Toda su juventud la pasó Bartolomé Flaquer Moll fuera de Mallorca, de donde salió a los 16 años. Comienza en Madrid varias carreras (Farmacia, Ciencias Políticas y Económica) sin terminar ninguna. Pero eso le permitió relacionarse con personalidades de mucho peso en aquel entonces.
En 1967 monta en Capdepera un laboratorio de especialidades farmacéuticas: Instituto Médico Farmacéutico Internacional. S.A., apoyado por personalidades del mundo social, político y financiero de Madrid y Barcelona. Él es el presidente del Consejo de Administración y sus únicos socios: su padre y su madre.
Dicho Instituto, del que no se conoce ninguna actividad hasta el momento, no ha existido nunca más que sobre el papel del Registro.
Tres años más tarde, compra, en condiciones ventajosas, los laboratorios Lafi de Palma, de preparación de productos farmacéuticos, pagando por ellos la cuarta parte de su valor real.
En 1973, consigue que el Consejo de Ministros celebrado el 16 de noviembre, acuerde conceder a la sociedad Iprodesa (Instituto de Promoción y Desarrollo) 28.083.600 pesetas para un Polo de Desarrollo en Huelva.
Iprodesa se constituirá mediante escritura el 28 de enero de 1974, con un capital social de 26 millones de pesetas ¿eran las mismas que concediera el Consejo de Ministros?.
Él, Bartolomé, era el presidente y secretario general; vicepresidente, Luis Rodríguez Ramos, hijo del subsecretario de la Gobernación y luego exMinistro de la Vivienda, Rodríguez de Miguel, hoy inspector del Tribunal Supremo.
La sociedad tenía por objeto, en principio, la fabricación y elaboración de vinos espumosos en el Polígono de desarrollo industrial de Huelva. Se pidió la maquinaria apropiada y se firmaron letras, pero no se llegó a construir ningún edificio, ni fueron a recoger la maquinaria, ni se pagaron las letras.

A pesar de que el domicilio de B. Flaquer señalado en el Registro Mercantil de dicha sociedad fuera bien claro (Félix Boix, 12 Madrid), el 4 de octubre de 1975 aparece en el B.O.P. una citación judicial para Flaquer “de actual domicilio o paradero desconocido, para que dentro del plazo de diez días comparezca ante este juzgado nº1 de Palma de Mallorca, a fin de ser oído en el sumario número 341 de 1975 sobre estafa, previniéndole que, de no verificarlo dentro del plazo señalado, será declarada su prisión”.
Al parecer, ni se presentó en el plazo previsto ni se decretó su prisión. Al contrario, dos meses más tarde era nombrado alcalde de Capdepera a instancias del bunkeriano Gobernador civil, Carlos de Meer, en una extraña operación en la que casi todo quedaba atado y bien atado.
El 4 de diciembre de 1975 , un notario con residencia en Artá ( Alberto Fuentes Sintas) da fe de que ha sido requerido por Bartolomé Flaquer, soltero, director de empresa, vecino de Capdepera, calle General Franco 3 ( una gran casa situada donde, actualmente, está el aparcamiento denominado de Ca’n Patilla), para que “constituyéndome en la Secretaría del Ayuntamiento de Capdepera, lea al señor secretario el acta autorizada por el notario de Madrid, Antonio Moxó, el 29 de noviembre pasado, de que le entregué la baja provisional de empadronamiento que se relaciona, y le solicité la expedición de un certificado de hallarse entonces el requirente, empadronado en el municipio de Capdepera o, cuando menos, un certificado de haberle sido entregada la expresada baja, con la expresión de que en la misma no hay ninguna diligencia de alta provisional en otro Ayuntamiento”.
Según se hace constar en el acta leída ante el secretario, se le había dado de baja provisional en el padrón de Capdepera el 25 de octubre de 1974, baja solicitada por Iprodesa, por si lo creyese conveniente, con el correspondiente empadronamiento en Huelva.

Curiosamente, dos días después de haberla conseguido, el Consejo de Administración, presidido por él mismo y reunido en Palma, cambia de parecer y vuelve a pedir el empadronamiento en Capdepera. El padre de Bartolomé, Jerónimo Flaquer, exalcalde y ex jefe local del Movimiento, encargado por su hijo de retornar dicha baja, no le da demasiada importancia –según justifica luego– y deja de cumplir su encargo.
Es a finales de noviembre de 1975, coincidiendo con las exequias del General Franco, cuando se da cuenta que todavía no había hecho entrega de la baja de empadronamiento.
Precisamente, después de que B.Flaquer haya pedido la influencia de Rodríguez de Valcárcel, cuyo hijo es íntimo amigo de Flaquer, para que fuera nombrado alcalde de su pueblo, el gobernador Carlos de Meer recibe una nota en la que se indica que Bartolomé Flaquer debe ser empadronado en Capdepera. Al mismo tiempo, exige el Gobernador civil al entonces alcalde de Capdepera, Jaime Fuster, que presente su dimisión y le manda una comisión de falangistas ante posibles resistencias para asustarle y para que se retire definitivamente. Presionado de esta manera, Fuster no tarda en presentar la dimisión sin haberlo consultado siquiera con algún concejal.Dos días después de esta fulminante y diplomática destitución, Carlos de Meer nombra un nuevo alcalde: Bartolomé Flaquer Moll. Sólo que un pequeño detalle le pasa por alto: Flaquer no había conseguido el certificado pedido al secretario y, en consecuencia, no constaba que estuviera empadronado en Capdepera. Pero eso no importaba demasiado en aquel momento. El nombramiento a dedo se llevaría a efecto, según los cánones del franquismo todavía vigente.
