La estampa, coloreada —en un tiempo en que no existía el color, por tanto, el original es en blanco y negro—, donde dos jóvenes maestras, Catalina Melis e Isabel Amengual, posan ante un fotógrafo llegado desde Maria de la Salut en 1952, con setenta alumnas —la mayoría— y alumnos (en menor número) que acudían, a diario, a las dos aulas existentes en la parte baja del edificio de la antigua Casa Consistorial, sede del Ayuntamiento de Capdepera, es testimonio gráfico de que hace 75 años justos que allí hubo la primera escuela, que podríamos denominar laica (la religiosa se encontraba en la calle Raimundo Lulio —Ramón Llull, ahora—, de las monjas de San Francisco de Asís), escuela (la que fotografiamos) que denominaban «del Sitjar», por estar ubicada en aquella plaza y que, este mismo año, cumpliría la efeméride de sus quince lustros de existencia, de no haber mediado la unificación de todos los colegios «gabellins» (incluidos los dos de Cala Rajada y la pequeña escuela de Sa Torre) en un solo complejo escolar como es S’Alzinar.
Nos llega, como por arte de ensalmo, remitida por algunos exalumnos nostálgicos, otra imagen: la de una orla donde podemos ver a treinta estudiantes, del género masculino, en 1956 —hace 70 años—, pertenecientes a una de las aulas de la Escuela Nacional Unitaria (solamente para niños) de la plaza de l’Orient (hoy, apartamentos turísticos con este nombre). Un edificio que contaba con tres dependencias: la de «los mayores», con don Miguel Moll Coll, maestro que más adelante sería el primer director de S’Alzinar; la de los iniciáticos de enseñanza primaria, con don Juan Alzina Socías y, a su jubilación, don Juan Llull Estades, y la destinada a los estudiantes de bachillerato, que más tarde se desplazaron a una Academia situada en la calle Frai Jesús Eduardo Massanet (hoy, Pla d’en Coset), donde, además, se impartían clases de diferentes disciplinas: comercio, idiomas, bachiller elemental y superior, además de repaso, con un grupo de profesores al efecto.
Y es que Capdepera, entonces, en los años 50 del pasado siglo —como muestra la fotografía cedida por Salvi Ortega—, era así de diminuta, familiar y acogedora. ¡¡Qué tiempos aquellos!!, exclaman Juan Calafat, Juan Sancho, Javier Sánchez y Llorenç Ladària, que nos han hecho llegar, por varios conductos, estas fotografías.
Debemos dejar constancia de que, últimamente, se están vertiendo a través de las «xarxes» fotografías de toda índole que alguien se dedica a colorear. ¡Magnífica y bella decisión! Nosotros podemos constatar, debido a las prospecciones que hemos venido realizando, que existe un señor —nos dicen que se trata de un fiel seguidor de nuestra revista— que tiene un sistema muy peculiar para resucitar y dar una mayor vitalidad a muchas imágenes que, en blanco y negro, aparecen en Facebook, Instagram, etc. Juan Sancho nos indica que se trata de don Salvador Moll Vaquer, suficientemente conocido como destacado vecino residente en nuestra villa. ¡Enhorabuena!


