PREGUNTAS. ¿Qué tiene que pasar para que la ciudadanía reaccione? ¿Cuántos escándalos se tienen que destapar todavía? ¿Cuántos políticos deben ser desenmascarados?. Preguntas que la ciudadanía viene haciéndose dispuesta a seguir aceptando sin decir ni mú. ¿Manipulación en las instituciones y nada disimulada soberbia? ¿Qué tiempo más deberemos aguantar el que se nos trate como imbéciles? ¿Cuándo aprenderán a conjugar los verbos “dimitir” o “destituir” como se hace en otros países?.
SALARIOS.- Dicen, comentan y han escrito, que los hoteleros se resisten a asumir un incremento salarial, reivindicado por los trabajadores. Parece ser que el aumento del precio de los yates, de los “Porsche” o “Lexus” hace inasumible para la patronal cualquier aumento salarial. Y ¿qué hace el partido que nos gobierna? Seguramente, idear soluciones para que no aumenten los índices de riesgo de pobreza en Baleares a la vez que se incrementan las grandes fortunas. (Leído en la prensa de hace unos días)

SANIDAD.- Porque, fijaos, en Son Espases, hospital de referencia, el cual – plagiando las palabras de un compañero nuestro– funciona, en el área de urgencias, como una excelente planta de cribado donde los enfermos que superan la prueba de 20 días en una cama están preparados para sobrevivir a cualquier enfermedad. La gestión burocrática de su ingreso en el centro sanitario es más lenta que el proceso de curación. Cuando consiguen ser atendidos ya se han olvidado del malestar que les llevó al hospital. En la sanidad pública, los pacientes nunca tienen razón. El gobierno los trata como si sacasen provecho de un sistema universal y gratuito. En el País Vasco, gracias a la generosidad de los enfermos mallorquines, tienen unos gastos de 1.600 euros anuales en sanidad, frente a los 1.200 euros que en Baleares garantizan la marca de atención en Son Espases.
DEL T.B.O. Josep Escobar inventó, en los años 60 del pasado siglo, dos personajes de TBO: don Óptimo y don Pésimo. El primero era bajo de estatura, regordete, llevaba bigote y siempre estaba de buen humor. Don Pésimo, en cambio, era alto, espigado, siempre vestía de negro y estaba de perpetuo mal humor. Efectivamente, estos dos personajes no tuvieron mucha duración entre viñetas, a pesar de parecernos dos arquetipos como Don Quijote o Sancho Panza, o como el Gordo y el Flaco, los cuales perduran para siempre en nuestro imaginario. Transcurridos los años en que Pésimo y Óptimo desaparecieron de la escena, el estado actual de las cosas nos hace pensar que el segundo le ha ganado la batalla al primero. Si bien existe un campo en el cual Pésimo, contra todo pronóstico, se ha impuesto por completo a su compañero, el de nuestra percepción del mundo en el que vivimos. Se respira la sensación que todo va mal, pero lo curioso del caso es que pensamos que es don Óptimo quién tiene la razón en este asunto. Si lo analizamos, está claro que el mundo va mejorando en todos los aspectos, hay menos desigualdad, menos pobreza, menos violencia, menos analfabetismo, menos enfermedades mortales y un crecimiento educacional, esperanza de vida y libertades políticas. Sin embargo, muy pocos de nosotros, estaríamos dispuestos a aceptar que así es. ¿Verdad?

Tal vez el tétrico don Pésimo que todos llevamos dentro desconfiaría de los datos positivos existentes y diría que son estadísticas falsas fabricadas por unas cuantas multinacionales aliadas con oligarcas de Rusia, la CIA o el club Bilderberg. Nosotros preferimos que los datos sean ciertos y, por eso, deseamos dar la razón a don Óptimo: ¡el mundo, a pesar de todo, va mucho mejor! ¡Alabado sea Dios!
