El debate sobre la seguridad de los pavimentos de caucho llega a Capdepera. El Ayuntamiento estudia alternativas, aunque advierte de que ninguna ofrece una solución sencilla.
Durante años, el caucho se ha convertido en uno de los materiales habituales de los parques infantiles. Es cómodo, amortigua las caídas y permite instalar juegos de diferentes alturas. Sin embargo, lo que parecía una buena solución empieza a generar dudas. El deterioro de estos pavimentos, especialmente cuando están expuestos al sol y al calor, y las investigaciones sobre las sustancias que contienen han abierto un debate que afecta directamente a los espacios donde juegan los más pequeños.
La cuestión surgió recientemente en el pleno del Ayuntamiento de Capdepera, donde se plantearon dudas sobre el estado de estos pavimentos y los problemas que pueden ocasionar cuando el material comienza a desprenderse. Coincidiendo con ello, distintas informaciones publicadas a nivel nacional han puesto el foco en las investigaciones sobre la composición química del caucho utilizado en parques infantiles.
El Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha estudiado la presencia y liberación de determinadas sustancias químicas en materiales de caucho utilizados en parques y superficies deportivas. Estas investigaciones plantean interrogantes sobre su degradación y la posible exposición de los usuarios, especialmente de los niños, aunque no permiten afirmar que todos los pavimentos de caucho sean perjudiciales para la salud.
La polémica ha cobrado fuerza este mes de octubre después de que Ecologistas en Acción reclamara revisar y sustituir progresivamente determinados pavimentos de caucho reciclado. Por su parte, representantes del sector defienden la seguridad de los productos que cumplen las exigencias legales.
Ante este escenario, la pregunta es inevitable: si el caucho empieza a cuestionarse, ¿qué material debería utilizarse en los parques infantiles?
Para conocer cómo se está abordando esta situación en Capdepera, Faxdepera ha hablado con el regidor Manuel Filgueiras, quien reconoce que la cuestión ya está sobre la mesa del Ayuntamiento.
«En la última reunión con Acciona, la empresa que tenemos contratada para el mantenimiento de los parques, ya nos advirtieron de que el tema del caucho se está complicando y de que se están buscando alternativas», explica.
El regidor admite que el problema no es tan sencillo como retirar un material y sustituirlo por otro. Cada opción presenta ventajas, pero también inconvenientes que deben tenerse en cuenta antes de tomar una decisión.
Una de las alternativas que se están utilizando en otros municipios es la arena. Sin embargo, Filgueiras no la considera especialmente adecuada para Capdepera.
«Yo no soy partidario de la arena. Tenemos muchas colonias de gatos y al final un parque de arena puede convertirse para ellos en un arenero de grandes dimensiones», señala. A ello añade la posibilidad de que también accedan perros y la necesidad de mantener una limpieza constante. «Con el incivismo que hay, puedes encontrarte con excrementos de animales y necesitar a una persona continuamente rastrillando y limpiando para que el parque esté en condiciones».
Reconoce que en algunas zonas de Europa se utiliza habitualmente este material, pero considera que las condiciones de mantenimiento y el comportamiento de los usuarios pueden ser diferentes. «Hay lugares donde funciona, pero aquí tenemos que pensar en nuestra realidad», apunta.
Otra posibilidad sería recuperar superficies naturales, como el césped o la grama. Una solución aparentemente sencilla y agradable, pero que también tiene limitaciones importantes.
«Si pones césped natural o grama, ya te condiciona los juegos que puedes instalar. Hay que respetar unas distancias y unas condiciones de seguridad por las caídas. No puedes poner determinados juegos de cierta altura si el pavimento no tiene la capacidad de amortiguación necesaria», explica.
En otras palabras, cambiar el suelo podría obligar también a replantear algunos equipamientos infantiles. La seguridad ante las caídas sigue siendo una exigencia fundamental, independientemente de las dudas que puedan existir sobre los materiales.
El corcho es otra de las alternativas que se están estudiando. Su origen natural puede hacerlo atractivo, aunque Filgueiras recuerda que determinados pavimentos fabricados con este material también utilizan resinas para mantener unidas sus partículas.
«Se está poniendo corcho en algunos sitios, pero el corcho también puede llevar resinas. Entonces tenemos que estudiar qué estamos colocando, porque podríamos encontrarnos con dudas parecidas a las que ahora tenemos con el caucho», señala.
También menciona la corteza vegetal, utilizada en determinados parques y espacios naturales. En este caso, sus reservas se centran en el comportamiento del material cuando se deteriora o se desprende.
«Imagínate que estamos hablando de que el caucho, cuando se rompe y se levanta, puede hacer daño a los niños. Pues también tenemos que pensar qué ocurre si utilizamos corteza. Hay que valorar muy bien cómo funciona y qué problemas puede generar», comenta.
La lista de posibilidades no termina ahí. Filgueiras apunta también a los pavimentos continuos acolchados, similares a determinadas superficies utilizadas en instalaciones deportivas, aunque reconoce que habrá que comprobar su composición y sus prestaciones antes de considerarlos una solución.
El regidor explica que recientemente asistió a una feria en Madrid, donde pudo comprobar que la incertidumbre no afecta únicamente a Capdepera.
«Estuve en una feria hace poco y la sensación es que todo el mundo está buscando alternativas, pero todavía no hay una solución clara. Es un tema que está bastante verde», reconoce.
Y es precisamente ahí donde aparece el gran dilema: encontrar un pavimento que sea seguro para los niños cuando se caen, que no presente problemas de composición o degradación, que pueda mantenerse en buenas condiciones higiénicas y que resulte viable para los ayuntamientos.
En este contexto también se ha hablado de la normativa europea y de posibles fechas para eliminar estos materiales. Sin embargo, conviene precisar que la restricción europea que entrará en vigor en octubre de 2031 afecta al granulado utilizado como relleno en superficies deportivas sintéticas y no establece una obligación general de retirar todos los pavimentos continuos de caucho de los parques infantiles.
Pese a ello, Filgueiras considera que, a medio o largo plazo, el municipio tendrá que replantearse la utilización del caucho.
«Yo creo que el caucho, a medio-largo plazo, se tendrá que ir eliminando. Pero tampoco se trata de levantar ahora todos los parques. Cuando un pavimento llegue al final de su vida útil y haya que hacer una reposición, tendremos que estudiar qué alternativa es la más adecuada, sea corcho u otro material», explica.
Por el momento, el Ayuntamiento no ha decidido qué pavimento utilizará en futuras renovaciones ni ha establecido un calendario para sustituir los actuales. Según el regidor, se trata de seguir estudiando las posibilidades y observar cómo evoluciona una cuestión que también preocupa a otros municipios.
El debate surgido en el pleno de Capdepera ha puesto sobre la mesa un problema que probablemente irá adquiriendo importancia en los próximos años. Los parques infantiles deben proteger a los niños de los golpes y las caídas, pero también ofrecer garantías sobre los materiales con los que están en contacto.
Y mientras los investigadores estudian los posibles riesgos y los fabricantes buscan nuevas soluciones, los ayuntamientos se enfrentan a una decisión que, como reconoce Manuel Filgueiras, está lejos de ser sencilla.
Porque cambiar el caucho puede parecer fácil. Lo complicado es encontrar algo que realmente sea mejor.







