La Confraria de Pescadors, el alma de la Mostra de la Llampuga

Los pescadores de Cala Rajada afrontan su gran fiesta con una buena campaña de capturas y precios, aunque preocupados por el encarecimiento del gasoil. Su patrón mayor, Miquel Àngel Mercant, reivindica una mayor presencia del pescado local en los restaurantes y hoteles y explica por qué la Mostra es mucho más que una celebración gastronómica para quienes viven de la mar.

Cuando este fin de semana el moll de Cala Rajada se llene de gente y empiecen a servirse los primeros platos de llampuga, habrá quienes contemplen la fiesta con una satisfacción especial. Son los pescadores, protagonistas de una celebración que nació también de su iniciativa y que, más de dos décadas después, continúa siendo una de las mejores oportunidades para acercar su oficio al pueblo.

La Confraria de Pescadors no solo proporciona el producto que da sentido a la Mostra. También participa directamente en su organización, prepara algunas de sus elaboraciones más populares y mantiene viva una tradición que forma parte de la identidad de Cala Rajada.

A pocas horas del inicio del Cap de Setmana del Peix Fresc, hemos vuelto a conversar con su patrón mayor, Miquel Àngel Mercant, después de la entrevista que publicamos hace unas semanas sobre la situación del sector. Esta vez hablamos de la fiesta, pero también de lo que sucede antes y después de ella: las capturas, los costes de salir a faenar y las posibilidades de que el pescado local tenga más presencia en la gastronomía del municipio.

Los preparativos están prácticamente terminados. Los hoteles y restaurantes ya disponen de las cantidades de llampuga necesarias y la Confraria ultima su participación.

«Está todo preparado. Los restaurantes y hoteles ya tienen servidas sus cantidades de llampuga y esperemos que el tiempo acompañe».

Buenas capturas, pero un gasoil que complica las cuentas

La campaña de la llampuga está ofreciendo resultados satisfactorios. Los pescadores consiguen alcanzar los cupos diarios de 150 kilos y los precios de subasta se mantienen en niveles que permiten una buena remuneración.

«Se está consolidando bastante la pesca de la llampuga, con unos precios estables y con unas cantidades que son asequibles, y se ve que el recurso está en buen estado», explica Mercant, quien considera que la evolución de los últimos años confirma una tendencia positiva.

Pero una cosa es el precio que alcanza el pescado y otra lo que cuesta capturarlo. El fuerte incremento del gasoil se ha convertido en una preocupación importante para el sector.

Según explica el patrón mayor, el combustible de las embarcaciones ha pasado de los 0,64 euros por litro que se pagaban en febrero a alcanzar los 1,42 euros en determinadas jornadas. Una subida superior al cien por cien que repercute directamente en la rentabilidad de cada salida.

«En los vehículos ha subido, pero el incremento porcentual en las embarcaciones ha sido mucho mayor».

Los pescadores han respondido con una fórmula que Mercant considera ejemplar: organizarse por parejas y utilizar una sola embarcación cuando las condiciones de pesca lo permiten, reduciendo así el consumo de combustible.

«Los pescadores llevan ya años haciéndolo y consiguen agruparse en grupos de dos para gestionar esa pesca y poder intentar realizar las capturas con una embarcación y así reducir a la mitad el consumo de gasoil».

No es una solución improvisada, sino una manera de trabajar que demuestra la capacidad del sector para adaptarse a las dificultades.

«Lo están autogestionando ellos y creo que es algo ejemplar y que habla muy bien de ellos».

Que el pescado del pueblo se consuma en el pueblo

La Mostra consigue durante un fin de semana algo que Mercant considera que debería suceder con mucha más frecuencia: que el pescado capturado en Cala Rajada llegue directamente a los establecimientos del municipio.

Porque, pese a disponer de un importante puerto pesquero y una amplia oferta hotelera y de restauración, buena parte de las capturas se comercializa a través de Palma y no regresa a las mesas locales.

«Este tema es un tema que llevamos tiempo hablándolo, y ya no solo la llampuga. Son otros productos pesqueros que se producen en este puerto y, por desgracia, se van directamente a Palma y de allí no vuelven».

El patrón mayor cree que existe una oportunidad desaprovechada. Si hoteles y restaurantes incorporaran de manera habitual pescado de Cala Rajada a sus cartas, se reforzaría la actividad pesquera y el municipio podría aprovechar mejor uno de sus productos más propios.

«Tenemos una infraestructura de restaurantes y hoteles enorme en nuestro pueblo, que seguramente, si todos se abastecieran de pescado de Cala Rajada, ningún pescado iría a Palma, porque el volumen de capturas no es ni cercano a la capacidad de venta de estos hoteles y restaurantes».

Mercant plantea incluso estudiar fórmulas que favorezcan la presencia de producto local en una parte de la oferta gastronómica.

«Si consiguiéramos potenciar, ya no sé si obligando, al menos una parte de las cartas de los restaurantes a tener producto local, creemos que para todos nos iría mucho mejor».

Su razonamiento también tiene una vertiente económica: comercializar más pescado dentro del municipio permitiría enviar menos cantidad a Palma y, según su planteamiento, reducir la oferta en aquella subasta, lo que podría favorecer los precios que perciben los pescadores.

