15 marzo 2026

    Aparcamiento restringido solo para residentes de la zona del Castell

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    La zona ACIRE en el núcleo histórico del Castell de Capdepera ha vuelto a la agenda municipal. Y esta vez, todo indica que lo hace con la firme intención de materializarse, lo que en 2016 fue un intento frustrado por el rechazo vecinal –entonces con 600 firmas en contra y bolsas de basura tapando señales de tráfico– hoy se presenta como una “implantación progresiva y consensuada”. O al menos así lo anunció el Ayuntamiento en la reciente reunión informativa celebrada en Ses Voltes.

    La medida afectará a calles como Major, Goya, Pla d’en Cosset, Fondo, plaça del Sitjar y plaça Vella. No se prohibirá circular, pero sí aparcar. La fórmula, presentada como una solución de movilidad sostenible, busca limitar la presencia de vehículos en el interior del centro histórico para preservar el entorno patrimonial y mejorar la calidad de vida. Un objetivo que, sobre el papel, pocos discuten. Lo que queda por ver es cómo se aplicará, con qué criterios, y hasta qué punto convencerá ahora a quienes hace nueve años dijeron que no.

    De iniciativas fallidas a proyectos inevitables

    El proyecto recuerda a otras transformaciones urbanas vividas en municipios como Palma –Blanquerna, Nuredduna– donde medidas inicialmente polémicas acabaron siendo aceptadas como mejoras necesarias. Pero también recuerda que muchas veces las administraciones plantan semillas que solo el tiempo valida. Lo intentó en su día Rafel Fernández, frenado entonces por el ruido vecinal. Hoy, el actual equipo de gobierno retoma el plan con menos ruido… y más convicción.

    La realidad es que el Castell lleva tiempo en la mira. Su valor patrimonial y su potencial como eje residencial y turístico lo convierten en una zona estratégica. Y aunque hoy por hoy parte del entorno parezca más bien olvidado, nadie duda de que el futuro de Capdepera pasa por revitalizar esa área. No convertirla en un parque temático, sino recuperarla con criterio. Pero sin renunciar a intervenir.

    Entre el equilibrio y el escepticismo

    Durante la reunión, el Ayuntamiento aseguró que se abrirá un proceso de diálogo con vecinos y comerciantes, con la voluntad de aplicar la ACIRE de manera gradual. También se explicó que ya se han habilitado nuevas zonas de aparcamiento en calles como Roses y Nord, y se dejó abierta la posibilidad de excepciones puntuales para escolares o personas con movilidad reducida.

    Aun así, no faltan quienes ven en el proceso un déjà vu con final conocido. Desde los contertulios del “Kikinda” que recuerdan viejas promesas no cumplidas, hasta vecinos que ya se posicionan según el impacto que les generaría una eventual apertura de nuevas calles o restricciones. Porque, como bien dicen algunos, en este tipo de decisiones “nunca llueve a gusto de todos”. Lo cierto es que, a estas alturas, el debate ya no es tanto si se hará o no. Sino cómo, cuándo y con qué sensibilidad.

    El Castell, entre la nostalgia y el porvenir

    El fondo del asunto no es solo un modelo de tráfico. Es una visión de futuro. Hoteles que llevan años esperando luz verde, negocios que se mueven con mentalidad de largo plazo, y un entorno patrimonial que lleva décadas pidiendo ser algo más que un reclamo turístico puntual. En este escenario, la ACIRE parece una primera piedra –no la única– para recuperar el Castell como espacio vivo y no como postal estática.

    Que se haga con sentido común, con vocación de permanencia y con respeto por lo que fue y lo que puede volver a ser. Porque si algo ha quedado claro es que Capdepera no necesita ni más señales por tapar ni más rondas de promesas. Necesita decisiones con perspectiva. Y una gestión que entienda que conservar no es congelar, sino transformar con memoria.

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