TIEMPOS PRETÉRITOS
Carlos Pellegrini y Ferrán Ramón son dos “cazadores” de imágenes del pasado más lejano —también cercano, en ocasiones— del municipio de Capdepera. Se suele decir que quien alaba mejor no es el que habita en el lugar, sino el foráneo. Ahí tienen el ejemplo. Claro que en 1900 ninguno de los dos fotógrafos andaba por estos pastizales, si bien —a decir verdad— sí que deambulaban entre los esquejes de archivos dejados por antecesores en el arte de manejar la “màquina de retratar”.
Nos ha resultado un tanto difícil poder hacer una aproximación al estado que muestra el término municipal de aquellos pretéritos años. Ni siquiera los más ancianos del pueblo, a quienes hemos consultado, parecían recordar. Alguna de las fotos, sí.
En 1900, desde Sa Torre Cega —reza el pie de foto—, donde hoy (no entonces) está enclavado el Palacio March, cuya torre mucha gente la ha denominado con aquel nombre, contemplaba el autor la paradisíaca zona de Capdepera (el Castell asoma en su parte derecha, diminuto) y allí, un año más tarde, permanece el vasto pinar que actualmente ocupa dicho palacio, sin más huella que la primigenia Cala Rajada, donde un gran casal que perteneció a la familia del varias veces presidente del Gobierno de España, don Antonio Maura (el cual goza de una calle a su nombre, allí mismo), emerge sobre el resto de casas, casetones y almacenes de pesca.
Y es que —volviendo a Casa March— no podemos olvidar la imagen que adjuntamos correspondiente a los años 50 del pasado siglo, donde una alta columna certifica la existencia de un depósito de agua que se llenaba con el manantial de agua potable que surgía del subsuelo de aquellos fértiles campos de labor. Estaba, el conocido como “Hort de Ca’n March”, situado justo a la entrada de Cala Rajada, en la parte izquierda, donde arranca ahora la Via Mallorca. Pues bien, este huerto surtía de productos del campo para su consumo a la familia prócer de doña Leonor Servera Melis —la eximia señora cuenta con la más larga vía del municipio a su nombre, como muestra del cariño y agradecimiento de los vecinos hacia ella, pues discurre desde dicha entrada al pueblo hasta entroncar con otra calle dedicada a su esposo, el financiero don Juan March Ordinas.
Desde S’Hort de Ca’n March discurría, a través de una canalización subterránea de longitud parecida a la calle en cuestión, el agua potable destinada al Palacio. Por aquellos años, se trató de una obra de envergadura, superada en 1969 por las obras de alcantarillado y saneamiento de la entidad de población turística, aniquilándose, a la vez, la tubería y la torre-depósito de S’Hort. El progreso, la construcción desmedida de los años 60, borró la fisonomía de aquel enclave que también algunos llamaban de Ca’n Lareu.
Un claro ejemplo de estos cambios lo tenemos en la zona de Cala Gat (lado mismo del Palacio March), que fue paradigma de la conservación de la naturaleza y que, todavía, puede presumir de ello.
Ferrán y Pellegrini continúan buceando entre su océano fotográfico. Está también Willy Marek —germano-mallorquín—, que no para en sus incursiones que nos regala constantemente en Facebook. Existe, desde 1909, otro fotógrafo: Hans Paresent, que retrataba Capdepera con el Castell y la montaña y el molino de Gerardo Thumler dominan el pueblo. No sabemos si, por la calidad de la fotografía o por el lugar donde ésta fue captada, la calle Colegio queda escondida. No así la calle del Puerto y su continuación hacia el cementerio, donde se divide, enfrente de “Ca’n Pau”, hacia abajo, y que parece coincidir con una confusa mancha blancuzca, la cual podría ser el final de “Col.legi” mencionado, por donde —con el nombre de “revolt d’en Jeroni Climent”— se une y continúa hasta finalizar al lado de una era de batir el trigo recolectado que señala el pequeño círculo blanco de la derecha.
Hemos de reconocer que no es lo suficientemente nítida la imagen referida anteriormente, tampoco la siguiente, donde topamos con la misma era de la precedente: la de Pere Valero, tocando “Na Creda d’Abaix del Puig Seguer”, donde se subdivide la carretera con la que conduce a Sa Pedruscada. Y, a la izquierda, el camino de la “Costa de Na Ferrera”, que llega a S’Horta y a Na Roca, por otra parte. De aquí, los más avezados en detectar y estudiar las fotografías conocerán “els Aguilons”, detrás del “Molí de Ca’n Prebe” y “Na Cabrona”. A continuación, “Ses Cloves”, “Ca’n Ruis”, “Es Putxet”, “Ca’n Matevet de d’alt”, “Ca’n Saletes” i “Ca’l Rei”, hasta la playa de Son Moll.
Tenían que pasar “anys i panys” hasta poderse abrir la carretera de circunvalación y, cerca de allí, construir la depuradora. O sea, que el camino de “Na Cabrona” transcurría hacia “Es Vinyet” y conducía directamente a Cala Rajada. Se le conocía por “Camí Vell del Far” (¿quién desterró este histórico nombre de la lápida que hubo pegada al IES Capdepera, donde se iniciaba el Camí descrito?). Durante muchos años la via d’Elionor Servera, antes de este nombre, se denominaba “Carrer d’es Far”.
Y, al fondo de la imagen, Cala Rajada. Más allá, la marina ya difusa, con la torre de señales, Cala Gat, els Pelats, Cala Lliteres… Y añaden sus autores: “Para nosotros ha sido ‘una passada’, ya que, entonces, en aquella época, no habitábamos esta Tierra. Por ello, si alguno de nuestros asiduos lectores desea añadir o corregir algo de todo lo que, hasta aquí, se ha detallado en forma de foto, estamos abiertos y, por avanzado, agradecidos”.





