14 marzo 2026

    Canyamel en pie de guerra por las obras en plena temporada turística

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    El centro neurálgico de Canyamel se prepara para una reforma ambiciosa impulsada por el Ayuntamiento gracias a una subvención de 642.000 euros, pero lo que debería ser una mejora para la zona se ha convertido en el detonante de un conflicto abierto entre el consistorio y el tejido empresarial local. Hoteleros, comerciantes y vecinos han alzado la voz contra un proyecto que, por cuestiones burocráticas, se ejecutará en plena Semana Santa y se prolongará durante los meses de mayor afluencia turística. Todo un drama.

    Un proyecto largamente esperado… en el peor momento

    El Ayuntamiento de Capdepera logró que el Consell de Mallorca aprobara esta iniciativa con un margen de ejecución de cuatro años. Sin embargo, una primera licitación quedó desierta al no presentarse ninguna empresa constructora, lo que obligó a modificar el proyecto, eliminando una fase clave: la colocación de una pérgola, sustituida ahora por una zona arbolada para reducir costes. Esto ha sido lo que lo ha demorado todo y ha llevado a corra el tiempo y que el proceso de ejecución se realice en plena temporada. Finalmente, la empresa Amer e Hijos resultó adjudicataria y el contrato de ejecución se firmó tras un proceso burocrático que se demoró más de lo esperado, haciendo que la obra coincidiera con la temporada turística. 

    El objetivo del proyecto es mejorar la accesibilidad y la seguridad viaria, fomentar la sostenibilidad de las infraestructuras asociadas y apostar por la calidad a través de la innovación tecnológica y la singularidad de las actuaciones previstas. Las principales intervenciones se centran en la zona comercial (calle Nuredduna), en las calles, plazas y accesos a la playa (Vía Costa i Llobera). En este entorno se sitúan los hoteles con instalaciones para la organización de congresos, así como los principales restaurantes y comercios de la zona.

    Las calles afectadas por la reforma son de un único sentido, con aparcamientos en ambos lados y aceras con un arbolado que, en muchas ocasiones, ha generado daños tanto en la zona peatonal como en la calzada, incrementando el riesgo de accidentes. También en la plaza junto a Costa i Llobera, los pavimentos están muy deteriorados, lo que hace que la reforma sea urgente y necesaria. Además, se reordenará la vía para garantizar la seguridad de vehículos, bicicletas y peatones.

    La preocupación del sector turístico

    Empresarios y comerciantes de Canyamel han manifestado su indignación ante lo que consideran un desastre económico inminente. Argumentan que las obras en plena temporada fuerte implicarán calles levantadas, accesos a hoteles bloqueados y una experiencia negativa para los turistas, lo que puede traducirse en una caída de ingresos y en un daño a la imagen del destino.

    Desde el sector, se han promovido reuniones con el Ayuntamiento y la empresa constructora en un intento desesperado por retrasar la ejecución hasta después del verano. Sin embargo, el Ayuntamiento, tras diversas consultas jurídicas y administrativas, ha concluido que no existe forma de paralizar el proyecto una vez firmado el contrato. La única opción viable sería acelerar las obras al máximo para que, al menos, no se extiendan más allá de julio. Burocráticamente no hay nada que hacer. 

    Hay empresarios que apelan a que se demore como se hizo con las obras de Font de sa Cala, cuyo proyecto iba ligado a éste de Canyamel. Pero en Font de Sa Cala se demoró el inicio de las obras del 15 de septiembre al 1 de noviembre un plazo de un mes o mes y medio con el que se podía jugar, pero no como el de Canyamel donde la demora debería ser de más de medio año (algo burocrática y jurídicamente inviable). Y eso que tanto ayuntamiento y empresa constructora no tenían problema en demorar. Pero los trámites iniciados ahora ya no pueden demorarse más y el proyecto deberá ser ejecutado. De nada sirve que la voluntad esté presente si la burocracia y los trámites están en marcha.

    Un callejón sin salida

    Se han explorado diversas alternativas para aplazar las obras, pero no hay margen legal para hacerlo. Se han realizado múltiples reuniones con hoteleros, comerciantes, la empresa adjudicataria y técnicos municipales, y todos coinciden en que la situación es inevitable. El único supuesto en el que se podría detener la obra sería el hallazgo de un yacimiento arqueológico, algo altamente improbable. Casos anteriores, como la reforma en Cala Lliteres el año pasado, no pudieron detenerse y se prolongaron hasta junio, algo que en Canyamel preocupa especialmente porque en este último caso, y en mejor de todos, será en julio, con lo que esto se puede ir a agosto e incluso septiembre (toda la temporada); con lo que ello implica.

    El retraso de un mes y medio en el proceso burocrático ha sido clave para que las obras se inicien en plena temporada turística. El Ayuntamiento ha reconocido que la previsión inicial era comenzar en febrero, pero las demoras han hecho que se pase a marzo. Con un plazo de ejecución de tres meses y medio, la preocupación de los empresarios es que las obras se alarguen y terminen afectando a toda la temporada de verano.

    La tormenta perfecta

    Los intentos por frenar la reforma han incluido la presentación de escritos y solicitudes formales al consistorio, pero la respuesta siempre ha sido la misma: el proyecto debe ejecutarse ahora. Así, la comunidad de Canyamel se enfrenta a lo inevitable, con el temor de que las obras arruinen una temporada turística clave para la economía local.

    A la espera de que se inicien los trabajos tras la fase burocrática de presentación de documentos por parte de la empresa adjudicataria, el sector empresarial solo puede aferrarse a cruzar los dedos y aferrarse a la esperanza de que los plazos de ejecución sean lo más cortos posibles. No obstante, la incertidumbre sobre la duración real de las obras sigue pesando en el ánimo de vecinos y empresarios, que ven cómo su peor escenario se materializa sin margen de maniobra.

    Lo único claro en este momento es que el conflicto está servido, y que Canyamel deberá lidiar con una crisis que nadie parece haber sido capaz de evitar.

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