Pep Moll/Maria Juan
Tres profesionales como la copa de un pino: Biel, Toti y Pere quisieron dejar en alto la conmemoración del primer cuarto de siglo del hoy Teatre de Capdepera. Pasaron, sutil y brevemente, sobre la historia del Arte de Talía en esta localidad. Desde Ca’n Bibí, con los Alcaine y la generación de artistas “gabellins” que allí surgieron (como nos contaba un anciano actor), el salón del Recreo o cine Oriental (que algunos recordaban de cuando su niñez), hasta desembocar en 2001, un año que paralizó la circulación de vehículos en el carrer Col·legi por mor de las obras del nuevo diseño del antiguo Teatre Principal, que había pasado a ser propiedad municipal, después de décadas de proyectar cine y con dos o tres representaciones anuales con compañía de teatro aficionado local y revistas musicales, de la mano de Joan Nebot “Rai” y Francisca Tous “Cetra”, además de otros directores esporádicos.
De ahí que, obviando el singular detalle de que el nuevo (por así decirlo) Teatre de Capdepera era el primer espacio que contaba en la isla con un patio de butacas retráctil (léase con replegamiento de las hileras de asientos de la parte baja, dejando un amplio salón capaz para bailes o lo que fuere), el cual únicamente se utilizó en dos ocasiones y del que nunca más se supo (una verdadera pena, con lo que había costado su instalación), dato este que, seguramente, de haberlo conocido, hubiera podido dar mejor juego de palabras a los actores, pero…
De las 400 localidades con las que contaba el Principal se pasó entonces —nos informa Colau, veterano y fiel espectador— a las 210 actuales, suficientes, en las insinuaciones de Pere Terrasa, Biel Bisquerra y Toti Fuster, para albergar al público asistente a las funciones de teatro anuales, cuyo elenco de obras fue presentado. La colocación de los espectadores de esta gala sobre el escenario, mientras los comediantes actuaban entre las filas del patio de butacas, fue genial. Una crítica humorístico-mordaz que provocó la hilaridad entre los presentes, que debieron apuntarse el tanto o, lo que es lo mismo, la indirecta.
Y si se trataba de la celebración del 25 aniversario del Teatre de Capdepera, ¿por qué notamos a faltar al exalcalde Pascual o al exregidor de Cultura Gallego, principales responsables de la adquisición del liceo y posterior alumbramiento del renovado espacio?
No hemos podido constatar —por eso no lo citamos, ni falta que hace— el coste final de las obras que supuso la reforma; aunque eso sí: la actual imagen fue calcada sobre la antigua estructura, aunque eliminando embellecedores y artísticas lámparas que daban un aire selecto a la sala, también muchos metros aprovechables para un mayor aforo y los palcos históricos que dieron, en el pasado, realce al Teatro. Esos datos hemos podido averiguarlos en el Arxiu Municipal, gracias a historiadores pretéritos. Por tanto, pensamos que el presupuesto no debió de ser muy cuantioso, lo más lógico.
Y la “Coral S’Alzinar”, tras cinco lustros, volvió a estar allí. Bien, no era la misma Coral, solamente tres o cuatro miembros veteranos, obviamente, con nueva savia bajo la batuta de la señora Gomis. El “catering”, delicioso, y el DJ, espléndido. Hasta la televisión privada estuvo. IB3 no, como acostumbra. El “cap de prensa” sí estaba, ¡claro! ¡Ah! Y las autoridades locales también, no todas. Los parlamentos de la señora alcaldesa y del señor regidor de Cultura, que en ningún momento mentaron a sus colegas homólogos de 2001, fueron extensos y cumplieron con los protocolos. Otras clamorosas ausencias sí fueron comentadas, comidillas propias de la farándula…
Lo dicho, no por inesperada y sencilla, de resultado menor. Cumplió las expectativas de los organizadores. ¡Per molts d’anys!



