En Cala Rajada la temporada de la llampuga se vive con intensidad. Los hombres y mujeres de la Confraria de Pescadors trabajan a diario en un ritmo marcado por el mar y sus caprichos, conscientes de que este pez es uno de los grandes protagonistas del otoño y, sobre todo, de la Mostra de la Llampuga, que se celebrará la próxima semana con más de veinte participantes entre restaurantes, bares y hoteles.
Tomeu Garau, presidente de la Confraria, lo explica con la naturalidad de quien conoce cada palmo de la costa y cada secreto del oficio. “Hay días que haces el cupo y otros que no llegas, pero entonces un compañero lo coge. Así es como funciona: días que salen bien, con capturas abundantes, sobre todo al principio de semana, y otros que flojean un poco más. Pero en general la temporada va muy bien, con llampugas de buen tamaño”.
Prácticamente todos los establecimientos que participarán en la Fira ya tienen su suministro garantizado. Apenas queda alguna pequeña parte por entregar, mientras los demás ultiman sus recetas. La organización es clara: cada participante recibe unos 80 kilos, la cantidad que permite elaborar los platos y tapas que después disfrutarán miles de visitantes. “Se reparten igual que siempre, alrededor de 80 kilos por establecimiento. Ni más ni menos, lo que la gente gasta”, confirma Garau.
El otoño ha entrado con normalidad en la mar. El patrón describe el día a día con un toque de orgullo: “Al principio es más fácil hacer el cupo, pero conforme avanzan las semanas, la llampuga va cambiando su comportamiento, se hunde al fondo y es más difícil cogerla. Pero ahí estamos nosotros, que somos los mejores pescadores de llampuga de la isla”, asegura con una sonrisa que resume tanto la experiencia como la pasión de la gente de mar.
Las capturas se mueven entre los 80 y los 150 kilos por jornada, dependiendo de las condiciones y de la suerte de cada embarcación. “Hay días que un barco llega al cupo de 150 kilos y otro se queda en 80 o 100. Así es el juego. Pero la realidad es que este año va muy bien y el precio también ayuda”, explica el presidente de la Confraria.
Al margen de la pesca, los pescadores también piensan en el futuro inmediato de su puerto y sus instalaciones. Las obras en la zona de amarre de las golondrinas y el paseo marítimo arrancarán en cuanto termine la temporada. “Por parte de los pescadores también tenemos reformas pendientes en nuestras instalaciones, pero estamos atascados con el papeleo. Piden demasiados documentos, incluso para cosas pequeñas. Si podemos empezar en noviembre o diciembre, en dos meses habremos terminado. Las obras que ha de realizar Ports, supongo, se alargará hasta enero o febrero”.
La llampuga, el puerto y la Mostra. Tres piezas de un mismo engranaje que, cada año, ponen a Cala Rajada en el mapa gastronómico y marinero de Mallorca. Y detrás de todo, la certeza de que en estas aguas faenan los que se saben mejores en lo suyo: los pescadores de llampuga.
