Los primeros “desfressats” són els “dimonis” de Sant Antoni. Ellos inauguraban la desaparecida época de las tradicionales “Vetleries gabellines” que, noche tras noche, los vecinos del pueblo: Capdepera, celebraban en casas particulares, reuniones familiares donde se encontraban personas de ambos sexos para elaborar la obra de palmito “fer llata”, las cuales servían de entretenimiento, de diversión, de comunicación, de compañía y, también, de ahorro. Era el inicio del carnaval, de las visitas de las máscaras a estos lugares nocturnos, que finalizaba por los “darrers dies” antes de la cuaresma.
“Anar a fer veïnat” era la expresión que utilizaba la gente que no acudía a las “vetleries”, pero sí que se reunían en casa de algún vecino para pasar la velada trabajando. Allí no se hacían juergas, solamente se hablaba y se “xafardeava” y únicamente solían ser grupos de seis personas, no más.
“La rotlana” era una reunión que se hacía por la tarde a cargo de mujeres vecinas o grupos de amigas jóvenes, donde cada una hacía “llata” del tipo que necesitaban en sus casas. El lugar donde ello se hacía tanto podía ser una cochera, un rincón grande de la parte baja, un corral, un patio, una terraza o en la misma calle. Más o menos había una “rotlana” en diferentes casas de la misma calle. Esa costumbre se extendió incluso en pleno verano, “prendre la fresca”.
Las vivencias y las canciones de las “Vetleries” de Capdepera las he encontrado en un libro que dice ser un pequeño homenaje a todos los abuelos y abuelas que, a través del tiempo, han hecho llegar su cultura hacia las nuevas generaciones. Abuelos y abuelas –como dice una de las autoras de ese libro– que sin los medios que se tienen en la actualidad, con dedicación y santa paciencia, han trasladado a nuestros días las canciones de “vetleries” y “serenates” de las que hoy pueden gozar y hacer uso ellas.
El legado que en 2007 dejaron Catalina Alzina Gómez-Quintero, Maria dels Àngels Gómez-Quintero, Elionor Gómez-Quintero Garau, Bel Morey Genestra y Maria Esperanza Riera Llinás, con la colaboración de Antonia Flaquer Ferrer, Antonia Vaquer Aguiló, Joana Colom Brunet, Margalida Mayol Llull, Maria Llull Escales y Tòfol Sureda Adrover es inabarcable.
El Ayuntamiento de Capdepera, cuando era alcalde el señor Bartomeu Alzina Sureda, concedió cuatro becas destinadas a la actividad de la obra de palma, sobre la que el libro trata desde un punto de vista más etnográfico.
Este trabajo, como explican las autoras en su mayoría, consistió en inventariar las “vetleries” existentes en el municipio, comentar brevemente la ubicación de las mismas, los participantes en ellas y la idiosincrasia de cada una y, por otra parte, mostrar la parte lúdica de estas reuniones caseras, verdaderos centros de encuentro y cohesión social de los vecinos de calles y barrios del término municipal.
Las “vetleries” eran un mundo de fiesta, de cánticos, que se manifestaban en un círculo mágico, donde se reía y se reían del prójimo desenfadadamente, donde acudían grupos de “desfressats” a amenizar la velada, haciendo sonar instrumentos musicales y encendiendo periódicos y papeles persiguiendo hombres a mujeres “socorrant” las faldillas de estas últimas.
Para quienes, como las mencionadas más arriba, han investigado y escudriñado en la memoria oral de los “gabellins” habrán reconstruido para quienes no lo hemos vivido los contenidos, las estructuras y los procesos de aquellas reuniones tradicionales, perfilando sus características, efectuando con precisión entomológica la situación de aquellos pretéritos tiempos, recogiendo su creatividad y trasladándola a las escuelas y centros culturales de juventud para explicarles cómo era aquello y qué forma existe de conservar aquel arte de la “llata” citando “s’ensofrador de pauma” existente en la rotonda de entrada a Capdepera y el por qué de la existencia de una calle dedicada a las “Dones de la llata”.
