En la batalla diaria por encontrar sitio donde aparcar, el Ayuntamiento de Capdepera lleva tiempo desplegando una estrategia que, sobre el papel, tiene toda la lógica del mundo: crear aparcamientos disuasorios en diferentes puntos del municipio. La fórmula es sencilla: se habilitan espacios en zonas periféricas o menos saturadas para facilitar que residentes, trabajadores e incluso visitantes puedan dejar el coche sin dar más vueltas que un tiovivo. El objetivo: reducir la presión en los núcleos más complicados, como Cala Rajada y Capdepera vila.
Hasta aquí, todo correcto. Pero en el último pleno, el PSIB sacó el tema y lo llevó un poco más allá: preguntaron al regidor de Movilidad si era cierto que algunas empresas de alquiler de coches estaban utilizando estos aparcamientos para dejar su flota. Es decir, convertir un espacio pensado para el uso comunitario en una especie de “cochera gratuita de empresa”.
El regidor reconoció que el año pasado ya detectaron una práctica similar por parte de una empresa concreta, a la que tuvieron que darle un “toque de atención”. La advertencia funcionó y, según explicó, esa empresa dejó de hacerlo. Ahora, sin embargo, parece que el fenómeno podría estar volviendo a producirse —posiblemente de la mano de otras compañías—, por lo que desde el área de Movilidad ya se ha decidido intensificar el seguimiento y el control de estos espacios.
«Somos conscientes y estamos atentos», vino a decir el regidor. El mensaje es claro: los aparcamientos disuasorios no están para que los utilice quien más coches tiene, sino para facilitar el día a día de quienes viven, trabajan o se mueven por el municipio. Y si hace falta recordar a ciertas empresas dónde está el límite, pues se hará.
Porque al final, si uno aparca en zona disuasoria y luego tiene que disuadir a los suyos de venir a Capdepera porque no hay sitio… mal vamos. Y para que eso no pase, toca vigilar quién entra, quién sale y, sobre todo, quién abusa.
El sistema, en su concepción, funciona. Pero como tantas cosas, lo importante no es solo crearlo, sino hacerlo cumplir. Y en esa labor, parece que el Ayuntamiento ha tomado nota y no piensa quedarse quieto.
