TRADICIÓN
Joana Gomila
El “Carnestoltes” es el nombre que recibe en catalán el Carnaval. Antigua festividad pagana popular que se celebra antes de la Cuaresma cristiana. Es un período de descontrol, disfraces y diversión que culmina la víspera del Miércoles de Ceniza, que es el inicio de un tiempo de ayuno y abstinencia, en el que en las parroquias se dispensa bendición con imposición de ceniza sobre las cabezas de los fieles. Ceniza que proviene de la quema de los ramos bendecidos el Domingo de Ramos, con las palabras del cura: “Recuerda que del polvo vienes y en polvo te vas a convertir”, que, en cierto modo, atenazaba con cierto temor a quienes se acercaban a que se les dispensasen las cenizas.
Una semana antes ya habrá tenido lugar la unción con aceite crismal en las gargantas de las personas que acudan, con motivo de la fiesta de Sant Blai, a recibirla de manos del sacerdote, que también bendice alimentos y caramelos presentados por los devotos. Es el día siguiente de la fiesta de “La Candelaria”, que en algunos lugares ha ido desapareciendo, entre ellos Capdepera, por falta de sacerdotes y por acomodación de los actos religiosos semanales, con la finalidad de que asista mayor número de personas al templo —cada día más vacío (por desgracia, en el decir de los “pater’s” parroquiales)—.
La palabra “Carnestoltes” deriva del latín carnis qualis o carnem levare, que significa “privarse de carne”, una etimología que hace referencia al inicio de la Cuaresma, un período de 40 días de ayuno y sacrificio en la tradición cristiana, durante el cual se prohíbe comer carne.
Históricamente, el Carnaval tiene sus raíces en antiguas fiestas paganas, como las saturnales romanas, donde se permitían excesos y se invertían los roles sociales. Con el advenimiento del catolicismo, estas festividades se adaptaron y trasladaron a la previa de la Cuaresma, sirviendo como una despedida de los placeres carnales antes de la época de mesura y penitencia.
Tradicionalmente, la fiesta comienza el Jueves Lardero (día en que se come “greixonera” dulce y salada, elaborada en casa, butifarra de huevo y coca de “llardons”) y termina el martes previo al día de la Ceniza. En nuestra comunidad las celebraciones no giran en torno a un “Rei Carnestoltes”, como en Cataluña, un muñeco o figura que encarna la locura y el desenfreno, al que aquí se ha sustituido por un “home de bulto”, que es paseado por las calles con las comparsas de máscaras, disfraces y coloridas carrozas, a los sones de la música.
El Carnaval es una época de transgresión antes de la austeridad de la Cuaresma, con un ambiente de alegría y sano desenfreno que en las calles del municipio de Capdepera puede contemplarse en las noches del 13 y 14 de febrero —este año, puesto que es movible la fecha, según el calendario— y, antes, los Colegios del término municipal habrán celebrado las tradicionales “Rúes”, donde maestros, alumnos y padres, todos ellos con disfraces variopintos, desfilan por las principales vías acompañados de “xarangas” musicales y despilfarro de “confetti” y serpentinas. La “Jaia Quaresma” adquiere protagonismo en escuelas y casas particulares.
Este año el “Dijous Gras” o “Lardero” fue el día 12; el martes 17 será el final del Carnaval con el entierro de la Sardina, que se celebra cada año en Cala Rajada por obra y gracia de la Asociación de la Tercera Edad “Sol Naixent”, iniciándose al día siguiente la Cuaresma de expiación y recogimiento, a donde ha sido invitado todo el vecindario creyente a participar en la celebración que marca la cuarentena de ayuno y abstinencia.
A modo de homenaje, quiero recordar lo que me contaba el amigo Cristóbal Carrió “Balín”, hace unos meses fallecido. Decía que en el siglo XVIII el rey Felipe V publicó un edicto que prohibía los bailes carnavalescos, puesto que no veía con buenos ojos que los hombres se vistieran de mujeres y viceversa. Más adelante, Carlos III se vio obligado a autorizar de nuevo esta tradición, la cual el vulgo popular jamás había dejado de practicar. El franquismo volvió a instaurar un período de prohibición de los carnavales, pues la gente aprovechaba para emular figuras de políticos y gente de poder en sus atuendos.
“Carnaval, temps de disfressa,
els tapats s’han destapat.
Ara se’n ve la Quaresma,
bauxa i color s’han acabat.
La ximbomba arraconada,
ja basta el que ha sonat.
L’any que ve altra vegada
la sonarà el disfressat.”





