15 marzo 2026

    Una Historia que fue muy comentada

    Nicolás Nadal

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    Llegó el día de dejarla, porque así lo quiso Dios… 

    No, eso no es así, eso es una poesía de José Espronceda y Delgado, pero esta colaboración hace referencia a una experiencia que yo personalmente viví en mi casa hace ya algún tiempo, a la edad de ocho años.

    Mi padre fue el capitán del arrastrero: “Águila Folio PM 220”. Era en la década de los años cincuenta, los tiempos de la “Cartilla del Racionamiento”. Un día se presentó en nuestra casa un vecino de Cala Ratjada (que por ética y educación silenciaré su nombre). 

    Este paisano vino a pedir a mi padre que por favor lo embarca con él en la barca de “bou”, ya que en su casa pasaban muchas estrecheces, y le dijo:

    -Tomeu. Embárcame en s’Aguila”, que no tengo nada para mantener a mi familia.

    Mi padre al ver la precaria situación, en que se encontraba, fue muy comprensivo y  le dijo: “Te diré que somos seis tripulantes, tendré que pedir permiso al armador para aumentar la tripulación con un marinero más”.

    Solicitó al armador el permiso para aumentar la dotación con un tripulante más, algo a lo que el armador accedió viendo la triste situación que mi padre le había detallado.

    El paisano (que como anotaba, silenciaré su nombre), que había pedido a mi padre que lo embarcara, era vecino de Cala Ratjada. Estaba casado con una mujer muy hermosa, que era una preciosidad. Tenía tres hijos. 

    Este marinero y mi padre, habían pedido permiso a l’amo Toni “Mario”, que era el guardabosques de Son Jaumell, para ir a sacar raíces de matas y leña los días que no se faenaba por mal tiempo. En la referida finca, el marinero le dijo a mi padre:

    – ”Tomeu: mañana he de ir al médico con mi esposa y no saldré a pescar”.

    – ”Bueno, de acuerdo. Lo primero es la salud y ve ha hacer lo que te precise más.

    Pero al quedarse en tierra, el marinero fue a buscar la leña acumulada con mi padre en Son Jaumell y venderla, 

    Cuando volvieron a la montaña para acumular más leña. Le dijo a mi padre: 

    – “Tomeu, nos han robado la leña”. Pero mi padre, que no era tonto, no se lo creyó y dijo

    “¿Quién sabía que aquí había tanta cantidad de leña más que tú y yo; y justamente ha desaparecido el día que te quedaste para ir al médico? Puedo ser pobre, pero no tan tonto como tu te crees”.

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    Con el paso de los años, la mujer de este vecino, fue el objetivo de un funcionario de una entidad bancaria de Capdepera. La familia empezó a ser agraciada con importantes cantidades de dinero.

    El marinero que había pedido que mi padre lo enrolara en el “bou”, ante el aumentó los ingresos, desembarcó y empezó a dedicarse a la hostelería, adquiriendo varios inmuebles y apartamentos, uno de estos en la carretera de Cala Agulla. 

    El señor March estaba en Barcelona, y coincidió con el proceso de la subasta de “Barcelona Traction” que se iba a celebrar en Amsterdam. Era el año 1960. 

    Unos extranjeros (no puedo precisar su nacionalidad, yo no sé tanto), estaban en la Ciudad Condal, para ir a la subasta, pero al enterarse de que estaba en esta ciudad el señor March, supusieron que sería para asistir a la puja. Los extranjeros se entrevistaron con el señor March, para que no fuera a la cita comercial. Ignoro yo la cantidad que ofrecieron al financiero para que no asistiera a la puja. Pero March cobró de los extranjeros una cantidad de dinero, y mandó a su hombre de confianza. No puedo precisar si era “Biel Trobat”, Montserrate o en su caso “Morant”, que en su nombre acudiera a la subasta. La cuestión es que March había cobrado de los extranjeros que se desplazaron para ir a Amsterdam, se hizo con FECSA (Fuerzas Eléctricas de Cataluña, S. A.). 

    L’amo Biel Trobat, que era el ahijado de doña Leonor, esposa de March, decidió que en los jardines del Palacio se montaran unos tenderetes, para celebrar tal acontecimiento por obtener la mayoría de acciones de FECSA. 

    En Cala Ratjada había bares, como “Vista Alegre”, “C’a’n Tomas”, “Casa Mateo” y “El Cortijo”. Cuando se tuvo todo montado, el señor Trobat, quiso pasar revista y observar “in situ” las existencias que disponían. Al final les dijo que el señor March había obtenido un gran negocio, que los tenderetes no tenían que ir de menudencias y si se consumía por un valor de 100 ptas, que presentaran gastos por valor de 1.000 ptas., y no se preocupasen por las facturas que presentasen.

    Aquí el “avispado” dueño de “El Cortijo”, luego el “Tucan’s”, vio el “cielo abierto” para aumentar su poder adquisitivo. 

    Pero en la Direccion General de la entidad bancaria, vieron que los números de la Caja de Pensiones para la Vejez y el Ahorro, en Capdepera no cuadraban, que había un gran desfase de dinero. 

    Se desplazó a Capdepera una Comisión de la entidad bancaria, y se armó tal revuelo social, que fue comentado durante un largo tiempo. No se celebró juicio alguno, el funcionario que al mismo tiempo era Juez de Paz del municipio, desapareció sin dejar rastro, fue destituido de su                                                              cargo y prácticamente desapareció de la escena social del municipio y olvidado por todos los vecinos de Capdepera. 

    Uno de los hijos, se trasladó a vivir a Palma, montando en la calle Manacor un hostal llamado “Sorrento”, y el otro desapareció en Menorca sin dejar rastro de sus actividades y prácticamente en el olvido de la sociedad gabellina.

     El paso del tiempo lo borra todo, incluso aquello que en sus años fue un gran revuelo en Capdepera. 

    Donde existió el Hotel Tucan’s, se convertirá en breve en una plaza de dominio público, cuyas obras de demolición dieron comienzo a finales del mes de noviembre. 

    Todo parece indicar que está cerca el día en el que Cala Ratjada dispondrá de una céntrica plaza para disfrute público y posiblemente para el olvido de una historia importante del pasado.

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