Miquel Bestard
El fútbol de Capdepera volvió a mirar a su historia el pasado sábado 14, antes del encuentro entre el C.D. Escolar y el Villafranca de Primera Regional, con un reconocimiento a una de sus figuras más representativas: Salvador Moll Vaquer. El homenaje se materializó con el saque de honor, que realizó acompañado de sus nietos Salvador e Ibai, y con la entrega de varios obsequios por parte del club.
Un gesto sencillo pero cargado de significado para quien ha sido una pieza fundamental en el desarrollo del fútbol gabellí.
Salvador Moll formó parte de aquella tercera etapa del club en la temporada 1967-68, cuando el Escolar comenzaba a estructurarse con jugadores del propio municipio. Su etapa como futbolista fue breve, como él mismo reconoce con naturalidad: “Como jugador, cero… me gustaba mucho el fútbol, iba a jugar, pero nunca me sentí jugador”.
Pronto encontró su sitio en los banquillos, donde escribiría buena parte de la historia del club. “Siempre me ha ido mejor dar que recibir. Me hice entrenador por si podía aportar algo”, explica.
Fue el primer entrenador colegiado de Capdepera. Comenzó ayudando a Pep Piña con el primer equipo, dirigió el primer equipo juvenil federado del Escolar, el conjunto de aficionados y, en la temporada 1970-71, asumió el reto de entrenar al primer equipo de Regional tras sustituir a José García, compaginándolo además con el juvenil. En la temporada siguiente se centró exclusivamente en el primer equipo.
Su trayectoria también le llevó al R.C.D. Mallorca juvenil, donde dejó huella. “Lo cogí en zona de descenso y lo salvamos”, recuerda.
Pero más allá de resultados y categorías, hay una frase que resume bien su papel dentro del club: cuando el Escolar iba mal, siempre aparecía Salvador. “Cuando quitaban al entrenador, me buscaban a mí para salvar el equipo”, explica con esa mezcla de humildad y realidad que le caracteriza.

Su vinculación con el club no terminó al dejar de entrenar. “Las cosas cambian, vino otra gente y lo dejé, tenía otros trabajos”, comenta, aunque lo cierto es que nunca se ha desvinculado del todo. Siempre dispuesto a colaborar, a ayudar y a estar cuando el club lo necesita.
Quien firma estas líneas tuvo la suerte de vivir una de esas escenas que definen a una persona. Temporada 1986-87, el Escolar en Tercera División y sin recursos para acabar la temporada. En una reunión de directiva, tras conocer la cantidad necesaria, Salvador se levantó y dijo: “Dividimos la deuda entre todos y aquí tenéis mi parte”. Un gesto que explica mejor que cualquier discurso lo que significa sentir unos colores.
A día de hoy sigue de cerca el fútbol, aunque sin excesiva intensidad. “Poco, solo miro los partidos del Barcelona por televisión. Si el Barcelona fuera de Mallorca, sería del Barcelona…”, comenta entre sonrisas.
También valora positivamente la creación de la Asociación de Veteranos del Escolar: “Es estupendo, todo lo que sea que la gente se vea y no se pierda el contacto. Las amistades son preciosas”.
Sobre el homenaje recibido, reconoce que le sorprendió: “Primero me extrañó. Pregunté al presidente y me dijo que era porque soy el más veterano”.
Un reconocimiento que llega en un momento en el que el club sigue creciendo, también en infraestructuras. Salvador ya había seguido de cerca las mejoras en Es Figueral: “Las instalaciones me parecen estupendas”.
Porque Salvador Moll no es solo parte del pasado del Escolar. Es parte de su identidad.
Como bien definió Biel Torres: Salvador es memoria viva del Escolar.
Y quienes lo conocieron como entrenador, además, saben que también fue mucho más que eso.

