Hay clientes que llegan a un hotel, pasan unos días y se marchan. Y hay otros que, después de tantos años regresando al mismo establecimiento, terminan formando parte de su historia. En el Hotel Amorós de Cala Rajada conocen bien esa diferencia.
Esa manera de entender la hostelería también se refleja en la participación del Hotel Amorós en la Mostra de la Llampuga. Para la familia Castillo Paulsen, la celebración es una oportunidad de compartir con vecinos y visitantes una propuesta gastronómica que combina la tradición local con los sabores de otra cultura.
Ana Rosa Castillo, una de las responsables del establecimiento, nos conforma que afrontan esta nueva edición con “entusiasmo” y con una apuesta que ya demostró su aceptación el año pasado: el Taco Mare Nostrum.

Un taco mexicano con alma mallorquina
No siempre hace falta inventar un plato completamente nuevo para sorprender. A veces, cuando una receta funciona, lo inteligente es escuchar a quienes la han probado, conservar su esencia y buscar pequeños detalles que permitan mejorarla.
«Este año hemos cogido el mismo del año pasado con unas pequeñas variaciones para mejorarlo. Como fue un éxito, hemos decidido repetir este mix que combina lo mallorquín y lo mejicano, aprovechando que tenemos un cocinero mexicano», explica Ana Rosa.
Esto ha permitido desarrollar una propuesta que une dos tradiciones gastronómicas tan diferentes, pero que “encuentran un punto de encuentro alrededor del pescado”.
Para que la propuesta llegue al mayor número posible «haremos dos salsas diferentes, una picante y una no picante, y también tendremos tacos sin gluten para que haya opciones para todos los públicos».
La intención es sencilla: que cada visitante pueda disfrutar del plato según sus gustos y necesidades, sin renunciar a la personalidad de una receta que ya se ganó al público en la edición anterior.


