UNA DE LAS PRIMERAS FÁBRICAS DE BEBIDAS CARBÓNICAS DE MALLORCA ESTUVO EN NUESTRO MUNICIPIO
Hubo un tiempo, en el año 25 del pasado siglo, que por iniciativa de un señor llamado Pedro Antonio Massanet, conocido como Pere Antoni d’es Casino, se inició la singladura de un nuevo negocio para Capdepera. Era un tiempo en que esta pequeña villa de apenas 3.000 habitantes contaba con un extraordinario plantel de establecimientos comerciales. Estamos hablando de hace un siglo y se trataba de una fábrica de gaseosas y sifones, que se ubicó al fondo de la calle sin salida denominada, como ahora, de la Luna.
Massanet contaba únicamente con dos empleados – él era empresario y tenía diferentes frentes abiertos que le permitían destacar dentro del panorama económico del pueblo –, que trabajaban en una amplia cochera con dos dependencias que contenían la maquinaria y el almacén. La producción de la fábrica era más bien escasa, al ir destinada a las cuatro tiendas de comestibles, media docena de cafés y algunos establecimientos de la costa.
Uno de los empleados de la fábrica era un tal Juan Ferrer, de apodo “Prebe”, un personaje muy espabilado, que dormía ligero y tenía poco sueño, el cual puede ser considerado como el primer “sereno” (guardián o avisador nocturno callejero), por no decir el único que existió jamás en Capdepera. A Ferrer, antes de ir a trabajar con las gaseosas y los sifones, y porque se levantaba muy temprano, había vecinos del pueblo que le encargaban que les diera aviso golpeando con las manos la puerta de sus hogares a la hora acordada con antelación con él, con el fin de despertar a los moradores de la casa, en el caso de tener alguna urgencia o si tenían que ir a algún lugar y temían quedarse dormidos. Ferrer ejerció de “sereno” a lo largo de muchos años; siempre andaba de madrugada, dando un gran rendimiento a su amo en el negocio. Tenía “Prebe” otra ocupación: la de comprar en los predios campesinos huevos y aves de corral, haciendo la competencia a otra persona popular: Antoni “Pleta”, que, asimismo, se dedicaba a la misma actividad.
Pere Antoni mantuvo la fábrica, combinándola con el despacho de mercadería para la construcción y piezas de marés. Estas se elaboraban en la alfarería que el maestro alfarero Miguel Amengual Martínez “Faroler” había heredado de sus padres, alfareros de profesión, ubicada en la calle de Son Magdalè (antes conocida como de “Sa Taulera”).


Hasta 1933, Pere Antoni Massanet mantuvo la fábrica de bebidas carbónicas abierta al público. Ese mismo año falleció Miguel Amengual, tras ejercer como técnico de señales marítimas en diferentes faros de España, finalizando su trayectoria profesional en el Far de Cap de Pera. Y es que Massanet fue alumno destacado de Amengual en el arte de la música. No resulta extraño, pues, que fuera el heredero comercial de la alfarería de los padres de Amengual, reuniendo en la cochera de la calle de la Luna ambas actividades, totalmente dispares, que le reportaron pingües beneficios.
Miguel Amengual legó a Massanet los utensilios de apicultor para la producción de miel de abeja, un quehacer muy enraizado entonces en la ruralía gabellina. Pere Antoni quiso probar la apicultura, aunque consideró que era mejor ofrecer dichos utensilios, colmenas y extractor de miel al más activo de los que a ello se dedicaban en Capdepera y que, además, era familiar de Amengual y exalumno: Bartolomé Melis Alzina (a) “Saletes”, el cual, juntamente con Miguel Llull (a) “Pil.litu” – hombre clave, en el pasado, de la música en la localidad –, fueron distinguidos como aprendices destacados de Amengual, a quienes enseñó todos los secretos de los instrumentos musicales, en especial la bandurria y el laúd.
Cinco años estuvo paralizada la fábrica de la calle de la Luna, a lo que contribuyeron los acontecimientos de la guerra civil del 36. Hasta finales de 1938 no se recuperó la actividad, aunque ya no de la mano de Massanet, quien traspasó la fábrica a don Sebastián Nebot Prats, el cual, después de ciertas vicisitudes, consiguió comprar un local en la calle Viento, vecino a la iglesia. Allí ubicó las antiguas máquinas, después de descartar los materiales de albañilería y los artículos cedidos a Massanet por Amengual, los cuales, parece ser, fueron a parar a la alfarería del señor Bartolomé Massanet Sureda “Es Guitarró”, que fue alcalde y juez de paz de Capdepera.
Impulso de las bebidas carbónicas
Cuenta el libro Gent nostra d’abans i d’ara de Tomeu Melis “Meyme”, nieto por cierto del más arriba mencionado apicultor del mismo nombre, que Sebastián Nebot Prats, Juan Ferrer Coll y Nicolás Flaquer Ferrer, los tres emparentados, fueron los artífices de una de las más prestigiosas fábricas de bebidas de refresco de la isla: “Carbónicas Ferrer”. Hasta 1974.
Para mucha gente fue una lástima que la fábrica tuviera que cerrar y venderse. Refiere el hijo de Juan Ferrer, Miguel Ferrer Fornés, que sus padres y sus tíos tuvieron que cerrar debido a una crisis a causa de la fuerte competencia de las multinacionales, que abrían sus establecimientos por doquier, desbaratando y echando a pique nuestra industria, pionera en toda la comarca de Levante. A Miguel Ferrer – según explica el citado libro – le hubiera gustado poder continuar la estirpe de sus progenitores y parientes, que tanto y con tal ahínco se desvivieron para conservar y tirar adelante el negocio.
La fábrica estuvo en Capdepera, en la calle Viento, desde 1940 a 1958. A partir de este año hasta el indicado 1974 se mantuvo en Cala Rajada, en la calle Castellet. A la hora de su clausura, todas las instalaciones fueron adquiridas por una empresa similar de Sant Llorenç des Cardassar.
La naranjada y la limonada “Iris”, muy populares entre la gente joven y muy consumidas en época de verano, fueron una creación de Ferrer. Los sifones, piñas y gaseosas con el anagrama encuñado sobre el cristal de las botellas promocionaban el nombre de Capdepera. Jamás hubo ningún reconocimiento a nivel oficial.

Aguas minerales
En un tiempo pasado, en que el agua potable se filtraba cual manantial entre las rocas existentes sobre la misma playa de Sa Font de sa Cala, emanaba el líquido procedente de diversas fuentes del entorno, apto para el consumo y exportado fuera del término municipal mediante el embotellamiento en litro y medio, que llevaban el distintivo de “Agua Font de sa Cala”. La potente familia Quint Zaforteza construyó una factoría sobre las mismas peñas de la costa citada, regentada durante muchos años por ellos y dirigida por un encargado: don Miguel Llinás (a) Bossa.
Más adelante, fueron las de “Na Taconera” las aguas que se comercializaron en la modalidad mineral con gas y natural para servir en mesa, impreso sobre la botella el escudo del pueblo, con sus torres de referencia y el nombre de la empresa. Los envases de dicha agua, que emergía de las entrañas de la finca de don Antonio Pascual Vaquer, dejaron de utilizarse en 1990. “Na Taconera” ha continuado suministrando servicio de agua para cisterna, pozos, regadío, etc., transportada con voluminosos tanques, también para consumo humano.
Finalmente, cabe mencionar la existencia de fuentes subterráneas en solares próximos a la playa de Es Carregador, que hace 30 años pudieron haber sido utilizadas para el abastecimiento de agua potable al municipio.

