Joana Gomila
Un libro de ciento ocho páginas, con una tipografía impecable, editado por el Ayuntamiento de Capdepera, la Fundación “Patronat del Castell” y el “Arxiu Municipal” local, cayó en nuestras manos y la satisfacción que nos produjo leerlo y contemplar sus imágenes avivaron nuestro deseo de redactar un artículo al efecto, que bien se lo merece por lo que cuenta y por la parte de historicidad que en el futuro supondrá para los estudiosos de la materia que contiene.
Como muy bien expresó, en su día, la que era alcaldesa Mireia Ferrer Jaume, la donación al pueblo de Capdepera de la colección de arte sacro —que es de lo que trata este libro— de la mano generosa de doña Victoria Reynés Fiol, juntamente con don Juan Antonio Iribarnegaray y don Juan Melis Díez, supuso un acto de amor de estas personas para con nuestro municipio. A estos hay que añadir a don Juan Guaita Esteva.
En el prefacio de Mossèn Nadal Bernat Salas, este habla de la contemporaneidad donde existe un lugar para la memoria, refiriéndose a la donación de este arte sacro cristiano de un tiempo ya ido. Un gesto, dice, por sí mismo interesante, gratuito, por parte de los donantes, que los honra y, a la vez, se refleja en los receptores, en este caso el Ayuntamiento, con este concepto etéreo, que es de todos y no es de nadie, aunque si bien se analiza es la expresión más próxima que tenemos para definir la res pública.

Quizás no se haya hablado en demasía sobre el hecho de esta donación de arte sacro. Explican Maria Massanet y Gori Rexach, arxivers municipals, que mucho antes de esta donación maravillosa ya habían mostrado Victoria Reynés, Juan Antonio y Juan Melis su generosidad hacia su pueblo. Las esculturas que se pueden contemplar en el museo de la Casa del Governador del Castell de Capdepera ya fueron demostración elocuente de la dedicación que, durante muchos años, nuestros protagonistas tuvieron en aras de coleccionar objetos artísticos de distinta naturaleza que ubicaban en las casas que fueron habitando a lo largo de su vida, donde su interés estético prioritario era el arte contemporáneo, sin dejar nunca de lado la adquisición de piezas o imágenes religiosas y de orfebrería litúrgica.

Compone la colección más de un centenar de piezas que abarcan una periodicidad estilística que comprende desde el románico al arte contemporáneo. Este hecho, juntamente con la diversidad de origen (Castilla, Extremadura, Cataluña, Cantabria, Alemania, Flandes, Francia y Portugal), permite constatar cuál era el gusto y criterio artístico de los coleccionistas. Los señores Iribarnegaray y Melis dejaron nuestro mundo dejando este legado importantísimo a Capdepera. La señora Reynés vive actualmente en Villa S’Auba, entre Son Moll y Sa Pedruscada, un chalet que denota el particular gusto de quienes fueron sus moradores, pues dos altas columnas trasladadas desde otras latitudes dominan el jardín de aquella casa, a escasos metros del mar.
Y, en todo esto, emerge la figura del filántropo marchante de arte de Cala Rajada, Joan Guaita, gran amigo de los donantes, el cual también hizo una donación de quince piezas, que tienen un recorrido desde el siglo XV hasta mediados del XX, para formar parte del museo, unas procedentes de su fondo privado y otras adquiridas ex profeso y mediante subastas. Así se completa y complementa la exposición de arte sacro y, una vez más, queda demostrado cómo el mecenazgo es una de las mejores vías para convertir una comunidad, en este caso Capdepera, en un pueblo culturalmente rico. De ahí el “Espai Joan Guaita” del carrer Fondo.
Las numerosas figuras han sido ordenadas cronológicamente y se mantienen ambas colecciones separadas entre sí en el inventario, a fin de mantener la trazabilidad y respetando la intencionalidad de los coleccionistas.
Es importante y, a la vez, interesante poder contar con el denso catálogo de esta colección de arte sacro, especialmente para quienes sean amantes de ello. Es una especie de guía, fruto de un trabajo en equipo. Los sacerdotes, el gabellí Nadal Bernat y el delegado de Patrimonio del Bisbat de Mallorca, Francesc Vicens, excelentes conocedores de ese arte y de sus aspectos tanto formales como iconográficos, supieron identificar las piezas donadas desde un primer momento, contando con los archiveros municipales Rexach-Massanet; siendo la catalogación de Bernat Oliver y Elvira González, con unas fotografías preciosas de Toni Málaga.

Una colección digna de tener en cuenta, háganse con dicho catálogo. No tiene desperdicio. Hay que dar la enhorabuena a Capdepera y a todos aquellos que coadyuvaron a hacerlo realidad.
