 24 horas. Las langostas se guardaban en unas construcciones sobre las rocas del mar, donde penetraba el agua, llamadas viveros, algunos de los cuales aún pueden contemplarse, en ruinas, en la ribera.
    Para los pescadores artesanales de Cala Rajada, integrados ahora en la Reserva Marítima de Llevant, la rutina pesquera no existe. A lo largo del año cambian el objetivo de las pesqueras hasta, aproximadamente, seis veces, como también las artes de pesca. Si no fuera por la riqueza pesquera que guardan los fondos rocosos del canal de Menorca, ya haría tiempo que no quedaría ni la mitad de la flota de artes menores de Cala Rajada.
    En el año 2000, cuando se creó el Parque Natural de la Península del Llevant, los pescadores ya solicitaron a la administración la creación de esta Reserva Marina de la que actualmente gozan, para la regeneración de las pesquerías. Siete años se tardó en configurar 11.000 hectáreas de mar como protegidas por ley, poco más de la mitad de esta área de aguas interiores dependientes del Govern, y el resto responsabilidad del Estado. Es la Reserva Marina más grande del Mediterráneo, una reserva atípica, cuya gestión comparten dos administraciones que se pusieron de acuerdo en la normativa que cabe aplicar a la pesca profesional, aunque no en la que corresponde a otros sectores afectados. Con este logro ya no caben más elucubraciones, puesto que Cala Rajada conserva unos cuarenta pescadores que perpetúan, tras vicisitudes de todo calibre, a lo largo de los años, aquella esencia genuina a que nos referíamos al inicio del presente artículo.
    Cala Rajada está de fiesta. Es la Virgen del Carmen, la patrona de nuestros pescadores. ¡Celebrémoslo! ¡Per molts d’anys!

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