Nicolás Nadal
Es un tanto difícil saber cuándo empezó la pesca de arrastre en el puerto de Cala Ratjada. Esto no ha sucedido en mis tiempos, pero por comentarios que son merecedores de cierto crédito, el primer arrastrero de nuestro puerto fue una embarcación equipada de “llaüt”, denominada “Miguel Pequeño”. Debió de pasar, lo que se dice, sin pena ni gloria.
Lo que sí sé es que fue propiedad de los hermanos Matías y Miguel Esteva Fernández. Estos hermanos, al cabo de poco tiempo, adquirieron un arrastrero tipo balandra denominado “Águila”, Folio 220, del cual mi padre, Bartolomé Nadal Moll (epd), fue patrón de pesca en este “bou” por más de 30 años.
Mi padre era el tercero de diez hermanos. Me contaba que para ir a aprender a leer, escribir y algunas reglas de matemáticas, se tenía que desplazar al Faro de Capdepera (allí había un farolero que enseñaba a unos pocos alumnos). Para ir al Faro era un camino muy angosto, con mucha dificultad, ya que no había carretera alguna.
Ante estas dificultades, mi padre se “hizo la puñeta” y, en vez de ir a la “escuela del Faro” (la calle Faro era su antigua denominación, hoy se llama de Leonor Servera), decidió ir a pescar de lo que fuera. La cuestión era coger algunos calamares para cocinar; si los podían vender, pues mejor que mejor. Cabe preguntarse: ¿a quién podía vender el pescado capturado? Difícil respuesta, ya que Cala Ratjada era lo que era: cuatro casas mal contadas que formaban una aldea.
Se dice que “sabe más el diablo por viejo que por diablo”. Mi padre sabía leer y escribir, ya que su hermano mayor Andrés iba al Faro para aprender, y este enseñaba a mi padre lo que había aprendido. Su experiencia era muy considerada por los años vividos en la pesca.
En aquellos tiempos no existía el sistema GPS ni nada por el estilo. Se guiaba por la estrella Polar o por señas, coincidiendo y encuadrando las montañas de la costa con las del interior de la isla. Mi padre falleció el día 19 de julio del año 1980.
Me enseñó que la verdadera felicidad no consiste en evitar las olas, sino en aprender a surfearlas. De él aprendí que la resiliencia, la gratitud y el optimismo son pilares fundamentales para convivir en la sociedad. Me dio a entender unas señales que la naturaleza avisa de un cambio próximo de tiempo. Algunas señas en mallorquín, como: “Nigulats en creu, prest aigua veureu”, “Cel empedrat, prest serà banyat”, y otras en castellano como: “Por levante claro y por el poniente oscuro, temporal seguro”.
El mar fue mi primera opción, que también me dio la posibilidad de conciliar una vida como la habían llevado mis antepasados.
Volviendo a la pesca de arrastre, se tenía que ir con mucho cuidado, cronometrando el tiempo de arrastre con el reloj, algo difícil de entender hoy en el siglo XXI. Yo, como hijo suyo, es muy poco lo que aprendí, ya que me interesaba más por aprender de los libros que de su experiencia.
Donde solía calar el “bou” era en el Faro de Capdepera, enfilando por “Es Coll des Vidrier”, conocido por “Ses Morenetes”. Había pesquerías que hoy se les presta muy poca atención, como “Sa Carrera d’en Panada” o, en el oeste de Menorca, conocida por “Es Clapisa”.
Hubo un tiempo que yo llevaba a bordo una cesta llena de libros, que era mi propia mini biblioteca, para aprender e ir estudiando lo que me interesaba. Los demás marineros, al ver que yo iba con mis libros, se mofaban y se burlaban de mí diciendo: “Ahora viene el abogado, que estudia cómo defender nuestros intereses”.
El día 6 de abril del año 1959, que era un lunes, el bou arrastrero “Francisco” se hundió, y con él se fueron todos los libros que yo llevaba a bordo. Fue una gran pérdida para mí.
