FITUR, esa feria turística que cada enero reúne a políticos, asociaciones y empresas de toda España, entre ellos Capdepera, es mucho más que un simple escaparate de destinos. Porque, seamos sinceros, ya no estamos en los años en los que estas citas eran cumbres de negocio y estrategia. Hoy en día, con las nuevas tecnologías y las decisiones tomadas desde el año anterior, las ferias de turismo han evolucionado para convertirse, más que en un mercado, en un escenario donde se cultivan las relaciones personales y se actualizan las conexiones.
El estand de Illes Balears, que podríamos definir como el «hogar mallorquín temporal» en IFEMA, se convierte durante unos días en un espacio donde, entre saludos, apretones de manos, besos y alguna que otra foto para la prensa, los representantes de los municipios, los responsables de administraciones y los actores del sector turístico se encuentran, intercambian impresiones y refuerzan alianzas.
FITUR: un poco de todo, menos de negocio directo
Es inevitable notar el ambiente. FITUR no es la WTM de Londres ni la ITB de Berlín, que ni ellas mismas lo son ya, donde los hoteleros se sentaban con turoperadores en mesas separadas y discutían precios, condiciones y estrategias de mercado. Aquí, en Madrid, todo fluye de otra manera. Lo que predomina no son los contratos, sino las conversaciones. Es un «¿qué tal la temporada pasada?» o un «nosotros estamos apostando por esto, ¿vosotros cómo lo veis?», más que un «firmemos este acuerdo». Y no por ello es menos importante.
Capdepera, por supuesto, no podía faltar. Su presencia en FITUR refleja esa necesidad de «estar ahí», de mostrarse, de demostrar que el municipio está en la liga de los que importan, que no se queda atrás. Y es que FITUR, aunque no defina el verano que viene, sí es ese lugar donde se toman ideas, se intercambian impresiones y, sobre todo, se exhibe el trabajo hecho y la visión de futuro.
El círculo cerrado del estand balear
El estand de Illes Balears se convierte en un microcosmos, una especie de club donde los actores del turismo se dan cita. Allí, durante unas horas –porque no nos engañemos, nadie pasa días enteros en FITUR–, el sector se reúne para hacer lo que se le da mejor: relacionarse. Y eso, en el fondo, es la esencia del turismo, ¿no? Relacionarse, intercambiar ideas, mostrar lo mejor de uno mismo y aprender de los demás.
No faltan las presentaciones, por supuesto, como la de la XXXV Mitja Marató de Cala Rajada que Capdepera llevó a Madrid. Esos momentos en los que los flashes se encienden y las palabras fluyen, no son solo escaparates; son una declaración de intenciones. Capdepera, como tantos otros municipios, aprovecha estas plataformas para mostrar que tiene algo que decir, algo que ofrecer y, sobre todo, algo que celebrar.
Un evento de encuentro más que de negocio
Porque, reconozcámoslo, a estas alturas de enero, el pescado de la temporada ya está vendido. Las grandes estrategias y decisiones se cerraron hace meses. Pero FITUR sigue siendo necesario. No por el negocio directo, sino por la oportunidad de establecer contacto, de observar lo que hacen los demás, de compartir buenas prácticas y, por qué no, de tomar nota de lo que funciona en otros lugares.
En palabras de un representante del sector (que prefiere mantenerse en el anonimato mientras se toma un café en el estand), “FITUR es una excusa perfecta para volver a vernos las caras, para enseñar que seguimos aquí, y para recoger ideas. Más que un mercado, es un foro”.
Capdepera, presente con identidad y visión
Capdepera, con su presencia en FITUR, reafirma su modelo turístico basado en la sostenibilidad, la autenticidad y la desestacionalización. Las rutas senderistas, el Castell, la rica oferta gastronómica y eventos como la Mitja Marató de Cala Rajada son la tarjeta de presentación del municipio. Más allá de las cifras o las estrategias concretas, FITUR es el lugar donde Capdepera se muestra al mundo con una visión clara de lo que quiere ser y de cómo quiere llegar a sus visitantes.
Entre relaciones y píldoras de inspiración
Si algo queda claro tras pasearse por los pasillos de IFEMA, es que FITUR es como ese gran salón donde todos los actores del turismo vienen a relacionarse. Aquí no se firma tanto como se conversa, no se vende tanto como se muestra. Pero lo que sí se hace es inspirar. Y ahí es donde Capdepera, como tantos otros municipios, encuentra su lugar. Porque estar presente, hacerse fotos, compartir ideas y dejar huella es, al final, lo que convierte a FITUR en un evento único.
Así, entre reuniones breves, presentaciones públicas y un café rápido en un rincón del estand, FITUR vuelve a ser ese espacio de encuentro donde Capdepera, y tantos otros destinos, demuestran que el turismo no es solo negocio; también es relación, intercambio y visión compartida.
