Aquel era un caluroso día más del bochornoso mes de julio. Bajo uno de los toldos que cubrían una de las mesas del exterior del Bar Orient se hallaban sentados el boticario, el alcalde, el maestro y un par de comerciantes de la localidad. A cierta distancia, marcada por la prudencia, y a causa de un cierto desaire hacia su persona, hay que decirlo, por parte del mencionado grupo, se hallaba el señor Prubí, don Jorge Prubí i Camps….Éste tenía la molesta impresión de sentirse observado, de ser plato único, y principal, de la comidilla que se mascaba en aquella cercana mesa. Además, no se encontraba del todo bien, estaba asaz fastidiado de la resaca de la pasada madrugada. Aún le duraba, Tenía jaqueca, unas ojeras que le llegaban a la sotabarba y, también, un profundo dolor, muy testicular, que lo mantenía bastante inquieto en su silla…

El boticario decía: __”Y.., a propósito de “Sa Font de Sa Cala” …, creo que la noche pasada hubo por allí un “sarao”, privado, eso sí, pero de los más escandalosos que se recuerdan por aquellos veraniegos andurriales…”
A Prubí, que era todo orejas, las palabras le llegaban como martillazos a su dolorida cabeza.
__”Bueno, ya sabemos de lo que son capaces los turistas y que vienen aquí sólo en plan de divertirse…”, comentó uno de los comerciantes, un tal Sancho.
__”Pero lo de anoche no fue organizado por un turista aunque sí, según las fidedignas noticias que tengo, por un forastero…”.
__”¿Un extranjero? , preguntó el maestro.
__ “Sí, y no!. Más bien, diría yo, un foráneo.
__ “¿Y se sabe…?. La pregunta la hizo, ahora, otro de los comerciantes, un tal Flaquer.
___ “Se insinúa, se sospecha, se dice, se rumorea, se habla, se murmura, se susurra…”
___ “¡Vamos, suéltelo ya..!, exclamó más de uno.
___ “Qué más quisiera, pero…”. El boticario, al parecer, se hacía el remolón y sus ojillos, bajo las espesas cejas, brillaban divertidos.
__ “Bueno, déjese ya de tanta intriga, don Miguel, y nos diga, al menos, qué pasó en el “Camping”, apremió con fingida impaciencia el maestro.
__ “¿He citado el “Camping” en algún momento?
___”¡Coïons qui’n homo! ¡ Qué hombre!”
Y llegó, con su coche “Balilla” el veterinario , que aparcó enfrente del “forn de Ca’n Mangol” en la calle de la Luz, y al preguntar por las novedades no recibió respuesta. Y se limitó a ojear y a escuchar…
El boticario parecía tener a todos en vilo, pero el que en realidad estaba apurado era don Jorge Prubí que, desde donde estaba sentado, lo oía todo… Aparte de la orquitis que tenía, la resaca, el dolor de cabeza, secuelas todo ello de la pasada madrugada, se veía ahora aludido por aquella gente que, subrepticiamente, hacían preguntas al farmacéutico cuando ya todos debían conocer, con pelos y señales, ¡ casi seguro!, todo lo que pasó la noche anterior en Ca’n Cardaix , y con toda seguridad por boca del mismo Toni. Tarde o temprano se lo haría pagar.

