Entrevista a Noemí Dalmau, presidenta de Joventuts Musicals de Capdepera
Este mes de julio vuelve el clásico estival de Cala Rajada. Las Serenates d’Estiu 2025 celebran su 36.ª edición con una programación de cinco conciertos que abarcan desde la música de cámara hasta la zarzuela, pasando por el jazz o el virtuosismo de la guitarra clásica. Con la mirada puesta en el futuro, Noemí Dalmau repasa la trayectoria de este festival nacido en 1988 y que ha sabido mantener su personalidad en un entorno tan exigente como encantador: los Jardines de la Torre Cega.
Bueno, llega una nueva edición. ¿Qué la caracteriza este año?
Esta edición es la número 36 del festival y está formada por cinco conciertos, en la línea del carácter que define las Serenates d’Estiu de Cala Rajada: una programación de temática variada, equilibrada y de excelencia musical. Contamos con un repertorio seleccionado para ofrecer una amplia oferta al público, con solistas y agrupaciones reconocidos, tanto consagrados como emergentes, todos ellos de una destacada calidad artística. Los conciertos se celebran todos los jueves de julio, a las 22 h.
¿Cómo se organiza un evento de estas características? ¿Con cuánto tiempo de antelación os ponéis?
Un evento así requiere una planificación muy meditada. Aunque ya tenemos mucha experiencia, el trabajo es continuo. Descansamos un poco en septiembre y octubre, pero enseguida empezamos con la nueva edición: buscamos propuestas, contactamos artistas, negociamos programas, coordinamos fechas con las fiestas del Carme, las instituciones, patrocinadores, estrategias de difusión… Todo dentro de las posibilidades de una asociación sin ánimo de lucro como es Joventuts Musicals de Capdepera.
¿En qué se ha basado el programa para 2025?
En ofrecer una programación atractiva, pensando en nuestro público, con conciertos que despierten el interés y el gusto por la música, y que abarque variedad. Queremos que el público disfrute y que asista a todos los conciertos, porque todos ofrecen algo especial y diferente.
¿Qué nos puedes contar de cada uno de los conciertos de este año?
El primero, el 3 de julio, fue un dúo peculiar formado por Marina Moyà (saxofón) y Víctor De la Rosa (clarinete), dos músicos de aquí con gran trayectoria. Fue un concierto dedicado a Eduardo Bernabé, recientemente fallecido.
El segundo es a cargo del joven guitarrista Ausiàs Parejo, una figura emergente con una agenda internacional impresionante.
El tercero será una gala de zarzuela con la productora Diabolus in Musica, un género que nos pedían mucho.
El cuarto es el concierto de jazz, este año con Biel Ballester y músicos locales extraordinarios.
Y cerramos con un cuarteto de cuerdas de primer nivel: Zephyr String Quartet, con músicos de orquestas como la Royal Liverpool Philharmonic y la BBC Scottish Symphony.
Cuando llegan los días previos, ¿qué sentimiento te viene a la cabeza?
Que todo esté preparado. Hay muchos detalles a tener en cuenta. Que la logística funcione, que todo el personal esté coordinado y, sobre todo, que el público responda y disfrute. Ese es nuestro motor.
Tú has vivido la evolución del festival desde dentro. ¿Qué futuro le ves?
He crecido con este festival. Pero los tiempos han cambiado mucho y hay decisiones importantes que tomar. La sociedad de hace treinta años no es la de hoy. Antes había una gran vocación por el voluntariado. Hoy, las asociaciones sin ánimo de lucro hacemos lo que podemos con nuestros recursos, pero hay que profesionalizar muchas áreas. Lo hemos hablado con el Ayuntamiento y hay que definirlo ya.
Hay una demanda concreta, pendiente desde hace años, ¿verdad?
Sí, una concha acústica. Tuvimos paneles que ayudaban a la proyección del sonido, pero se retiraron por seguridad tras un derrumbe justo antes de un concierto. Desde entonces, hemos buscado opciones y aunque hubo proyectos cerca de salir, aún no lo hemos conseguido. Seguimos trabajando para que sea posible.
El entorno también suma.
Sin duda. Escuchar música en los jardines de la Torre Cega, con la bahía de fondo y el cielo estrellado, convierte cada concierto en una experiencia mágica.
¿De dónde viene esa tradición musical en Capdepera?
De muy atrás. Antes había mucha gente implicada en corales, bandas, escuelas de música… Todo eso hay que cuidarlo. Es como tener un árbol lleno de frutos, pero que hay que regar.
¿Estáis contentos con el apoyo institucional y privado?
Muchísimo. Los patrocinadores privados nos ayudan muchísimo. Son empresas del municipio que se vuelcan con el festival. También la colaboración con la Fundación B. March Servera y Juventudes Musicales de España es clave. Son pilares fundamentales.
¿Qué es Joventuts Musicals de Capdepera?
Una asociación sin ánimo de lucro que organiza desde 1988 las Serenates d’Estiu. Nacimos cuando no había festivales musicales en la comarca. Hoy seguimos siendo un festival de referencia. Animamos a la gente a hacerse socia, con una cuota simbólica de 25 € al año, lo que ayuda a mantener todo este trabajo durante todo el año. Además del festival, organizamos conciertos en el Auditorio Cap Vermell o el Castell. En nuestra web se puede encontrar el formulario.
¿Algo más que te gustaría comentar?
Sí, invitar a todos a venir al festival. Cada concierto está pensado como una experiencia distinta, como un menú degustación musical. Hay variedad, sorpresas, calidad y un entorno privilegiado. Es una oportunidad para disfrutar del arte y de la música en un espacio único en la isla.






