14 marzo 2026

    Capdepera, laboratorio de Maria Antonia Gomila para el estudio de la familia y la transmisión hereditaria, entre 1880-1980

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    Sineu, Vilafranca y Capdepera han sido el laboratorio desde el cual podemos comprender de qué manera funciona el sistema de transmisión hereditaria, cuáles son los elementos que intervienen y, en definitiva, de qué manera se organiza el proceso de reproducción social de la familia mallorquina. Las características de la estructura social y económica de estas tres comunidades nos permiten, gracias a su diversidad, comparar distintos modelos de organización que configuran, como un todo, los detalles más característicos de la familia isleña.

    En el período 1880-1980, en toda Europa, se empieza a consolidar toda una serie de transformaciones demográficas, sociales, económicas y políticas que ya se habían iniciado a comienzos del siglo XIX y que significaron el paso de las viejas estructuras de la sociedad agraria tradicional hacia la nueva sociedad moderna e individualizada de la segunda mitad del siglo XX.

    La licenciada en antropología social por la Universidad Complutense de Madrid y doctora en historia y civilización por el Instituto Universitario Europeo de Florencia (Italia), Maria Antonia Gomila Grau, es autora del libro titulado Familia i Herència a Mallorca, donde habla de transmisión patrimonial y organización familiar en la sociedad rural mallorquina entre 1880 y 1890, un estudio que, como se ha dicho más arriba, ha ubicado en Capdepera, Vilafranca y Sineu ese laboratorio cuyo fruto se ha vertido en dicha publicación.

    Ciñéndose a Capdepera, Gomila explica que este municipio presenta unas características que, en cuanto a la estructura de la propiedad y las formas de explotación de la tierra, lo hacen mucho más similar a Vilafranca que a Sineu, con un sistema productivo basado, al igual que en el resto de la isla, en el predominio de la gran explotación, propiedad de familias nobles y terratenientes no residentes en el municipio, y gestionada a través de arrendatarios que emplean mano de obra asalariada procedente de la población local.

    Hay que tener en cuenta —comenta Gomila— que la calidad de la tierra y su cantidad apta para la explotación agrícola son muy distintas a las de los otros dos pueblos. De las 5.576 hectáreas que componen Capdepera, únicamente 2.583 hectáreas (el 46,3 %) son cultivables. El resto son zonas pantanosas, arenales, garriga y tierra no fértil.

    Y añade la antropóloga:

    «La falta de terreno óptimo para cultivar reduce las condiciones de explotación agraria de la población, que, en cambio, se compensa con una diversificación de las actividades económicas muy superior a la que presentan los otros dos municipios del Pla, como la actividad marítima, la manufactura de productos de palma, el comercio o el contrabando activo entre 1880 y 1980. Es precisamente la existencia de actividades económicas complementarias (o alternativas) a la agricultura lo que genera una diferencia social más marcada de lo que aparece en Vilafranca. A pesar de ello, también en Capdepera la presencia de la gran propiedad domina el cuadro agrícola. De hecho, quienes ocupan una posición socioeconómica más acomodada son precisamente quienes están menos vinculados a actividades agrarias.

    Por otra parte, el desarrollo de la elaboración de productos de palmito como industria doméstica es muy importante, y no solamente para la economía del municipio, sino como complemento esencial para la subsistencia de familias payesas más modestas que, de esta manera, podían disponer de unos ingresos suplementarios para soportar las necesidades más básicas.

    Aunque Capdepera, situada en zona costera, experimenta cambios más grandes que Sineu y Vilafranca, con unos efectos más puros del fenómeno turístico que la han convertido en destino privilegiado, desde finales del siglo XIX la parcelación de terrenos con fines urbanísticos en Cala Rajada y las segundas residencias de la clase alta ya eran bien conocidas. Sin embargo, es a partir de la llegada del turismo de masas cuando los cambios estructurales se hacen palpables. La conversión profesional del sector agrario al turístico es espectacular. Entre 1970 y 1975, la población activa se encuentra repartida en un 68 % en el sector terciario y solo un 18 % en la agricultura, que se orienta hacia la ganadería y el aprovisionamiento de la creciente industria turística».

    La catedrática gabellina Isabel Moll, de la UIB, es la autora del prólogo de esta historiografía de Maria Antonia Gomila. La voz autorizada de Moll completa las dos partes de las que consta este trabajo, que forma parte de la tesis doctoral presentada en la Universidad de Florencia, después de cinco años de dedicación a su redacción.

    La reproducción social de la familia, sus transformaciones económicas a lo largo del tiempo, los datos y temas prácticamente desconocidos entre nosotros en relación con los dos pilares del matrimonio y su régimen, la herencia y las sucesiones testamentarias, así como la práctica de la transmisión patrimonial en Capdepera, hacen de este estudio una pieza valiosa que los estudiosos en la materia e, incluso, los historiadores deberían guardar celosamente.

    Como cuenta Isabel Moll, la presentación de la tesis como final de la vida académica de Maria Antonia Gomila no supuso su renuncia a las responsabilidades de la investigación, sino todo lo contrario. Las conclusiones le abrieron nuevas vías de búsqueda dentro del marco de distintas instituciones, donde su trabajo continúa vigente.Los Ayuntamientos de Sineu, Vilafranca y Capdepera coadyuvaron en la edición de la obra de Maria Antonia Gomila, cuya publicación corrió a cargo de Edicions Documenta Balear, una lectura obligada para quienes quieran profundizar en el estudio de la familia mallorquina.

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