Ahora de quien quería vengarse, a toda costa, era de la causante de todo aquel guirigay : aquella efusiva y temperamental mujer llamada Erika, y del rubio cabroncete y confabulador Klaus, su marido, o lo que fuera… ¡ Cómo se divirtieron a su costa..!
Y, ¡oh!, sorpresa: De pronto, apareció por la plaza la parejita en cuestión. Estaban merodeando por los tenderetes plantados en aquella explanada; era miércoles, día de mercado en el pueblo. La feria estaba bastante concurrida y no menos animada, muchos turistas curioseaban los diversos artículos expuestos, y que algunos compraban. Erika y Klaus, en cuanto vieron a Prubí, haciendo aspavientos de alegría, se dirigieron hasta donde el catalán se encontraba. Erika, a pesar de ir correctamente vestida, llamaba la atención. Por su bonita cara y su esbelta figura; llevaba una especie de polo rayado con franjas azules y transversales, a lo marinero, que se ajustaba a su busto haciéndolo resaltar, y contrastándolo, a un tiempo, con su fina cintura de avispa.
Sí, aquella tentadora hembra tenía mucho más de avispa que de mariposa. Para Prubí era una especie de himenóptero sin alas. Don Jorge ya sintió, nada más conocerla, su temible aguijón en sus carnes y, ahora, algo que se removía en su persona, como una punzada de dolor, le avisó que no estaba el horno para bollos.
__” ¡Gorgue…, míster Gorgue.. querrido don Gorgue…!”
__” ¡Lo que me faltaba!”, pensó Prubí. Pero la joven fue prudente y sólo le dio un correcto besito en la cara. Klaus, sonriendo como siempre, le estrechó con tanta efusión la mano que le hizo temblar todo su maltrecho cuerpo.
Don Jorge apenas pudo disimular el profundo dolor de su orquitis, de su jaqueca y de su enorme cabreo. Para más inri eran ahora el blanco de las miradas de aquellos malintencionados y fisgones tertulianos que se cruzaban, entre ellos, sarcásticas sonrisas, carcajadas, e irónicas miradas de inteligencia…
___” Nosotros venir a ver a Vd., y hablar…”
Haciendo un tremendo esfuerzo, Prubí se levantó e imitando, en su forzada andar, a John Wayne, se adentró con los jóvenes hasta el interior del local.
___”¿Han oído?: Mi querrido Gorgue…
El maestro trataba de imitar la voz de la joven e hizo amago de querer besar al boticario. Don Jorge y la parejita se sentaron ante una mesa retirada, y junto a una ventana del bar, desde donde podían escucharse las humillantes risotadas de los contertulios.
___”Han dicho que quieren hablar conmigo? Prubí trató de disimular y quitar importancia a los hechos y, aunque en su fuero interno, los maldecía, añadió: __”Si es por lo de anoche, están ustedes disculpados”.
___” ¡Oh, no! Nosotros divertir mucho… Cena, very good; mero, very good, todo very good. You, also, very good..” Erika, al verle tan serio, puso más picardía en sus ojos, frunció coqueta su linda boquita y, estirando los morritos, comenzó a hacerle carantoñas.
Prubí, violento por la situación, creía que todo el mundo les miraba, aunque en ese aspecto andaba, en parte, descaminado, pues los turistas, que eran mayoría dentro del local, se desentendían casi por completo de ellos. El “casi” lo acaparaba Erika. Tan sólo unos pocos, precisamente los de su mundo, es decir: los que del pueblo eran, y que allí, dentro del local se hallaban, procuraban no perderse detalle, ni del catalán – por lo que se rumoreaba en el pueblo (“poble petit, llengua llarga…, ya se sabe”), ni de la preciosa alemana. Klaus parecía divertirse y, como siempre, sonreía.
___”¡Oye, tú, so pedazo de cabrón, dile a tu niña que se deje de coqueteos y de monerías. Aquí todos me conocen y soy una persona muy respetada”.
__ “ ¡Já, já, já!” pronunciaba el alemán, sin dejar de sonreír, con un expresivo gesto de su puño, y de su dedo pulgar, señalando hacia el exterior del bar desde donde llegaban las risotadas de los contertulios que no dejaban de hacer bromas a costa del catalán.
__” ¡Pero, bueno! , — se decía para sus adentros Prubí —: ¿ Es que este imbécil y la mocosa me van a fastidiar hasta el punto de convertirme en el hazmerreír del pueblo..? .
___” Querrido Gorgue, yo no querer que tú insultar a mi marrido, por favor, y enseñar a él pescar meros grandes y very much pescaditos… Si tú enseñar pescar a Klaus, yo very buena contigo”, añadió sonriendo provocativa y, en extremo, coqueta.

Otra punzada de dolor y don Jorge optó por ceder, o claudicar, por el momento, ante aquella seductora sirenita. Se consoló por un par de motivos: que el ceder a los deseos de la joven iba con sus planes de venganza y que si, con algo de paciencia, lograba “pescarla a ella” inoculándole todo el veneno, y la mala milk que llevaba dentro, puede que se le curaran todos sus males. Más, por ahora, no le convenía recrearse en ello: le resultaba harto doloroso imaginar que tal cosa pudiera suceder.
Quedaron en verse, al día siguiente, en la playecita del Carregador. Pero, antes, tenía que comprar una escopeta de pesca submarina y demás accesorios que necesitaría Klaus para su aprendizaje. Le daría clases de pesca a aquel albino germano en días alternos, o concertados, más a Prubí le daba la certera impresión de que mucho antes arponearía , en el exacto sentido de la palabra, al alemán, que a su hermosa compañera.
No le hacía ni pizca de gracia que se mofaran de èl, y menos aquel imbécil de rubios y lacios cabellos, con su permanente sonrisa de idiota. Toleraba más a la rubita teutona que, aunque no la creía muy buena que digamos, como persona, sí que le suponía superior por su apariencia y feminidad. Ella le había dado a entender, con su tentador palmito, e inocentes y lánguidos ojos azules, que tuviera esperanza…
Continuará….//