Una fiesta que algunos clientes esperan todo el año
Para el Hotel Amorós, la Mostra de la Llampuga no es únicamente una oportunidad de participar en una celebración local. También se ha convertido en una fecha que muchos de sus huéspedes tienen señalada en el calendario.
Ana Rosa explica que el establecimiento registra una ocupación especialmente buena durante este fin de semana, con una presencia destacada de clientes procedentes de Mallorca que aprovechan la fiesta para alojarse en Cala Rajada.
«Creemos que este año va a ir muy bien; tenemos muy buena ocupación de gente de Mallorca para este fin de semana, clientes que reservan de un año para el siguiente».
Ese interés demuestra hasta qué punto la Mostra ha conseguido consolidarse como una cita capaz de atraer visitantes que no quieren perderse la experiencia gastronómica y el ambiente del moll.
Pero Ana Rosa también quiere recordar a quienes hacen posible que cada año la llampuga llegue a las cocinas de los establecimientos participantes.
«Agradecemos mucho el trabajo de los pescadores, que han traído unas llampugas preciosas, grandes e increíbles».
La relación entre los pescadores y los profesionales de la restauración es precisamente uno de los aspectos que dan sentido a la fiesta. Un producto capturado en aguas de Cala Rajada se convierte, gracias al trabajo de las cocinas, en una variedad de platos que permiten descubrir sus posibilidades gastronómicas.
Con los preparativos encaminados, Ana Rosa se muestra convencida de que volverá a ser un gran fin de semana.
«Confiamos en que la feria va a ser un éxito seguro, como siempre, si el tiempo acompaña».
Treinta años de una historia familiar
La trayectoria del Hotel Amorós va mucho más allá de su participación en la Mostra. El año pasado, la familia celebró tres décadas desde que los padres de Ana Rosa adquirieron el establecimiento.
Durante ese tiempo, el hotel ha cambiado considerablemente. Ha pasado de una a tres estrellas, ha incorporado mejoras y ha ido adaptándose a las nuevas necesidades de los clientes. Pero hay algo que no ha cambiado: sigue siendo un proyecto familiar.
«Mis padres compraron el hotel y el año pasado celebramos el 30 aniversario. Desde entonces han trabajado y reformado muchísimo, pasando el hotel de una a tres estrellas».
Actualmente, los padres, las hermanas y la propia Ana Rosa continúan implicados en el funcionamiento del establecimiento. Y junto a ellos trabaja un equipo de profesionales que, en muchos casos, lleva tantos años en la casa que prácticamente forma parte de la familia.
«Seguimos trabajando en familia: mis padres, mis hermanas y yo, junto con un personal que lleva muchísimos años y nos ha visto prácticamente nacer».
Esa continuidad ha permitido construir una forma de trabajar basada en el conocimiento mutuo y en la confianza. No se trata solamente de mantener un hotel abierto, sino de conservar una relación personal con quienes trabajan y se alojan en él.
En un sector en el que cada vez resulta más difícil mantener equipos estables y ofrecer una atención personalizada, el Hotel Amorós ha hecho precisamente de esa cercanía uno de sus principales valores.
Clientes que tienen su habitación preferida
Ana Rosa explica que el carácter familiar del establecimiento influye directamente en el trato que reciben los huéspedes. Muchos llevan tantos años visitándolo que ya no necesitan presentarse cuando llegan.
«Nuestro punto fuerte es precisamente que, al ser un hotel familiar, estamos muy unidos y hay un ambiente muy cercano. Intentamos que el cliente no sea un número, que se sienta como en casa».
Esa filosofía se traduce en pequeños detalles que pueden parecer poco importantes, pero que para un cliente habitual marcan la diferencia. Saber cómo se llama, recordar qué habitación prefiere o conocer sus costumbres permite ofrecer una atención difícil de conseguir cuando la relación se limita a una reserva.
«Cuando llegan ya sabemos cómo se llaman, qué habitaciones quieren y los detalles de cada uno, lo que nos hace bastante competitivos».
La fidelidad de los huéspedes es, de hecho, uno de los aspectos que más satisfacción proporciona a la familia. Algunos clientes regresan tres, cuatro e incluso cinco veces durante una misma temporada.
«Trabajamos muchísimo con clientes repetidores que vienen tres, cuatro o cinco veces en toda la temporada».
Para Ana Rosa, esa confianza es el resultado de muchos años de esfuerzo por mantener el nivel de servicio. Y también explica por qué el hotel consigue funcionar durante una parte tan amplia del calendario, incluso en meses en los que buena parte de los establecimientos turísticos de la zona permanecen cerrados.
Un hotel que apuesta por alargar la temporada
El Hotel Amorós no limita su actividad a los meses centrales del verano. Este año tiene previsto permanecer abierto hasta el 22 de noviembre y reabrir el 15 de enero, con una pausa relativamente breve destinada al descanso del personal y a continuar mejorando las instalaciones.
Ana Rosa explica que la temporada ha sido muy positiva y que están satisfechos con los niveles de ocupación alcanzados. «Hemos tenido muy buena temporada y estamos muy contentos con la ocupación».
La amplia presencia de clientes repetidores facilita mantener la actividad durante meses en los que la demanda turística suele ser menor. Muchos de ellos aprovechan precisamente la posibilidad de alojarse en diferentes momentos del año para regresar a Cala Rajada. «Al estar tanto tiempo abiertos les da pie a venir en diferentes meses, lo que nos ayuda a mantenernos abiertos en invierno con muy buena ocupación».
Mantener el hotel operativo durante tantos meses también requiere planificación. Por eso, el periodo de cierre no se entiende únicamente como unas vacaciones, sino como una oportunidad para revisar el funcionamiento del establecimiento y acometer nuevas mejoras.
«Cerramos para dar descanso al personal, hacer reformas, invertir en sostenibilidad y no quedarnos atrás, dando siempre los mejores servicios».
La inversión constante ha acompañado a la familia desde que adquirió el hotel. Primero para transformarlo y elevar su categoría, y después para mantenerlo actualizado sin perder el carácter cercano que lo distingue.

La Llampuga como punto de encuentro
Este fin de semana, el Hotel Amorós volverá a trasladar una parte de su cocina al moll de Cala Rajada. Lo hará con una receta que representa bastante bien su manera de trabajar: conservar aquello que funciona, introducir mejoras y buscar que cada persona encuentre una propuesta a su gusto.
El Taco Mare Nostrum regresará con pequeñas variaciones, dos opciones de salsa y una alternativa sin gluten. Una combinación de tradición mallorquina y cocina mexicana que tiene como protagonista la llampuga capturada por los pescadores locales.
Pero detrás del plato también hay una historia de treinta años de trabajo familiar, de reformas, de clientes que vuelven una y otra vez y, sobre todo, de un equipo humano que ha crecido junto al Hotel Amorós. Un personal al que la familia Castillo Paulsen quiere agradecer especialmente su dedicación, su profesionalidad y el buen trabajo en equipo que hace posible que, después de tres décadas, el establecimiento siga conservando ese ambiente cercano y familiar que tanto lo caracteriza.

