No eran solo brazadas contra la corriente. Eran brazadas contra el miedo, contra la incertidumbre y contra todo lo que supone escuchar un diagnóstico de cáncer a los 40 años. Guillem Caldentey, cardiólogo de Campos y médico en el Hospital de Manacor, decidió que su historia no acabaría ahí. Tres años después de superar la enfermedad, ha demostrado que el cuerpo y la mente, cuando se entrenan y se creen capaces, pueden volver a desafiar límites que parecían imposibles.
Su reto solidario, bautizado como Braçades d’esperança, lo llevó a unir a nado Menorca y Mallorca, desde Cala en Bosc (Ciutadella) hasta Cala Mesquida. Casi 40 kilómetros de mar abierto, más de doce horas de esfuerzo continuo y un único objetivo: lanzar un mensaje de esperanza a quienes todavía luchan contra el cáncer y recaudar fondos para la Asociación Española Contra el Cáncer en Baleares.
La travesía no fue sencilla. Estaba prevista para unos días antes, pero el mal tiempo obligó a posponerla. Y cuando por fin pudo lanzarse al mar, lo hizo acompañado por un equipo de apoyo que desde un velero le facilitaba hidratación y alimentos cada cierto tiempo. Aun así, el verdadero motor era interno: la convicción de que este reto simbolizaba mucho más que un desafío deportivo.
Capdepera tuvo el honor de verlo llegar. La escena en Cala Mesquida fue inolvidable: a las seis y media de la tarde, el mar lo entregó a la orilla entre aplausos, sonrisas y la música de los xeremiers. La alcaldesa, Mireia Ferrer, junto con representantes municipales y el director insular de Deportes, Joan Toni Ramonell, estuvieron allí para recibirlo, pero lo que de verdad importaba era el calor humano de un público que entendió la magnitud de lo que significaba ese último golpe de brazo sobre la arena.
“Después de un proceso tan duro como es el cáncer, uno cree que nunca volverá a estar igual. Pero sí se puede. El cuerpo responde, la vida responde, y el mensaje que quiero transmitir es ese: esperanza”, explicaba Caldentey.
No era la primera vez que se lanzaba a un reto así. El verano pasado ya completó una travesía entre Cabrera y Cala Galiota, pero esta vez quiso ir más lejos, abrir más mar, nadar más horas, como metáfora de una lucha que sabe de obstáculos y recaídas.
La recaudación sigue abierta —a través de Bizum (codigo 06510) o mediante transferencia bancaria al número de cuenta de la AECC (ES10 2100 0390 2302 0043 2889, indicando el concepto nedantperaecc) y servirá para apoyar a personas diagnosticadas y a sus familias. Pero el verdadero legado de Guillem es otro: el ejemplo de que, incluso después de tocar fondo, se puede volver a salir a la superficie con más fuerza.
Cala Mesquida fue testigo de ello. Y con cada ola que rompía en la orilla aquel día, parecía repetirse el mensaje que dio sentido a esta travesía: mientras haya brazadas, habrá esperanza.