La pesca de arrastre actualmente está toda controlada por la Comunidad Europea. No se puede pescar a fondos inferiores de una cierta profundidad, pongamos unos 50 metros, cuando antes no había control de ninguna clase. Hoy está todo regulado, incluso las horas de salida y llegada a puerto de los arrastreros. Se lleva un control incluso del grosor de las mallas, pero por mucho que se mida, el pescado que entra en la red no sale ni por la malla que lo regule.
Verdaderamente, en el Canal de Menorca, el daño que ocasiona la pesca de arrastre en el fondo es algo a considerar. Cuando se descubrió la pesca de la gamba a unas 400 brazas en el puerto de Cala Ratjada, había una gran cantidad de arrastreros. La flota estaba compuesta por: “Cala Ratjada”, “Cala Agulla”, “Cala Dent”, “Joven Miguel” (Capdepera), “Rosa Mestre”, “María Caturla”, “Juma”, “Monte Colmenar”, “María Victoria”, “Pranbar”, “Marilla”, “Joven Emilia”, “Marisita”, “Mirmer”, “Joselito” y “Silvia”.
Hoy únicamente quedan tres o cuatro arrastreros.
El Comandante de Marina me llamó a consultas, sin especificar para qué me requería
Pasando a otro tema relacionado con la pesca, por las tardes daba un paseo por el puerto para interesarme de cómo había ido la pesca. Me encontré con un gran maestro redero, muy molesto y enojado. Su estado no era normal.
Le pregunté, al verlo con cara de pocos amigos, a Antonio Morató (epd), más conocido por “Tonet”:
—¿Qué le pasa, Tonet? Parece que está algo molesto.
Él me contestó:
—¿Qué quieres que me pase, Nicolás? Pues que cuando salen los arrastreros del puerto les sigue una patrullera de vigilancia hasta el punto de pesca. Una vez que han calado las redes, la patrullera se dirige a cualquiera de los arrastreros y les hace sacar la red para calibrar si la malla es reglamentaria y si está en las debidas condiciones. ¿Tú sabes, Nicolás, lo que cuesta sacar la red del fondo? ¿No bastan tres cuartos de hora?
Prosigue Tonet: ¿Por qué no hacen estas mediciones en el puerto? Los armadores salen al mar en toda regla, con los seguros y los papeles en condiciones, los roles al día con la dotación, y les hacen perder mucho tiempo sacando la red una vez calada.

Yo llegué a mi casa y, sobre lo explicado por el redero, redacté una extensa nota para el Diario Baleares, que se publicó a los tres días. La leyó el Comandante de Marina de aquel entonces, don Ramón Cuervo Pita.
Esta autoridad mandó un escrito dirigido al contramaestre del puerto de Cala Ratjada, don Antonio Reixach Font, en búsqueda y captura de Nicolás Nadal.
El contramaestre me localiza y me pregunta:
—¿Qué pasa, Nicolás, que el Comandante de Marina, don Ramón Cuervo Pita, te quiere ver en su despacho?
Yo le dije:
—Hazle saber al Comandante de Marina que, si no se explica con más detalles para qué se me cita, yo no voy a Palma sin saber para qué. Cuando la Cofradía de Pescadores le invita a algún evento, bien fácil lo tiene para desplazarse a Cala Ratjada. Así pues, si quiere algo de mí, sabe dónde encontrarme.
El contramaestre me dice:
—Bueno, Nicolás, tampoco hay motivo para que te pongas así. Por lo menos fírmame esta notificación, de que estás enterado de la citación. En caso de que no acudas, yo he cumplido con mi deber.
Yo le dije:
—No hay problema, yo te firmo lo que necesites, pero que conste que tengo la Licencia Absoluta de haber servido a la Marina dos años, y como no me liga nada con la Comandancia, si no se explica para qué quiere mi comparecencia, mejor que me espere sentado, que de pie se cansará.
Nunca más se me ha molestado para nada.
