Conxa Garau
Los doctores en medicina Antonio Llinás Amengual, Gabriel Bibiloni Rayó o Juan Moll Carrió, al igual que la tienen a su nombre el Dr. Baltasar Covas y los médicos Bartomeu Balaguer y Lorenzo Caimari, deberían, asimismo, contar con una placa a su nombre como reconocimiento a su labor en pro de la salud.
Los doctores Balaguer y Caimari –previo acuerdo del jovencísimo pleno municipal– y sin que haya mediado acto de colocación alguno, ya gozan de su nombre en la calle, hasta ahora Xuclamel y antes Rafael Blanes Tolosa, el primero; mientras que el segundo ha sustituido con su nombre la antiquísima denominación de Carrer del Coconar.
Vecinos de ambas calles se han extrañado ante el mutismo a la hora de colocar las placas en las esquinas donde tienen sus domicilios; ninguno de ellos objeta nada en contra de todo ello, solamente muestran su sorpresa –y con ellos otros vecinos del municipio– al no haber tenido recuerdo ni consideración alguna para con los doctores Llinás y Bibiloni, por parte de los miembros del Consistorio.
El doctor Juan Moll Carrió, uno de los primeros médicos de Capdepera, contaba en Cala Rajada con una calle a su nombre, a la cual a lo largo del tiempo se le apeó el nombre “Joan” y se quedó solamente el apellido “Moll”, aunque anteponiéndole “del” y pasando a señalar que se convertía en calle “del Moll”, que da al puerto de Cala Rajada.
Es, en cierto modo, discriminatorio, el hecho de las nuevas denominaciones en relación con sus predecesores. Puede que, como ha sucedido con otros personajes de la vida local, hayan contado con “padrinos” aconsejando cambiar las vías y dedicando su nombre a los mentados galenos.
No hemos encontrado, en nuestro deambular callejero, persona alguna que se haya manifestado contraria a este hecho; solamente han señalado dicha discriminación.
Por ejemplo, el recordado profesor don Vicente Nadal cuenta en Cala Rajada con una calle a su nombre, mientras que otros maestros de feliz y agradecido recuerdo: Miguel Moll Coll, Antonio Flaquer Reynés, Juan Alzina Socías o el mestre Massot han pasado –al igual que los ignorados citados doctores– sin pena ni gloria en el sentimiento de una pléyade de Ayuntamientos, más amantes de poner nombres de plantas, flores y arboricultura que de recordar la historia del pueblo, la cual –ya lo augura el dicho– a la larga, quizás estén obligados a repetir.
___ “O todos moros o todos cristianos, lo justo hubiera sido no olvidar a nadie, pero ‘doctores’ tiene el Consistorio (léase asesores)”, señalan vecinos de aquellos contornos, a quienes no se ha consultado.