Pero el objetivo va más allá de las cifras. Se trata de conectar mejor dos actividades que forman parte de Cala Rajada y que podrían beneficiarse mutuamente.

«Aquí todo el mundo podría ganar y el principal ganador sería el pueblo».

La Mostra demuestra que esa colaboración es posible. El reto es conseguir que no se limite a tres días al año.

De ayudar con las paellas a dirigir la Confraria

Esta será la primera Mostra de Miquel Àngel Mercant como patrón mayor, aunque su relación con la fiesta comenzó mucho antes de asumir responsabilidades en la entidad.

Tiene 32 años y recuerda cuando, siendo un niño, acudía con sus amigos a ayudar en la preparación de las paellas. Su padre y otros familiares también han estado vinculados a una celebración que ha acompañado buena parte de su vida.

«Creo que todavía me acuerdo de tener, no sé, diez años, con mis amigos y ayudando con las paellas».

Por eso, aunque ahora le corresponde coordinar la participación de la Confraria, vive los preparativos con la familiaridad de quien ha crecido alrededor de esta fiesta.

La entidad mantiene su aportación tradicional. El sábado elaborará la gran paella marinera a fuego de leña y el domingo instalará dos puestos en los que ofrecerá fideos y arroz. También se ha ocupado de preparar diferentes aspectos relacionados con la llampuga y el postre del sábado.

«Si todo va bien, va a ser un fin de semana redondo. Se han preparado diversas cosas desde la Confraria, tanto la llampuga como el postre para el mismo sábado. Entonces lo esperamos con ilusión y con ganas de que la gente pueda asistir y disfrutar».

Mercant anima especialmente a quienes todavía no conocen la fiesta a acercarse durante el sábado y el domingo. La Nit de Tapes del viernes completa la programación, pero considera que las dos jornadas siguientes permiten descubrir mejor su esencia marinera.

Uno de los momentos que más le entusiasman es la preparación de la paella popular para unas 500 personas. Y eso que lleva viéndola prácticamente desde niño.

«El sábado es espectacular ver cocinar una paella para 500 y que sea posiblemente de las mejores paellas que se puedan comer. Sigo sorprendido por ello».

El domingo, la protagonista será la creatividad de los cocineros. La llampuga se convertirá en el ingrediente principal de elaboraciones muy diferentes, algunas difíciles de imaginar para quienes están acostumbrados a prepararla de manera tradicional.

«La experiencia gastronómica del domingo, de poder probar diversas variedades de platos de llampuga, de los cuales nadie se plantearía cocinarla de esa manera, salvo algunos chefs que tienen estas ideas geniales y al final salen con productos muy sorprendentes».

Para quienes llegan de fuera, añade, es también una oportunidad de conocer Cala Rajada y descubrir una parte de su identidad.

El día en que los pescadores se sienten más cerca del pueblo

Cuando se le pregunta qué representa realmente la Mostra para los pescadores, Mercant deja a un lado las cuestiones gastronómicas y económicas.

Su respuesta habla de reconocimiento, de pertenencia y de la satisfacción de comprobar que el pueblo participa en una celebración nacida alrededor de su oficio.

«Es un evento que nació también por iniciativa de los pescadores y es nuestro fin de semana. Ese es el día en que el pueblo de verdad ve a los pescadores y les pone cara y además valora su participación en el pueblo».

Durante buena parte del año, el trabajo de los profesionales de la mar transcurre lejos de la mirada de los vecinos. La Mostra permite acercar esa realidad a quienes quizá conocen el pescado, pero no tanto a las personas que lo capturan.

Y ahí aparece la reflexión que mejor explica el significado de esta fiesta para la Confraria:

«Esta feria, aparte de ser un evento para el pueblo, para el pescador o para nosotros, para la Confraria, es el día del año que más nos sentimos parte del pueblo, porque ves que el pueblo participa en algo que es tu día a día».

Mercant desea que ese vínculo continúe fortaleciéndose. Por eso no descarta que en el futuro se puedan organizar celebraciones dedicadas a otras especies pesqueras o modernizar la propia Mostra para ampliar la participación de los pescadores y de la ciudadanía.

«Esperamos que dure muchos años más y, por qué no, poder llevarlo a cabo con otras especies, o realizar otra feria, o esta misma modernizarla y poder participar más en los eventos del pueblo y que el pueblo también participe más con nosotros».

Es una aspiración que enlaza con su propuesta de llevar más pescado local a los restaurantes y hoteles. En ambos casos, lo que pide es que la relación entre Cala Rajada y sus pescadores vaya más allá de un fin de semana.

Este sábado y domingo, el moll volverá a llenarse de gente, de paellas, de recetas de llampuga y de ambiente festivo. Pero detrás de cada plato habrá también una historia de trabajo, de familias vinculadas a la mar y de profesionales que quieren seguir formando parte activa de su pueblo.

Porque la Mostra de la Llampuga es una gran fiesta gastronómica, sí, pero su alma sigue estando en la Confraria de Pescadors.

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