14 marzo 2026

    TIB directo a Palma: El Consorci  de Transports obvia a Capdepera 

    Relacionado

    Comparte

    Durante mucho tiempo, Capdepera ha soñado —y ha reclamado, aunque con voz templada— algo tan simple como lógico: una línea de autobús directa que conecte Cala Rajada con Palma sin necesidad de transbordo. No se trata de un capricho, ni de una extravagancia de municipio consentido. Es, simplemente, una necesidad evidente. Especialmente si tenemos en cuenta que la línea 411, que une Cala Rajada con Manacor, fue la que más ha crecido en usuarios de toda Mallorca en el último año, superando el medio millón de viajeros entre septiembre de 2022 y septiembre de 2023.

    Pero si algo nos ha enseñado la política —y más aún, la política entre administraciones— es que las cosas no siempre llegan solas, por muchos datos que las justifiquen. O, como dirían en inglés, “it’s better to ask for forgiveness than permission”.

    Durante dos años se han escuchado argumentos técnicos y promesas pendientes, eso sí ninguna en público para no mojarse (posiblemente allí esté el problema): primero que si los autobuses no estaban homologados, luego que estaban en la península a punto de llegar… y así, entre una cosa y otra, el tiempo ha pasado. El Ajuntament, mientras tanto, ha mantenido un tono institucional y respetuoso, confiando en que la sintonía de colores políticos entre Capdepera, el Consell y el Govern bastaría para avanzar. Pero en política, quien no llora, no mama. Y aquí quizás (con todo el cariño del mundo) el consistorio pecó de inocente.

    El resultado: nuestro municipio sigue a día de hoy sin línea directa a Palma ni al aeropuerto, mientras otros como Son Servera —con menos usuarios en algunas rutas— sí la tienen. La pregunta se impone sola: ¿por qué ellos sí y nosotros no?

    Medio millón de razones… y ni una excusa

    La demanda está más que acreditada. Las cifras del Consorci de Transports de Mallorca (CTM) son claras: más de 509.000 viajeros en la línea 411 en un año. Más de 1.000 personas al día, en trayectos que obligan a transbordar en Manacor con esperas que a veces superan la hora. Y sin garantías de asiento en los enlaces.

    Además, en un contexto de precios de carburante al alza y con la gratuidad del transporte público en marcha, la ciudadanía ha respondido: usa el bus, lo llena y lo exige. Ahora le toca responder a la administración. Y eso no es para echar culpas a nadie, sino para conseguir (que no solo buscar) soluciones.

    Aviso (educado) a navegantes

    La alcaldesa, Mireia Ferrer, y el regidor de Movilidad, Manuel Filgueiras, se reunieron hace un año con el director del CTM, Biel Ferrà (porque por el camino hubo cambios), y arrancaron un compromiso: la línea directa con Palma será una realidad (el problema es que no se obtuvo un cuándo público, un compromiso de fecha). El trazado debía incluir Cala Rajada, Capdepera, Artà y Sant Llorenç, hasta llegar a Ciutat. Estaba previsto para entre abril y mayo, DE 2024, cuando llegasen los nuevos autobuses del TIB (que por lo visto se debieron perder por el camino y nadie fue a su rescate para traerlos; pobrecitos).

    Buena noticia, sin duda, en su momento. Una consecuencia de una presión ciudadana creciente, reflejada en comentarios, en redes, en debates, y también en los pasillos. 

    ¿Y el lobby empresarial?

    Otra gran incógnita es el silencio del sector turístico local sobre este tema en los últimos tiempos, ya que debería haber sido el primero en ejercer presión para lograr esta conexión directa. Porque no se trata solo de residentes: se trata de la imagen del municipio, de su accesibilidad y de su atractivo turístico. 

    ¿Será porque alguien intenta hacer por todos los medios puntos en Palma para cuando llegue el momento? Y si además tienen ahora mesa en Palma (y no solo metafóricamente), quizás habría que pedirles que la usen también para defender intereses locales.

    Una oportunidad para no volver a callar

    Ahora que el proyecto está en marcha, es momento de ponerse duros y arrancar una fecha para esta temporada y de recordar que la institucionalidad no está reñida con la firmeza. La historia reciente del bus a Palma demuestra que, por muchas cifras que avalen una necesidad, si uno no alza la voz, otros pasarán delante.

    Y ojo: esto no va de confrontación, ni de partidismos. Va de recordar que, gobierne quien gobierne, el Ajuntament se debe a Capdepera. A su gente. A sus trabajadores. A sus estudiantes. A sus turistas. A sus negocios.

    Y sí, a veces el fuego más peligroso no es el enemigo, sino el que llega desde la propia trinchera. Porque cuando uno espera que el apoyo venga solo por afinidad, y no llega, el golpe duele más. A eso, en política, se le llama fuego amigo. Y como dice el dicho, “es el peor de todos”.

    spot_img